La autora estadounidense reflexiona sobre el duelo, la escritura y el legado compartido con Paul Auster en su libro más íntimo, mientras observa con preocupación el presente político de su país y reivindica el poder del arte como forma de resistencia.
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Siri Hustvedt contesta desde Nueva York. “La ciudad está en pleno florecimiento y es realmente hermosa”, dice antes de comenzar la entrevista. La escritora está en plena promoción de su último libro, “Ghost Stories”, que ha definido como el más personal de su carrera: una meditación conmovedora e íntima sobre el duelo tras la muerte de su marido, el también escritor Paul Auster, a causa de un cáncer en abril de 2024.
En Estados Unidos, el libro se publicará el 5 de mayo. Antes de ese lanzamiento, la autora será parte de la celebración de Santiago en 100 Palabras por el Día del Libro. A las 19:00 horas, la autora participará en un encuentro online abierto al público, donde conversará con la escritora nacional María Paz Rodríguez.
A pesar de que la conexión será vía web, Siri Hustvedt ha estado en más de una ocasión en Chile. En 2014, por ejemplo, fue recibida junto a su marido por la expresidenta Michelle Bachelet en el Palacio de La Moneda. “Nos sentimos muy bien tratados, éramos solo nosotros, y tengo que decir que admiro mucho a Michelle Bachelet. Creo que es una figura importante para las mujeres en todo el mundo y soy una gran admiradora”, recuerda sobre ese encuentro.
Ese mismo año, Hustvedt recorrió el Museo Precolombino, una experiencia que hasta hoy permanece muy presente en su memoria. Acostumbrada a observar arte desde la infancia, le sorprendió encontrarse allí con piezas que nunca había visto antes, en un recorrido que calificó como absolutamente extraordinario.
Entre esas impresiones, destacó una pequeña escultura de una mujer dando a luz, que la dejó profundamente impactada. Tanto ella como Paul Auster quedaron fascinados con la imagen. Según explicó, en la tradición occidental, desde los griegos en adelante, casi no existen representaciones del nacimiento, salvo en casos no naturales, un tema sobre el que incluso ha escrito. Esa pieza, dijo, se ha quedado con ella hasta hoy.
Otra de las expresiones culturales chilenas que la escritora destaca es la intervención artística de Las Tesis en medio de las protestas feministas, la cual fue replicada en distintas ciudades alrededor del mundo.
A partir de ese recuerdo —en alusión a la intervención de Las Tesis—, la escritora aborda un tema que hoy le preocupa: el momento que vive Estados Unidos, al que define como “un lugar terrible”.
“Este tipo de acción colectiva, como el efecto global de Las Tesis, es algo muy interesante para mí por el impacto que puede tener el arte”, reflexiona.
Ese escenario complejo, sin embargo, también tiene un lado de resistencia. “Uno de los problemas es que creo que el miedo ha ido creciendo constantemente con esta administración, y que los medios de comunicación masivos están sofocando la crítica”, afirma.
La autora cuenta que recientemente estuvo en Europa en una gira por su libro, que se publicará en Estados Unidos en mayo, pero que ya fue editado en Alemania, los Países Bajos y Escandinavia. Durante esos encuentros, insistía en una idea: existe una resistencia, y es amplia.
“Se están autocensurando, y eso significa que muchas de las noticias que se distribuyen provienen de esos medios, y que lo que realmente está sucediendo no se está transmitiendo”, sostiene.
Aun así, percibe señales claras de organización. Menciona, por ejemplo, la manifestación “No Kings”, que reunió a ocho millones de personas en las calles, como una muestra significativa. También destaca la resistencia en Minnesota frente a ICE, que califica como especialmente contundente.
Si bien evita hacer predicciones sobre el futuro, Hustvedt es enfática en un punto: “es importante que, fuera de Estados Unidos, se entienda que la gente se está organizando”.
—¿Cómo es vivir hoy en la ciudad de Nueva York, una ciudad también marcada por la desigualdad, la tensión política y el cambio constante?
—La única certeza que tiene una persona es el cambio. Soy heracliteana: creo que esa es la base absoluta de todo. Y también pienso que los regímenes protofascistas, como el que tenemos ahora, están anclados en la inercia y en una idea reaccionaria de volver a una especie de fantasía de patriarcado blanco masculino como camino a seguir. Eso, por supuesto, no es lo que yo creo.
Así que el cambio no podemos detenerlo. Esa es la naturaleza de los organismos humanos y del mundo en general: el cambio está ocurriendo siempre. Tenemos un nuevo alcalde, ya sabes, un alcalde socialista democrático en Nueva York, y creo que Mamdani ha protegido a la ciudad, hasta cierto punto, de Trump.
—La guerra y la violencia están constantemente presentes en los medios, especialmente con el conflicto entre Irán y Estados Unidos. ¿Cómo lidias con esa exposición diaria y qué efectos tiene en ti?
—En realidad creo que este es un problema global. Quiero decir, lo que ha ocurrido con la segunda administración de Trump es que hay algo que no estaba tan presente en la primera, pero que forma parte de una especie de manual fascista: la limpieza interna y la expansión externa.
Eso, en el fondo, está dentro de la definición de fascismo de Robert Paxton. Es algo bastante simple: un grupo que se siente agraviado —generalmente un grupo nativista—, obsesionado con la idea de declive, que luego ignora o directamente destruye, a través de la violencia, las libertades democráticas y los derechos individuales. Eso no les importa.
Después van contra enemigos internos, pero también impulsan una expansión externa. Y eso se ve en lugares como Venezuela, Irán, o en las amenazas hacia Cuba y Groenlandia. Todo esto encaja bastante bien en ese manual.
—¿Y como lo vives?
—Pero aquí hay una sobreexposición a la información. Y, en mi vida, como persona privilegiada, no lo vivo de manera directa, pero en los últimos años sí he visto cambios: ahora hay familias migrantes completas en la calle pidiendo dinero, algo que antes no era habitual.
También hay personas vendiendo dulces en el metro, intentando ganar algo de dinero. Y eso es un fenómeno relativamente nuevo, vinculado a la llegada de nuevos inmigrantes a la ciudad.
“Historias de fantasmas”
—¿En qué momento sentiste que era necesario escribir este libro?
—Comencé a escribirlo aproximadamente dos semanas después de que Paul murió. Fue muy pronto, porque me di cuenta de que tenía que trabajar. Tengo una novela a medio terminar que planeo concluir, pero sabía que no podía volver a eso en ese momento.
Sentí un impulso muy fuerte de escribir sobre nosotros, de resucitar algo de Paul. Pero más que eso, de recuperar algo de la relación entre ambos, lo que en el libro llamo el “y”: Siri y Paul, Paul y Siri. ¿Qué es ese “y”? ¿Qué era eso?
—Muchos escritores han explorado el duelo en la literatura, incluyendo “El año del pensamiento mágico”, de Joan Didion. ¿Fue ese libro u otros una referencia para ti mientras escribías?
—No realmente una referencia. De hecho, nunca había leído ese libro hasta después de que Paul murió. Leí bastante en ese período. Mi libro favorito sobre el duelo es “Una pena observada”, de C. S. Lewis. Me parece un libro hermoso. Habla mucho sobre religión, y yo no soy una persona religiosa; sin embargo, es un texto muy honesto sobre el duelo.
Lo que más me llamó la atención de muchas memorias sobre el duelo, incluida la de Didion, es que la persona fallecida no está realmente presente. Y yo quería que Paul estuviera en este libro. Quería traer de vuelta algo, no del autor conocido por el mundo, sino de quién era para mí.
—En ese sentido, dices que no eres una persona religiosa.
—Crecí en la iglesia luterana y, de hecho, he leído mucha teología a lo largo de mi vida. Pero nunca me asenté en una creencia religiosa particular. Tengo que decir que no lo sé.
No soy una atea beligerante. No estoy más convencida por el ateísmo militante de lo que lo estoy por la religión. Diría que mi visión intelectual general es escéptica, pero no un escepticismo nihilista. Es más bien un escepticismo que reconoce la complejidad de la realidad y que exige lo que llamo una “humildad intelectual”. Bajo esa idea, necesitamos ser humildes frente al conocimiento.
—¿Compartían eso con Paul Auster?
—Creo que Paul y yo compartíamos una sensibilidad muy similar. Él decía que quería que su cuerpo alimentara la tierra. Cuando las personas mueren, los procesos orgánicos continúan. Personalmente, no creo en una vida después de la muerte. Pero, bueno, no lo sabemos.
—¿Qué esperas que el libro evoque en quienes lo lean?
—Bueno, hasta ahora el libro ha tenido muy buena recepción. Ha estado cinco semanas en la lista de bestsellers en Alemania y también ha sido bien recibido en otros países que he visitado.
Mira, el duelo… si tienes la capacidad de amar a alguien y vives lo suficiente, lo vas a experimentar. Es parte de la vida de muchísimas personas. Y creo que la forma en que uno entiende esa experiencia, cómo la enmarca, es realmente importante.
Por eso pienso que el libro tiene un alcance amplio: muchas personas responden a él porque han estado en esa posición o, si no lo han estado, inevitablemente lo estarán. Tiene una dimensión casi universal, y la gente conecta con eso. Me siento muy agradecida por la respuesta que ha tenido hasta ahora.
—¿Qué aprendiste de la experiencia de cuidar a alguien que está enfermo o muriendo?
—No creo haber sido nunca una persona que pensara que eso no iba a suceder. Siempre he reflexionado mucho sobre la muerte. Paul y yo hablábamos de eso desde jóvenes: quién moriría primero, cómo podría ocurrir. Hay muchos tipos de muerte, y esta fue una más lenta.
Estuvo enfermo durante aproximadamente un año y medio antes de morir. Nunca hubo duda en mi mente sobre cuidarlo, y también sabía que él habría hecho lo mismo por mí si hubiera sido al revés. No había duda ni necesidad de analizarlo: era simplemente un hecho.
— ¿Por que decidiste “Historia de Fantásmas como nombre?
— Hay un impulso —bastante común— de usar la magia de las palabras. El libro se llama “Ghost Stories”, pero las palabras también son fantasmas. Cualquier lector apasionado pasa mucho tiempo con los muertos; es así como los muertos nos hablan.
En este libro, además, hay 35 páginas de una obra inacabada que Paul estaba escribiendo cuando murió. No pudo terminarla: era para nuestro nieto, Miles. Esos textos están incluidos como parte de la estructura del libro, que funciona como un diálogo.
Sus escritos se intercalan con los míos —son siete en total—, y eso es algo muy significativo para mí. Está mi prosa, pero también la de Paul, apareciendo de forma rítmica a lo largo del libro. Hay dos voces, no solo una. Y eso, de alguna manera, representa nuestro matrimonio: fue un diálogo muy largo.
Fuente: The Clinic