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Jorge González: “La música no es para explicarla”

Periodista reportando noticias

Jorge González y Miguel Conejeros aún recuerdan el momento exacto cuando se conocieron. Fue en 1984 en el departamento de Marcos Vergara, antes de que Los Prisioneros publicaran La voz de los 80 y cuando los Pinochet Boys recién tomaban forma. En ese hogar, el tío melómano de Miguel tenía cientos de discos y fue ahí donde escucharon por primera vez a Tuxedomoon, Kraftwerk, Devo, XTC, Wire, entre muchas otras bandas que luego los inspiraron para comenzar a trabajar con cajas de ritmos y sintetizadores. Jorge proveía a los Pinochet Boys de su amplificador de bajo Roland y Conejeros le facilitaba a González su drum machine Korg. Desde esa máquina surgió la base del ritmo de El baile de los que sobran. La colaboración de la dupla tuvo así su primer golazo.

González y Conejeros no solo se divertían con esas escuchas en casa de Marcos Vergara, sino que valoraban que esos grupos intentaran no parecerse a nada. De eso tomaron inspiración Los Prisioneros y también los Pinochet Boys. “Nosotros siempre fuimos unos modernillos de aquellos”, dice Jorge González desde su hogar en San Miguel. “Era como parecido a lo que pasaba en Detroit, cuando los afroamericanos se prestaban los instrumentos para hacer música”, complementa Conejeros.

Si en los 80 Jorge y Miguel se intercambiaban equipos, en los 90 comenzaron las primeras colaboraciones. Entre el tecno, el ambient y el house, patentaron el concepto de luma & bass. “Yo asistí a un concierto de Miguel en un lugar que se llamaba La Casa Club y el colega tocaba su música y además ponía un disco con los discursos de Salvador Allende con un tocadiscos con un micrófono. Y yo pensaba que el único que entendía lo que estaba pasando era yo”, dice González. “En uno de esos conciertos llegaron los pacos mientras yo tocaba drum & bass y por eso se transformó en luma & bass”, dice Conejeros, entre risas.

En esos circuitos electrónicos, y en una casa arrendada en Federico Froebel en Providencia, deambulaban también nombres insignes como Ricardo Villalobos, DJ Chica Paula, Argenis Brito y Luciano. “Ahí yo me acuerdo que fueron como las primeras colaboraciones, haciendo música juntos. Hay un tema de nosotros que incluí en mi disco El empleado del mes (1997). Se llama Lumazo. El Jorge tenía un sampler Akai que había que saber manejarlo, y aquí el socio se peinaba, por supuesto”, rememora Conejeros, que sostiene que en ese momento facturaron un par de temas con samples de Sandro y de los Bric a Brac. “Siempre nuestra onda fue música electrónica, pero siempre bien chilenero. Sin olvidarse nunca de Los Ángeles Negros”, complementa González.

Jorge González: El otro día Miguel me comentaba que estuvo escuchando a (Enrico) Caruso. Me doy cuenta que Miguel es el único amigo que tengo con el que podemos hablar de Caruso, Raphael u otra música al mismo tiempo.

Miguel Conejeros: Hay una conexión importante entre nosotros. Ambos amamos a Raphael. Hasta el día de hoy me emociona escuchar Ave María.

JG: Yo sé que, además, Miguel fue fan de Kiss cuando chico.

MC: ¡Claro! Fui fan de Kiss y me disfracé de Kiss.

JG: ¿Te disfrazaste de Paul Stanley? Yo también fui Paul Stanley ¿Y por casualidad versionabas I want you?

MC: Obviamente, porque era el único videoclip que veíamos en la tele.

Un cobijo

Sin estas referencias y conexiones, Epistolar —el primer álbum que González y Conejeros facturaron en 2018 bajo los alias de Leonino y F600, respectivamente, no hubiese sido posible. Tampoco podría haber visto la luz Cobijo, la nueva obra de la dupla cuyo lanzamiento está previsto para el sábado 13 de junio en José Manuel Infante 2013, a través del sello Grieta. En ambos casos trabajaron a distancia, compartiendo beats, samples y sonidos que derivaron en una experiencia musical enriquecedora para ambos. De ahí el título del disco. De ahí lo de F600 vs. Leonino.

Cobijo —que será publicado en un vinilo transparente en una edición limitada a 250 copias y que cuenta con una portada elaborada por Jacqueline Fresard—, tiene alusiones que brotaron de manera natural entre González y Conejeros. Sin ir más lejos, The six billion dollar man, en el Lado B, posee un sample del sonido característico de El Hombre Nuclear, serie que ambos seguían. “Hay muchos referentes que hacen muy fácil la comunicación. Nadie le tiene que explicar al otro quién es Sandro”, dice Conejeros. “Es muy rico decir ‘estoy haciendo esto que suena bien, con este amigo de tanto tiempo’”, apunta González.

¿Cómo surge la idea de hacer este nuevo disco?

MC: Hubo un momento en que teníamos un montón de canciones, porque para llegar a poner las seis del álbum fue porque había 12 mínimo, o más. En un momento con Jorge escuchamos todo esto y decidimos que valía la pena compartirlo. Para qué vamos a tener un disco duro ahí guardado. Pero más que nada el tema era compartir la música porque nos identificaba, nos parecía que era un bonito trabajo.

¿A ti, Jorge, te daban ganas de publicarlo?

JG: ¿La verdad? Con haberlo hecho, feliz, que salga, lindo. Pero no me cambia tanto la vida como el hecho de haberlo hecho. El hecho de juntarme con Miguel a escucharlo y decir está bueno: eso vale más para mí que sacarlo. Sacarlo igual es lindo, pero lo otro es más lindo aún, la verdad. Digo, hacerlo. Es difícil explicarlo.

Por el proceso… ¿Verdad?

JG: Sí. El hecho de hacerlo es muy lindo. Mandarle un mail a Miguel y que devuelva un file y pensar ¡qué bueno lo que puso! Eso es lo que me hace el día.

MC: Es como un juego de ir sorprendiéndose. Un pimponeo.

¿Cómo está construido técnicamente el disco?

JG: Yo he trabajado todo en el computador y algunos cacharros.

MC: Diría que no hay roles definidos, como decir yo toco el bajo, tú tocas la guitarra. No funciona así. De repente viene una idea que puede ser incluso una letra o un sample de algo y a partir de ahí vamos construyendo los dos, cada uno desde su mirada, que por lo general esa mirada en algún punto se junta. Casi hay una telepatía que ahí que funciona. Pusimos plugin, hay cosas análogas, hay samples, hay voces y harto pelacable.

¿A qué apunta Cobijo, el nombre del disco?

MC: Porque es el nombre de un tema, pero con Jorge pensamos que, en el fondo, la música siempre ha sido un cobijo, un refugio para nosotros.

JG: Hay gente que no tiene esa posibilidad de cobijo, no tiene la posibilidad de hacer música para sentirse bien. La mayoría no tiene la posibilidad de escaparse a ninguna parte. O si se escapan lo hacen con algún vicio. En ese sentido tenemos suerte.

¿Cómo podrían definir el álbum en términos musicales?

MC: Recuerda esos discos antiguos de electrónica. No creo que el disco funcione como algo para bailar; esta música se presta más como para dejarla correr y lavar los platos, o regar las plantas.

JG: Pienso que lavar los platos y regar el pasto son actividades que te dejarían muy bien frente a una mujer. Y en ese sentido el disco es práctico.

¿Qué referentes utilizaron para Cobijo?

JG: Ahí está lo más bacán que se ve con Miguel: los referentes son prácticamente infinitos en música. O sea, yo le puedo hablar al colega de Gardel, le puedo hablar de Raphael, le puedo hablar de Caruso, de Elvis Presley, de Kiss, y él va a entender, y no todos los músicos que hacen música con sintetizadores entienden eso. (En este disco) por ahí el sonido de las cuerdas de Gardel es importante. También el sonido de la orquesta de Raphael. Los sonidos de la batería de Gang of Four son importantes. Todos los sonidos son importantes.

¿Y cómo se empalma el sonido con los referentes que mencionas?

JG: Yo, francamente, no creo que la música sea para explicarla. Yo creo más bien que la música es para escucharla. ¿No es acaso una idea revolucionaria? Es como intentar explicar un chiste. ¿Cómo vas a explicar un chiste? Queríamos hacer música juntos. La verdad no quisimos decir nada.

Colo Colo y la IA

Hubo un momento, alrededor de 2010, cuando González y Conejeros se encontraron estando fuera de Chile. El exprisionero estaba instalado en Valencia y Miguel en Barcelona. En ese momento Jorge tenía un sello (Nice Cat Records) y Conejeros hizo un remix para un tema. Después, Nice Cat editó el EP de F600 titulado The Voices From Hypothalamus. En esa época González también colaboró con Ricardo Villalobos y cultivó con gran éxito el minimal techno —corriente bailable de la electrónica— en clubes europeos como DJ o junto a Los Updates. Antes, en 2001, Conejeros concretó un hito al ser el primer chileno en presentarse en Sonar Barcelona.

A esa altura, la huella de la electrónica que había surgido en los 90 en Chile estaba bien aceitada, gracias a los trabajos del propio González y Conejeros, pero también de Dandy Jack, Uwe Schmidt (ATOM TM), Tobias Freund y Villalobos. Fue ATOM (creador de Señor Coconut) quien mezcló y masterizó Cobijo.

“La pasamos pipa allá en las Españas. Otra cosa que nos une con Miguel es el amor al fútbol”, dice González. “Lo que pasa es que a Miguel le gusta el Colo, que es razonable. A mí me gusta la Unión Española, que no es tan razonable, pero reconozco que el Colo (73) es el mejor equipo de la historia”, comenta.

Al lado de su piano, González tiene un bajo, que le facilitó Pancho Straub, el ingeniero que grabó La voz de los 80 con quien ha cultivado una larga amistad. “El otro día se me metió en la cabeza que quería tocar bajo fretless, sin trastes, así como los jazzeros. Y lo estaba comentando en voz alta y el Pancho me lo trajo. Bueno, a la mañana (siguiente) estuve probando y estaba bueno, pero encontré fome tocar solo. Así que estoy tocando con la Colombina Parra: ella toca la guitarra y yo el bajo. Entonces espero a que llegue ella para practicar, porque tocar solo es un poquito fome, tocar esa clase de instrumento”, cuenta González.

En julio de 2025, el músico estrenó ocho temas en la plataforma Bandcamp, en parte fruto de su trabajo con Colombina, como El gato se sube al piano o El patio es mi selva. Aunque González está alejado de los escenarios por las secuelas del accidente cerebrovascular que sufrió hace una década, sus creaciones musicales no cesan y afloran en distintos formatos: solo y acompañado. “Es bonito escuchar una pieza de música y pensar qué hace falta y ahí hacerlo. También es lindo reaccionar de una, pero también es lindo esperar y sentarte, y hacer lo que a uno le parece”, apunta el cantautor.

Jorge González la-tercera

Durante la entrevista, Jorge y Miguel insisten en la relevancia que tiene el ejercicio de crear música juntos. “Aunque no se publique, tiene un valor”, coinciden. “Eso probablemente es lo que tiene más valor de todo”, afirma González. Es decir, el proceso.

Un fenómeno que estaría en contraposición a los procesos creativos es la inteligencia artificial ¿Qué piensan de eso?

MG: Hace un rato hablábamos con Jorge sobre si la inteligencia artificial puede hacer la pega. Yo creo que lo entretenido de esto es hacerlo. Si tenemos una herramienta que nos va a hacer lo que nos gusta hacer, encuentro fome.

JG: O sea, por ejemplo, para la fase final (de Cobijo), el mastering no habría costado nada hacerlo con inteligencia artificial: reventar la tarjeta y decirle a la IA que haga el mastering al tiro y quedaría tiqui taca. Pero es mucho más divertido decirle al Uwe, aprovechar de preguntarle cómo está y que te diga falta esto, y mandarle algo. Después te puedes poner a celebrar con el Uwe y tomarte una cerveza, aunque no sé si tomar cerveza con el Uwe, pero no te puedes tomar una cerveza con la inteligencia artificial.

MC: Sí, lo entretenido de esto al final es que genera puentes, genera conexiones. Nosotros con Uwe, nosotros con la gente que lo va a escuchar por más de que nos tiren el disco por la cabeza si no les gusta. Pero va a generar una cierta comunión con la persona que lo va a escuchar. Esas conexiones humanas son mucho más interesantes que ponerse a hablar con una máquina.

JG: La vida de verdad.

MC: La asistencia artificial, como la llamo.

JG: Preferimos la estupidez natural.

¿Se quedan con ganas de seguir haciendo este tipo de álbumes?

MC: Ya tenemos para un disco triple. Veremos cómo se va dando.

JG: Un disco triple para hacer palidecer a Genesis.

Fuente: La Tercera

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