Los recuerdos del viejo Jack, de Wendell Berry (Chai Editora)
Antes del amanecer, Jack Beechum sale al porche del hotel de Port William. Apoyado en su bastón, contempla la mañana fresca de septiembre de 1952. Pero el viejo Jack no está realmente ahí o al menos no del todo: “Está a seis kilómetros y a sesenta y cuatro años de ese lugar, en otra época, cuando aún había música en su interior, cuando aún era liviano”. Cuando la luz del sol abrace su cuerpo de 92 años, el viejo Jack irá a caminar por el pueblo, por los lugares que suele visitar, y su recorrido se convertirá en una exploración por los rincones de su memoria y esas laderas donde cabalgó. Nacido poco después de la Guerra Civil, el viejo Jack es el representante de un mundo que se apaga: él vivió dentro de “la tradición del hombre de campo que se vale por sí solo, que le guarda fidelidad al terruño”. Un hombre que creció desde la carencia y la desgracia, de modales ásperos y acaso salvajes, que guarda remordimientos y recuerdos dolorosos: como el fracaso de su matrimonio y la muerte de su único hijo. Una novela conmovedora y crepuscular.
Lobos, de Roberto Brodsky (Random House)
“Ella vino al mundo con los rascacielos de Nueva York desplomados en el aire. Él arrastra un pasado interminable”. Ella se llama Julia y tiene 18 años. Él es su padre y juntos atraviesan la carretera en un auto viejo hacia Lima, una localidad campestre de Ohio. Es un viaje de 500 kilómetros en el que afloran las diferencias, los fantasmas, las pérdidas y los lobos que los acechan: ella carga con el lupus y él con un manuscrito sobre su pasado chileno. No solo hay una brecha generacional entre ambos: también una forma de habitar el mundo. Para el padre el pasado es la única certeza ante un presente que se derrumba. A sus ojos, Julia es una batalla, un grito de rechazo hacia el mundo: “Se había convertido de la noche a la mañana en una joven activista de la responsabilidad moral ante un mundo de adultos a la deriva”, piensa, mientras conduce el que acaso sea su último viaje juntos. Una novela franca, aguda y delicada sobre el amor, las angustias y el dolor de la paternidad.
Yatiri y las perlas de la Pachamama, de Danièle Ball (Mis Raíces)
Yatiri es un niño aymara que vive en un pequeño pueblo del desierto. Una región de arenas y rocas, donde viven llamas y cóndores. En ese paisaje hace mucho el Hada de las Lluvias dejó de visitarlos, pero cada mañana pasa Camanchaca con su estela de gotitas. Sin embargo, un día los papás de Yatiri deciden mudarse en busca de un lugar más acogedor. Entonces Yatiri le ruega a la Luna para que haga crecer alimentos de la tierra. Y ella le sugiere ir en busca de la Pachamama. Así, el joven Yatiri se aventura en la cordillera. Tras mucho caminar atraviesa un desierto de sal habitada por flamencos hasta que alcanza la montaña más alta y encuentra a la Pachamama. Con sabiduría, la diosa de la Tierra le enseña algo que cambiará su vida y también la fisonomía del desierto. Ilustrado por Marcela Donoso, este cuento de seres y fuerzas mágicas de la naturaleza está inspirado en el norte de Chile
Fuente: La Tercera