Ricky acaba de ser dado de alta del internado siquiátrico donde se encuentra. Es, por fin, un hombre libre. En su cabeza solo tiene una idea. O más bien una obsesión que lo martillea incesante por dentro. Una mujer. No cualquiera. La que desea con toda sus ansias. Ella tiene nombre y apellido. Marina Osorio. Es tanto su deseo que no puede contenerse y la secuestra. Así, piensa Ricky, Marina se enamorará de él.
Esa es la premisa inicial de ¡Átame!, la octava película de Pedro Almodóvar. Filme original de 1989 y que este viernes 29 de mayo vuelve al streaming en las pantallas de Mubi. Con las actuaciones de Victoria Abril (Marina) y Antonio Banderas (Ricky) en los roles estelares, se trata de uno de los filmes más reconocibles de la filmografía del manchego. Una película que sobre sus hombros tenía el éxito sideral que había conseguido Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988). Un peso difícil, pero Almodóvar logró llevar de buena manera amén de lo que mejor saber hacer. Una buena (muy buena) historia.
Para ello tomó las temáticas que hasta entonces había trabajado, remixándolas de una manera que hasta entonces no había probado. “Espero que tenga el mismo éxito que Mujeres al borde de un ataque de nervios -dijo Almodóvar a El País, en 1989 poco antes del estreno-. Son películas tan distintas que no son comparables, aunque creo que a mí se me reconoce. He retomado temas de anteriores películas con una gran madurez. Esos temas son: Ia fraternidad, la familia, el tono social de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? el hecho de que los personajes principales sean unos marginados por los que nadie daría un duro, las drogas, el musical, mi preocupación por lo que significa el proceso creativo y el utillaje que rodea al cine, los decorados. Y una historia. de amor de las de verdad, hecha sin pudor y en la que se habla sin pudor de la necesidad que todos tenemos de que alguien nos quiera".
“¡Átame! equivale a te quiero, con todo lo que ello conlleva, toda esa parte de las relaciones que no estamos dispuestos a aceptar pero que aceptamos porque no queremos ni podemos vivir sin amor”, señaló.
Marina es uno de los roles que Victoria Abril más atesora, su interpretación es una de las memorables de su carrera, aunque el rodaje no estuvo exento de dificultades. “Recuerdo una secuencia en la que Marina fingía dormir durante el fantástico monólogo con el que Antonio me declaraba su amor. Pedro me pidió que, con los ojos cerrados, una furtiva lágrima saliera de un ojo para meterse en el otro. ¡Todavía no sé cómo lo conseguí! Bueno, ¡sí! No soporto la idea de decepcionarlo”, recordó en una entrevista con Vanity Fair España.
Eso sí, llevar la mordaza durante buena parte de la película le dejó heridas en sus labios, recuerda la actriz. “Los tirones de la cinta Chaterton me pelaron el labio. Fue horrible. Al día siguiente, ¡me desperté con el labio superior de Tina Turner! Pedro tuvo que crear esa divertida secuencia en la que Antonio iba a la farmacia a buscar un esparadrapo antialérgico para esconder el desastre y seguir rodando”.
Una de las escenas centrales, cuando ya Marina se ha rendido al amor obseso y total que le profesa Ricky, es una escena de sexo que ha quedado en los registros de la historia del cine. Se filmaron nueve tomas, de las que Almodóvar acabó eligiendo la última, por el sudor que bañaba los jóvenes cuerpos de los intérpretes. “En la última toma, cuando llegó el final del texto, Pedro no cortó y siguió rodando -relata Abril-. Y a Antonio, ya exhausto y sudándome encima, le dio por reír. Yo le pellizcaba el culo para que parara pero, como no podía, le dije muy en serio ‘¡No te rías, que se sale!’. Y por fin, poco después, Pedro dijo un ‘¡corten!’ divertido y contento”.
En una primera capa, ¡Átame! parece hablar de la obsesión, de la locura por poseer a alguien. Pero en verdad, en la capa más superficial aparece otra cosa. “En Mujeres al borde de un ataque de nervios hablo del hombre y del dolor que provoca su ausencia. En ¡Átame! hablo del hombre y del dolor que provoca su presencia cuando no se ha elegido, lo que equivale a hablar del matrimonio, de dos personas que viven juntas en la misma casa”, confesó en una entrevista Almodóvar.
“¡Átame! habla sobre la familia -confesó Almodóvar en una entrevista de 1990 junto a Banderas-. Ricky nunca la ha tenido. Lo que mucha gente no entendió de la película es que a Ricky lo ven como un rebelde, un tipo casi peligroso socialmente. (Pero) lo que intenta este hombre es llevar la vida más normal del mundo, pretende tener una vida como cualquier vecino, tener una familia, haberse casado, tener una tarjeta de crédito, tener un coche, trabajar en un banco, en un sitio serio, porque no ha tenido nada que se parezca a la normalidad".
“Eso es lo que la hizo distinta -señala Antonio Banderas-. Nosotros hicimos esta película en unos años muy locos de la vida de Madrid, en que la gente precisamente lo que no quería era una vida normal, sino todo lo contrario. Era transgredir, transgredir todo el tiempo que pudieran, y la noche de Madrid se convirtió en nuestro santuario, y este personaje (Ricky) va a la contra”.
Años después, en 2013, Banderas recordó. “El recuerdo más nítido que tengo era el ser consciente de estar cerrando un ciclo con Pedro Almodóvar con un personaje que de alguna manera tenía algo de los que había interpretado con él anteriormente. Era como un resumen de unos años creativos, creadores, transgresores que cambiaron la historia del cine nacional y me atrevería decir que internacional”.
Ese período “de cierre” tenía que ver con que el malagueño había partido a probar suerte a Hollywood. Solo volvieron a trabajar juntos en 2011, con la increíble La piel que habito. Su última obra conjunta fue otra película notable, Dolor y gloria (2019).
La parte de los críticos
Para el crítico de cine de Culto, Rodrigo González, ¡Átame! es el punto más alto de la carrera de Pedro Almodóvar. “Tengo grandes recuerdos de ¡Átame!, desde la magnífica banda sonora original de Ennio Morricone, que Almodóvar luego consideró poco adecuada, hasta las actuaciones eléctricas y emotivas de Antonio Banderas y Victoria Abril".
“Aunque Mujeres al borde de un ataque de nervios fue la película que le dio prestigio internacional a su realizador, ¡Átame! de cierta moda nos hizo ver que el hombre también tenía su corazón y que además de reírse con sus personajes, también podía llorar junto a ellos. Las posteriores La Flor de mi Secreto y Carne Trémula confirmarían esto".
La editora de Cultura de radio Duna, Paula Frederick, periodista especializada en cine, agrega: “¡Átame! es un punto esencial en la filmografía de Almodóvar, una suerte de bisagra, que consolida su voluntad transgresora con la comedia negra y el melodrama, en una fusión de géneros que también definió su cine como algo único y reconocible".
“Además, fue el trampolín necesario para consolidar la carrera internacional de Antonio Banderas, hasta que muchos años después, paradójicamente, volvió al nido Almodovariano para consagrarse definitivamente como actor al ganar Cannes por Dolor y Gloria”.
Rodrigo González recuerda cómo fue la circulación de la película en Chile. “¡Átame! llegó a Chile después de Mujeres al borde de un ataque de nervios, inaugurando para siempre la tradición de ver Almodóvar en pantalla grande en nuestro país, un privilegio que afortunadamente aún continúa. Tras ¡Átame! se exhibieron en el país retrospectivamente las ochenteras Matador y La Ley del Deseo, donde se puede ver algo de lo que ya tendría ¡Atame!“.
“Lo curioso de la película, y lo genial, es que esconde bajo una supuesta capa de romance platónico e idealizado, la historia de un flagrante psicópata con tendencias violentas, representado por Ricky. No sé si esto se podría hacer hoy”.
Paula Frederick agrega: “Después de películas como Pepi, Luci, Boom y las chicas del montón, Matador y La ley del deseo, Almodóvar alcanzó cierto equilibrio entre esa necesidad de transgresión a veces desbordada, y ese ímpetu de sacudirse de encima el imaginario de la dictadura franquista, con una mayor profundidad de dirección. Aquí no solo toca sus temas recurrentes -deseo, liberación, cuerpo humano, excesos- sino también indaga en las capas más profundas de las relaciones humanas, en la soledad y los límites de la obsesión".
González agrega sobre los roles estelares: “Como el actor que lo representa es Antonio Banderas, su carisma de estrella nos lo acerca al punto de hacernos olvidar que el tipo es un desequilibrado, un abusador sexual con pinta de latin lover. Por otro lado, Marina, el personaje de la gran Victoria Abril, pasa de ser una empoderada actriz de películas eróticas a una víctima con síndrome de Estocolmo, capaz de caer rendida ante el más sádico”.
“Esta película bien podría haber sido la primera y única de horror de Almodóvar. En ese sentido, hasta se entiende que la hermosa música de Morricone no sea lo que el cineasta buscaba. Si interpretamos de otra forma el penúltimo plano, el de Marina llorando en el auto mientras escucha la canción Resistiré, del Dúo Dinámico, podríamos dudar de si las lágrimas son de amor o de miedo”.
Fuente: La Tercera