Patria era la identidad en clave que le puso el KGB (Comité de Seguridad del Estado), aunque la española África de las Heras fue conocida como Ivonne en Ucrania, María Luisa de las Heras en Uruguay y María de la Sierra en México. Reclutada por los servicios secretos soviéticos en 1937, se convirtió en una agente internacional de élite.
Sin embargo, para la escritora Laura Ramos, María Luisa era simplemente la mujer que cuidaba y les daba pasteles a ella y su hermano, además de a otros niños, mientras sus padres realizaban tertulias en sus casas en plena década del sesenta. Años después, en 2019, su hermano Víctor Ramos le contó que la señora, a quien también conocían como la modista, era una espía de uno de los servicios de inteligencia más famosos del mundo.
“Todos los fines de semana, (mis padres y sus amigos) se reunían en alguna casa y hacían una cena y después de la cena se quedaban charlando en el living y María Luisa siempre decía que a ella la política no le interesaba. Y estamos hablando de los años 60, y, además, eran casi todos comunistas relacionados con el Partido Comunista. (Ella) siempre decía que adoraba a los niños y que le gustaba estar con los niños. Entonces se iba a los dormitorios donde estábamos y nos contaba cuentos”, relata Laura Ramos a La Tercera.
“Ahora también yo lo pienso y digo: qué astuta, porque era la manera de hacerse necesaria, porque esto era un grupo de adultos jóvenes. Estarían en la treintena y ella era una mujer que ya estaría en sus 60, porque había nacido en 1909. Y aparte se presentaba como modista de alta costura, que no le podía interesar a este grupo de intelectuales, amiga, modista y mucho mayor. Sin embargo, ella hacía la conexión por medio del riñón de la familia, que eran los niños”, explica la autora del libro Mi niñera de la KGB (Lumen).
Cuando Ramos supo que María Luisa había sido una agente soviética viajó hasta el lugar de nacimiento de la mujer en Ceuta y luego fue hasta Cambridge para ver los archivos del exagente Pavel Sudoplatov, donde se daba cuenta de una serie de homicidios, sabotajes, secuestros y también se hablaba de una española calificada como “nuestra mejor agente”.
“Ahí descubrí que ella, mientras estaba en Montevideo, esos años en que nos cuidaba, había viajado a la Unión Soviética permanentemente. Cuando decía a los amigos que se iba a Europa a viajar, a vacacionar a Europa, en realidad iba a la Unión Soviética, donde era recibida como una heroína de guerra. Al final recibió el título de coronel, de hecho, se había tirado en paracaídas sobre las tropas nazis. O sea, llegaba a una nación enorme donde era una heroína y después volvía a su trabajo humilde de modista”, cuenta Ramos.
La escritora señala que mientras María Luisa vivió en Montevideo no los espiaba, sino que su misión era esperar a los agentes soviéticos que Stalin mandaba a espiar la bomba atómica a Estados Unidos. Los recibía y les entregaba los documentos falsos para que pudieran estar en Estados Unidos. “Ella recorría los senderos del interior de Uruguay para buscar tumbas de niños muertos cuyas edades, si hubieran vivido, coincidieran con las de los agentes soviéticos. Luego pedía los certificados de nacimiento y con estos certificados les confeccionaba nuevos documentos con mecanismos muy sofisticados”, relata.
Uno de los episodios que más impactó a la escritora argentina fue saber que De las Heras había dibujado los planos de la casa de Frida Kahlo para el asesinato de León Trotsky en 1940, debido a que sus padres era admiradores del líder bolchevique, quien había llegado a México exiliado en 1937.
La escritora Laura Ramos
En su libro, Ramos señala que incluso María Luisa habría estado en el auto que esperaba Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, fuera de la casa de la pintora mexicana, que era donde vivía el soviético.
“Lo que más me chocó exactamente fue eso, porque para nosotros, que éramos niños de seis o siete años, era un personaje como si fuera de la familia, era como un personaje heroico que había huido de un malo que era Stalin. Mi papá nos hacía cuentos contándonos cómo Stalin había logrado asesinarlo y nosotros nos emocionábamos. O sea, estamos muy involucrados emocionalmente con todo el destierro y el asesinato de Trotsky en México. Cuando me enteré que la señora que nos cuidaba, había participado en el asesinato de nuestro héroe, fue un dolor terrible y no quería escribir esta biografía porque no simpatizaba con ella. Hasta que empecé a leer y entendí un poco, me di cuenta de que ella no es que tuviera un encono personal con Trotsky, no había ninguna emoción en eso”, concluye.
Fuente: La Tercera