Si bien en Europa los pregrados promedian tres años, en Chile cualquier intento por reducir la duración de las carreras universitarias enfrenta trabas estructurales, desde brechas de formación en los estudiantes a raíz de la base escolar, hasta exigencias legales para ejercer en cargos públicos. The Clinic analizó con diversos actores del mundo de la educación -incluyendo rectores, exministros y la actual subsecretaria- el nuevo debate sobre cuánto deben durar las carreras.
Por Victoria García y Marianne Mathieu
2 de Mayo de 2026
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En Chile las carreras de la educación superior, sobre todo las universitarias, suelen durar cinco años (o diez semestres); aunque en algunos casos, como el de Medicina, llegan hasta los siete años.
No es así en otros países de Europa, por ejemplo. El informe “Duración de carreras de pre y posgrado. Algunos países europeos y Chile” de la Biblioteca del Congreso Nacional, señala que en ese continente el pregrado, en su mayoría, dura tres años.
La duración de las carreras, eso sí, no es algo normado -salvo en las técnicas- sino que es resultado de acuerdos y características de las propias instituciones, por lo que ahora en el debate público se ha instalado que se deben (y pueden) acortar ciertos programas.
El problema, del cual son conscientes en el sector educativo, es que el debate choca con un sistema diseñado estructuralmente para carreras largas que dificulta cualquier intento -al menos en el corto plazo- por acortarlas.
Por qué en Chile se percibe que las carreras universitarias son más largas que en otros países
De los primeros en cuestionar la extensión de las carreras en Chile fue el entonces subsecretario de Educación Superior, Juan Eduardo Vargas, quien hoy en día es rector de la Universidad Finis Terrae.
Si bien Vargas hizo estudios sobre el tema, al igual que se discutió durante el gobierno de Gabriel Boric por las autoridades de ese entonces, la verdad es que un cambio no sería fácil ni mucho menos rápido, aseguran quienes manejan del tema.
De hecho, actualmente el rector comenta que se debe tratar con cautela el tema: “Quizás se ha instalado como lugar común la afirmación de que las carreras en Chile son largas o extremadamente largas en comparación con otras partes del mundo”, lo cual, asegura, no necesariamente es así.
“Hay que saber comparar peras con peras y no peras con manzanas. Y por qué digo esto, porque en otras partes del mundo para que tú puedas ejercer la profesión tienes que no solamente cursar una carrera, sino también eventualmente hacer un examen de habilitación frente a un colegio profesional o incluso hacer algún magíster. En Chile todas las carreras son habilitantes, es decir, tú terminas la universidad y estás autorizado casi por acto de magia para ejercer tu profesión”, explica Vargas.
Lo mismo recuerda el presidente del Consorcio de Universidades del Estado de Chile (CUECh) y rector de la U. de Valpo, Osvaldo Corrales, quien dice que la comparación con otros países “no siempre es justa porque a veces se toma como referencia a países que durante la etapa formativa sólo entregan el grado de licenciado, mientras que la habilitación para el ejercicio profesional se obtiene posteriormente.”
Sin embargo, Carlos Williamson, rector de la U. San Sebastián, por ejemplo, sí opina que existen “factores menos justificables” sobre por qué las carreras tienen su duración actual.
Dice que se debe a “modelos educativos centrados en la enseñanza más que en el aprendizaje, con currículos altamente cargados en contenidos, estructuras rígidas de prerrequisitos y procesos de titulación extensos o desvinculados del plan de estudios. Estos elementos tienden a generar trayectorias formativas más largas y menos eficientes, sin necesariamente mejorar la calidad de la formación“.
Cómo ha influido la necesidad de “nivelar” a los estudiantes en la duración de las carreras
Pero dentro de los factores que más se repiten entre rectores y expertos en la materia, es que uno de los principales factores -y trabas- que enfrentan para acortar carreras es que la base escolar con la que están ingresando estudiantes a la educación superior suele ser deficiente.
Solange Tenorio, rectora de la UMCE, por ejemplo, menciona precisamente aquello: “En el caso de la UMCE, cerca del 40% de nuestros estudiantes de primer año son primera generación de su familia en la Educación Superior. Por lo que cualquier modificación requiere mecanismos que aseguren calidad y apoyo a las trayectorias educativas en los plazos más acotados”.
En esa línea, Paulina Rincón, vicerrectora de la Universidad de Concepción, dice que si bien la opción de reducir la duración de las carreras es viable para aquellas con duraciones superiores a diez semestres, discrepa que sea posible disminuirlas aún más.
“Las y los jóvenes en Chile, al menos en un gran porcentaje de quienes acceden al sistema universitario, no cuentan con competencias de lecto escritura y cálculo, ni conocimientos en ciertas materias que permitan hacer un aprovechamiento cabal del proceso formativo universitario”, dice Rincón.
Es por ello que el exministro de Educación, Nicolás Cataldo, menciona que es partidario de una reestructuración del sistema, pero que se debe evaluar cada caso para determinar la duración del programa, haciendo hincapié de que en Chile “muchas veces una formación de cinco años, diez semestres, tiene una densidad y una profundidad que es equivalente a la de un posgrado, cuando en realidad solo sales con una licenciatura más el título profesional y no implica un posgrado”.
“Por eso en algunos lugares ya se han tomado decisiones como acortar carreras o incluir la formación de posgrado dentro de la formación de los cinco años. Es el caso de economía en la U. de Chile, por ejemplo, donde los estudiantes salen además con un magíster. O el caso de College en la U. Católica”, dice el exministro.
Así también el rector de la U. Central, Santiago González, plantea que primero se debe lograr “una implementación robusta del Sistema de Créditos Transferibles que refleje la carga real de trabajo del estudiante y una transformación en la arquitectura del sistema, que permita diferenciar con mayor claridad la formación de pregrado de la formación profesional habilitante, avanzando hacia una mayor articulación con el posgrado”.
Modernizar y reformar la educación superior: las soluciones que surgen y las trabas que existen
Si bien hay cierto consenso sobre que se pueden encontrar formas para “economizar” algunas carreras, no hay una solución clara sobre cómo hacerlo. Y precisamente aquello es lo que está estudiando actualmente el Ministerio de Educación.
Comentan que no les agrada el término de estar evaluando cómo acortar las carreras, mas sí realizar una “actualización de la oferta académica”.
“Queremos impulsar la actualización de la oferta académica, pero eso no significa necesariamente acortar carreras. La invitación es a que las instituciones de educación superior miren los aprendizajes que los estudiantes están adquiriendo y se pregunten si acaso estos responden a los desafíos de la sociedad actual”, menciona la subsecretaria de Educación Superior, Fernanda Valdés.
De hecho, en una reunión del Sistema Nacional de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (SINACES) realizada a mediados de abril, ya se reunieron las autoridades de la cartera con la Superintendencia de Educación Superior e incluso el Ministerio de Ciencia, donde se presentó un diagnóstico al respecto.
El reformar la duración de las carreras universitarias y los programas, aseguran desde el ministerio, es de las principales líneas programáticas de la Subsecretaría de Educación Superior, y esperan colaborar con las autoridades de universidades y otras instituciones para avanzar en esa dirección.
De hecho, la subsecretaria comenta que ya tienen una mesa con la Comisión de Vicerrectores Académicos (CoVRA) del Cruch para abordar este tema. “Creemos que los eventuales acuerdos en torno a esto tienen que ser discutidos con todos los actores del sistema”, dice Valdés.
Pero el exministro Cataldo, por ejemplo, si bien coincide con que “en algunos casos, no en todos, acortar carreras es deseable o podría ser deseable”, agrega que es relevante recordar que en Chile hay otro problema: existen impedimentos legales para ciertos cargos.
“Muchos cargos públicos y estatutos establecen que para hacer ciertos cargos o ciertas funciones, se requiere ser profesional con una carrera de 10 semestres de duración. Entonces, establecer el límite de los 10 semestres como un piso mínimo ya inmediatamente dificulta la posibilidad de pensar en el acortamiento de carreras, porque si no la educación superior estaría formando profesionales que luego no podrían ejercer en algunos cargos o no podrían optar a algunos concursos”, menciona el exministro.
Francisco Covarrubias, por ejemplo, rector de la Universidad Adolfo Ibáñez -uno de los primeros planteles en innovar en su oferta programática- plantea que “el debate no debiera centrarse solo en reducir años, sino en repensar el modelo de formación universitaria”.
“En un mundo donde el conocimiento cambia a gran velocidad, intentar cubrir todos los contenidos profesionales en el pregrado no tiene mucho sentido. Muchos de esos contenidos se vuelven rápidamente obsoletos”, dice Covarrubias.
En Chile la mayoría de las carreras universitarias dura cinco años o diez semestres.
FOTO: VICTOR HUENANTE / AGENCIAUNO
El factor económico: ¿Hay un interés de los privados en la duración de los programas?
Si bien no existe evidencia concluyente, hay quienes plantean que acortar las carreras, además, podría estar ligado a un tema económico.
Y es que mientras al Fisco y a los planteles estatales le cuestan más los programas de larga duración, las universidades privadas podrían verse beneficiadas por aquello.
El exrector de la Usach, Juan Manuel Zolezzi, por ejemplo, plantea que “hay instituciones que son muy respetables y hay otras que también tienen interés del punto de vista económico. Obviamente teniendo más tiempo los estudiantes, más plata se reúne”.
“Una ingeniería civil, por ejemplo, debería tener un marco que diga esto es lo mínimo que tiene que tener. Y si están cumplidos los requisitos, podemos aportar cargas sin mayor lugar. En eso yo creo que las universidades del Estado, del CRUCh, deberían dar una nota clara de que se puede. Y va a ser muy difícil para una universidad privada mantener una ingeniería o una medicina uno o dos años más allá de lo que las mismas universidades tradicionales percaten”, plantea Zolezzi.
Eso sí, Cataldo, por ejemplo, si bien plantea que “es una visual sin duda”, es tajante en decir que “lo peor que podemos hacer es mirar este fenómeno a partir de la visión económica del asunto. El análisis tiene que ser hecho en virtud de la necesidad de desarrollo profesional de nuestro país y el tipo de profesionales que queremos tener en las distintas áreas y disciplinas”.
Lo mismo menciona la rectora Tenorio: “Estamos absolutamente disponibles para un diálogo serio sobre la pertinencia de la formación universitaria en nuestro país (…). Lo importante es que esta discusión no solo considere criterios de eficiencia económica, sino que tenga como objetivo asegurar la calidad de los programas y los acompañamientos necesarios para la formación de las y los estudiantes y el cumplimiento de los perfiles de egreso comprometidos”.
“Que partamos corriendo a cortar las carreras para ahorrar plata, me parece de un pragmatismo insólito”
De los rectores consultados, la mayoría comenta que han hecho el trabajo de reevaluar ciertos programas de su oferta académica, acortando su duración de 12 a 11 o 12 semestres, y que es una labor que constantemente los planteles están revisando.
Ese es el caso de las ingenierías civiles de la U. de Valparaíso, por ejemplo, y también el de ingeniería en la UAI que ahora tiene modelos flexibles en su oferta programática también para las otras carreras de la universidad. También en la U. de Concepción se disminuyó la duración de las carreras de ingeniería de doce a diez semestres.
Sin embargo, hay una serie de factores a considerar antes de tomar una decisión “universal” al respecto.
“Se está poniendo a los bueyes detrás de la carreta”, dice el exrector de la Usach, Rodrigo Vidal.
Vidal menciona que la sociedad actual está enfrentando una transformación en sus modos de aprendizaje, con los desafíos que implica el cómo enseñar con las nuevas tecnologías y sistemas para adecuarlos a las nuevas generaciones. “Estamos planteando un medio, una forma, un modo, una solución a un problema que no hemos logrado formular adecuadamente”, reflexiona.
Así también piensa el exrector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi: “Los argumentos para disminuir las carreras son, hasta donde yo sé, prácticamente exclusivamente económicos (…). Chile debe reflexionar sobre su sistema universitario con todos los cambios que ha habido en inteligencia artificial, teleeducación, entre otros. Pero que partamos corriendo a cortar las carreras para ahorrar plata, me parece de un pragmatismo insólito”.
“En muchos países los estudiantes se concentran solamente en algunas disciplinas. Por ejemplo, un estudiante se puede recibir de médico sin haber hecho un curso de obstetricia o sin haber hecho un curso de pediatría. Y por lo tanto, lo que es esa visión global de la medicina, que es característica de Chile, por ejemplo, se perdería”, comenta Vivaldi.
Fuente: The Clinic