Cuando los policías revisaron el vehículo que manejaba Jorge Vera Fierro (84) luego de ser secuestrado en el sector de El Llano, en San Miguel, se percataron de un detalle: su teléfono permanecía allí. Momentos antes, un grupo de delincuentes tomó a Vera por la fuerza, lo cambió de vehículo y se lo llevó con dirección desconocida en uno de los plagios más largos de los últimos años.
Dejar su teléfono no se trataba de un descuido. Fue por ese mismo aparato donde ese día, la noche del martes 21 de abril, los secuestradores comenzaron a efectuar llamados para comunicarse con la familia y dar cuenta de la gravedad del asunto. Quienes conocen de la causa dicen que no hubo azar en ese detalle. Los delincuentes sabían que el teléfono sería incautado por los investigadores y se iniciaría un extenso proceso de negociaciones.
Ese fue el inicio de 180 horas de terror para la familia de Vera, un empresario ferretero aficionado a la hípica que fue mantenido en cautiverio por ocho días por un grupo vinculado al Tren de Aragua.
Recién en la madrugada del miércoles se logró su liberación en un camino baldío de Colina. Antes de eso, cerca de cuatro días atrás, tres sujetos venezolanos -José Rafael Salazar Torres, Greisson López Arteaga y Cándido José Franco Dávila- y el chileno Nino Antonio Meza González fueron detenidos.
La Fiscalía ECOH junto a la PDI trabajaron el caso con sigilo. La avanzada edad de Vera y su condición de insulinodependiente hacían que los detectives trabajaran a contrarreloj para rescatarlo con vida.
Tras el plagio, los sujetos lo trasladaron como primer punto hasta una casa que funciona también como taller mecánico en calle Máximo Gorki, en la comuna de Cerro Navia. Desde ese punto, perteneciente a Meza, se efectuaron los primeros contactos de los secuestradores con la familia. En esa conversación pusieron una millonaria cifra para la liberación del secuestrado.
Fue desde allí también que los delincuentes mandaron “pruebas de vida” a la familia y a la PDI, que consistieron en videos de Vera recibiendo inyecciones de insulina. Para los investigadores se trata de una banda profesional de este tipo de delitos. Esto, debido a que observaron los secuestros de sus antecesores y fueron mejorando los errores para lograr su finalidad. En esa observación también estuvo la identificación de la víctima, hecha con semanas previas, a quien detectaron que tenía patrimonio.
Pero los detectives pudieron identificar que los llamados no solo venían desde Santiago. Fue así como aparecieron los vínculos con el caso de López, quien estaba en Iquique. El sujeto, de 33 años, de nacionalidad venezolana, oficiaba como cocinero en un local de sushi.
Hassel Barrientos, subprefecto BIPE, en una rueda de prensa. Foto: PDI.
Las negociaciones
Cuatenta detectives participaron del operativo en la capital, pero el núcleo duro del equipo negociador estuvo compuesto por dos policías especializados en este tipo de trabajos. “Cuando se establece la mesa de negociación, tiene que haber un negociador primario y uno secundario, que tienen que estar en conocimiento acabado del proceso”, explica el jefe de la BIPE, subprefecto Hassel Barrientos.
Fue un trabajo “extenuante”, dice Barrientos, donde los detectives certificados para estos procesos tenían que estar 24/7 atentos al teléfono por si los secuestradores llamaban.
“La negociación es indirecta. Nosotros preparamos y asesoramos el proceso, pero el interlocutor siempre es con la familia”, detalla el jefe policial. El diálogo se mantuvo casi ininterrumpido. En medio de esos contactos fue que la familia realizó más de una transferencia, buscando la liberación de Vera. En paralelo, otro equipo se movilizaba buscando a Vera por los sitios de interés.
Pero Vera no solo fue mantenido en un lugar. En un par de días fue cambiado de casa para no ser detectado. Fue movido por al menos tres puntos de la Región Metropolitana. Fue el sábado cuando la PDI llegó hasta el taller mecánico, pero Vera ya no estaba. La PDI ya había activado la cacería y sabían que estaban cerca.
De hecho, fue ese mismo día cuando se produjeron las primeras detenciones, que en total reserva se ampliaron hasta el jueves. En medio de esas detenciones, cuentan quienes saben de la causa, algunos detenidos fueron entregando datos.
Al menos 15 sujetos habrían participado en el secuestro. Se trató de un despliegue amplio entre quienes lo interceptaron, movilizaron y extorsionaron, y podría haber más chilenos partícipes que hayan facilitado inmuebles para mantener a Vera cautivo.
Los detectives se encuentran tras las pistas de otros implicados. De hecho, Vera fue llevado hasta Colina por otros sujetos que se movilizaron en al menos dos vehículos. Uno de ellos fue el que encontraron quemado.
“Las detenciones fueron quirúrgicas. El trabajo fue silente, de inteligencia, y no hubo mayor riesgo”, detalla Barrientos. El subprefecto, además, cuenta cómo fue encontrado Vera al ser rescatado: “Nos sorprendió su fortaleza. Pese a estar 180 horas en cautiverio, estaba fuerte, consciente, de pie. Solamente que estaba mucho más delgado”.
Los imputados fueron formalizados el jueves por el delito de secuestro extorsivo y todos quedaron en prisión preventiva.
Héctor Barros, fiscal regional coordinador ECOH. Foto: Javier Torres / Aton Chile. JAVIER TORRES/ATON CHILE
El regreso del Tren de Aragua
El coordinador de la Región Metropolitana de la Fiscalía ECOH, Héctor Barros, explica a La Tercera cómo el Tren de Aragua, la banda detrás de este caso, se ha estado rearticulando. “Estas son empresas criminales, por lo tanto, lo que siempre están buscando es el lucro. Y eso implica, entonces, que cuando nosotros vamos desarticulando la organización, pasa un periodo en que todo el mundo piensa que la organización desapareció. Sin embargo, después de poco andar o después de un tiempo vuelven otra vez a reestructurarse, porque tienen que seguir generando riqueza”, dice Barros.
El fiscal detalla cómo se involucran los nuevos integrantes. “Cada vez que nosotros golpeamos a la estructura criminal, ellos traen desde fuera nuevos integrantes, como por ejemplo gente que son venezolanos, pero que se encuentran en Ecuador”, explica.
El persecutor alerta que, por lo general, “en secuestros del Tren del Aragua los líderes están fuera del país. Lo vimos en el caso de Ronald Ojeda. Es una medida de resguardo”.
Fuente: La Tercera