Paulina García: “Me mantuve en la línea de la ficción. Una cosa es lo que pasó y otra cosa es sobre qué pones luz”
Este es sobre todo un año de estrenos. Paulina García lo tiene muy claro. En la terraza de un hotel de la capital, a un día de tomar un vuelo que la llevará hasta México, la actriz nacional enumera una seguidilla de proyectos que ha filmado en el último par de años –en Chile y el extranjero– y que aún esperan ver la luz.
La serie Alguien tiene que saber no sólo es el primero de esos títulos que se lanzarán durante 2026, sino que probablemente el más esperado por el público. El motivo es evidente: se inspira en la desaparición y asesinato de Jorge Matute Johns, el enigma policial que sacudió el país hace 26 años y que en todo este tiempo nunca había había impulsado un proyecto audiovisual de este calibre.
Diego Araya Corvalán / Netflix
Disponible desde esta semana en el catálogo de Netflix (y encumbrada rápidamente entre lo más visto de la plataforma), la producción de Fábula narra la investigación que emprende el prefecto Montero (Alfredo Castro) tras la desaparición de Julio Montoya (Clemente Rodríguez), un joven al que se le perdió el rastro durante una noche de fiesta en la discoteca La Cucaracha junto a un amigo y dos chicas que eran hermanas. Rodeado por un grupo de policías más jóvenes, Montero se obsesiona con un caso que paraliza a Concepción y a Chile a finales de 1999.
García encarna a Vanessa Font, un personaje inspirado en María Teresa Johns, la mamá del estudiante encontrado sin vida en 2004. Junto a su otro hijo, Eric (Lucas Sáez), inicia una incesante lucha para dar con su paradero y convocar a otros a que se unan en la tarea de intentar localizarlo. A cercanos, autoridades y medios les repite lo mismo: no está buscando un cuerpo, sino que a su hijo vivo.
Bajo la mirada de Montero, es una mujer comparable a “una fuerza de la naturaleza”, una persona cuyo ímpetu permite que el tema permanezca en la conversación pública, pero que a veces opera bajo una lógica que incomoda a los policías.
MARIO TELLEZ
“Es como la lluvia, como un río. No es ni bueno ni malo, es que simplemente va, va, va, y no para de ir. Cuando me comentaron eso, dije: ah, ya, es para allá”, indica en entrevista con Culto.
La actriz recuerda que recibió el llamado de la productora Ángela Poblete, la ejecutiva a cargo del área de televisión de Fábula. Escuchó la propuesta y se interesó de inmediato ante la oportunidad de trabajar por primera vez junto a los directores Fernando Guzzoni y Pepa San Martín, de filmar fuera de Santiago y de colaborar con un grupo de actores que describe como “delicioso”. “La producción Fábula es delicada, es cuidada, está bien armada”, apunta.
Y destaca: “Los guiones estaban escritos por Pablo Manzi y Rodrigo Fluxá (en colaboración con Carla Stagno). Y Rodrigo fue quien hizo la investigación. Todas mis escenas eran un pollo que había que comerse hasta el último pedacito. No dejé ningún desperdicio alrededor. No como pollo, pero valga el dicho”.
Diego Araya Corvalán / Netflix
Desde su perspectiva, “en Chile los guionistas han ido aumentando la innovación y las propuestas de diálogo, con citaciones más interesantes. Eso hizo que fueran muy intensas mis citaciones con Elvis Fuentes, con Gabo Cañas, con Alfredo (Castro), con Lucas Sáez. Estábamos todos como hiperalertas”.
Vale mencionar que tanto María Teresa Johns como Álex Matute Johns, su hijo mayor, han manifestado su rechazo al proyecto. Una postura que expresaron antes de que Netflix hiciera oficial su realización y que conservaron después de que el productor Juan de Dios Larraín se comprometiera a usar nombres ficticios.
García comparte una curiosidad que hasta ahora no había revelado: Vanessa no era el personaje para el que había postulado originalmente. Ese cambio de planes, en vez de considerarlo algo negativo o desfavorable, la llenó de entusiasmo. “Cuando estás buscando una cosa y sucede otra, la serendipia, creo que es la mejor de las situaciones”, señala.
Probablemente tiene razón y esa modificación fue para mejor: García brinda una de las actuaciones más destacadas de Alguien tiene que saber, una interpretación rica en detalles que evita las estridencias a toda costa.
Ella por el momento no está tan convencida. Cuenta que a inicios de año accedió a los primeros episodios y no quedó contenta con su labor. “Soy muy mala para verme. Ahora me toca verla de nuevo y apreciar el trabajo. Pero lo que vi de mis compañeros me sorprendió muchísimo”, sostiene.
Ese visionado anticipado le permitió extraer una conclusión clara: “Encontré que tiene una factura alucinante. Tengo la impresión de que, en términos de series, es de lo mejor que se ha hecho (en Chile), siendo que ya se venían haciendo cosas muy buenas en los últimos años. Creo que esta se pega a un salto cualitativo. Cuando la vi dije: ¿Qué pasó acá?”.
Luego especifica: “Me gustó mucho el punto de vista de la serie. Los personajes me parecieron interesantes. Todos son inocentes, todos son culpables, como en las novelas de Agatha Christie. A no ser por esta madre y este hijo, que quedan en un lugar muy difícil, en un limbo”.
-Vanessa no es sólo el estereotipo de la madre que busca a un hijo. ¿Cuán pronto identificó que el personaje tenía más capas?
Claro, ella tiene un viaje y se va transformando. Se va encontrando con una persona que ella desconocía de sí misma. Lo interesante es lo rápido que logra eso, que fue algo de lo que hablamos muchísimo. Cómo de pronto esta situación le permitió a ella salir de un hábitat que era muy pequeño, muy mínimo. Es muy interesante cómo va creciendo y se va empoderando de una coherencia, de una solidez que me parece que era lo que había que buscar y encontrar, y espero que se vea. Esos eran los conceptos que me anclaban a lo que Vanessa era. A lo que estaba escrito, a esta ficción que armamos a partir del caso original. Y luego defender con respeto el lugar en que está inspirada la historia, que también me preocupaba y me interesaba.
MARIO TELLEZ
Días en Concepción
Paulina García tenía el pelo corto y canoso antes de comenzar el rodaje de Alguien tiene que saber. A poco andar le planteó al equipo su propuesta: Vanessa debía tener el cabello largo y de color castaño oscuro, la apariencia que había imaginado al leer los guiones.
“Pedí peluca porque me parecía que era importante tener como un encuadre. Un encuadre que me sujetara la cara, la cabeza”, asegura la actriz. “A mí me gusta mucho trabajar de la cabeza a los pies, necesito que haya un mundo aquí que sea distinto a lo que normalmente soy”.
Con ese punto ya resuelto, buscó el vestuario adecuado para el personaje. “Me importa harto, porque necesito entender. Me demoro, hago hartas pruebas del vestuario. Y esta también fue una ocasión especial”.
Y en paralelo buscó una voz particular. “Quería lograr un tono interior y un tono vocal de una mujer que nunca se ha trabajado la voz, de una persona que no ha tenido que proyectar la voz, que no ha tenido que hablar más fuerte que este volumen. Entonces, si le dicen que hable más fuerte, ella busca ponerle más énfasis en vez de volumen. Y eso a mí me parece muy interesante como origen de dónde viene una persona”.
Diego Araya Corvalán / Netflix
Aunque ha sido un ejercicio poco frecuente en su carrera, esta no es la primera vez que interpreta a un personaje basado en la realidad. En Los archivos del cardenal, la serie de TVN sobre la actividad de la Vicaría de la Solidaridad durante la dictadura, interpretó a la periodista Mónica Spencer.
“Mi personaje estaba inspirado en la Mónica González, pero también estaba inspirado en la Susan Sontag o en la Oriana Fallaci. Yo tengo la suerte de conocer a la Mónica, entonces me servía mucho para armarme una idea, y ella fue muy generosa”, expresa, reconociendo que es diferente cuando el rol cuenta con una única inspiración a cuando es una amalgama de varios referentes.
Eso sí, en ambos casos tiene validez su reflexión: “El hecho de contar historias que están vinculadas a la vida real te interpelan a tener una actitud muy distinta. A moverse como un elefante en una cristalería. Con mucho cuidado para no quebrar nada, porque sabes que tu tamaño es más grande de lo que corresponde para la historia. La historia real es la cristalería. Ese lugar en el que me puse fue una herramienta que me permitió encontrar la verdad. La verdad de lo que le pasaba a Vanessa”.
-¿En ese proceso fueron suficientes los guiones y las conversaciones con el equipo creativo? ¿O también fue necesario revisar archivos?
Hice todo. Habría sido absurdo no revisar archivos. Está todo ahí, está toda la información, es pública, cualquiera puede acceder y verla. Pero luego también busqué los casos de familiares detenidos desaparecidos porque quería ver otras posibilidades de lo que significa tener un norte tan claro, un objetivo tan claro. Así que también me fijé en Luisa Toledo, la madre de los hermanos Vergara, y su certeza para buscar algo tan importante.
-¿En algún momento evaluó tener algún tipo de acercamiento con María Teresa Johns?
Me hubiese encantado. Pero bueno, las cosas se dieron como se dieron. No estaba en mis manos. Y también me mantuve en la línea de la ficción, (de pensar) este es el material que tengo, con este material tengo que trabajar y esta es la historia que estamos contando. Y eso pasa con cualquier serie, película o obra de teatro que tú lleves a la realidad. Una cosa es lo que pasó y otra cosa es sobre qué pones luz, qué vas a mostrar. Porque lo que pasó realmente no es posible contarlo. Lo que pasó está siempre muy contaminado con la emoción, con las historias personales, que uno no alcanza a abarcar. En cambio, en la ficción tú puedes abarcar un tramo. Yo no puedo abarcar el pasado de Vanessa. Sólo lo imagino, lo construyo a partir del presente. Intento organizar algo que me sea un sustento para pararme y decir: esta es Vanessa.
MARIO TELLEZ
-¿Fue difícil mantener la concentración en el día a día en el rodaje mientras tanto ella como Álex Matute Johns manifestaban su rechazo al proyecto?
Es difícil desconcentrarme. Soy muy enfocada cuando trabajo, como que no me entero de nada. Eso me pasa. Nico Acuña decía que cuando hacíamos Cárcel de mujeres pasaban cosas entre medio. Como estábamos en La Perrera (Centro de Arte Experimental Perrera Arte) pasaban miles de cosas, pero yo nunca supe. Tal como aquí, estaba tan inundada... Y quería estarlo también. Intento casi no mirar para el lado. ¿Qué saco? No está ahí mi problema. Mi problema es otro, que tiene que ver con darle una verdad, una honestidad y una emocionalidad a un carácter. Y que ese carácter represente muchas cosas. No solo una historia, sino que muchas cosas. Eso espero.
-Durante esas semanas de trabajo en Concepción, ¿tuvo algún tipo de intercambio con gente local?
En general, todo el mundo nos decía: qué bueno que vinieron a filmar acá, qué bueno que se cuente una historia de acá. Porque además se trabajó con actores de allá. Es una producción grande, con un montón de gente, con las vans, los trailers, los equipos, todos moviéndonos en pleno Concepción. Entonces, yo tengo la impresión de que la gente estaba contenta de que estuviéramos trabajando. Y también creo que es importante contar historias que pueden ocurrir en otros lugares. Por ejemplo, la Nayra (Ilic García) con Cuerpo Celeste, que cuenta una historia en el norte. O Los colonos, que se hace en la Patagonia. O lo que hicieron ahora la misma Dominga Sotomayor con La perra o la Manuela (Martelli) con El deshielo.
Diego Araya Corvalán / Netflix
-¿Cuánta distancia cree que terminó habiendo entre su personaje ficticio y la persona real?
Espero que toda la distancia. No es algo que hubiera pretendido. Nunca lo pretendo, además. Porque uno roba y copia de muchos lugares para lograr un tono interior, que es un tono muy particular. Una tragedia de este volumen, la pérdida de un hijo, es algo muy difícil de comprender. Mantuve la distancia que podía mantener teniendo las inspiraciones y las miradas que pude darle a todo el material. Y también el mapa que me entrega la serie misma, el guión. Es un mapa que me dice: por aquí, por allá, por acá. Eso me va perfilando y me va obligando a hacer cosas específicas. Y eso está muy bien porque es por donde va el personaje. No, creo nunca uno se parece a la realidad.
-Terminado el proyecto, ¿le cuesta tomar distancia del trabajo hecho y su personaje?
Me cuesta mucho entrar y salgo de una vez. Una vez que salgo, salgo.
-¿Y en este caso no fue distinto?
No, no fue distinto. No me quedo pegada con nada. Y también hay muchas fiestas de cierre que te permiten hacer todo eso. En ese momento yo tenía otros proyectos y eso permite que tú salgas. Pero volver al proyecto en esta entrevista es también repasar lo que fue el proceso de trabajo, y eso es bonito porque fue un muy buen proceso de trabajo.
-La serie finalmente optó por usar nombres ficticios, pese a que no era el plan original. ¿Estuvo de acuerdo con esa decisión?
No es un problema estar de acuerdo o en desacuerdo. Es que esa es la situación. Y frente a esa situación no queda más que asumir. Donde manda capitán no manda marinero. Esa es la reflexión que puedo hacer. La historia se cuenta igual. La historia está inspirada igual en el caso. Inevitablemente está ahí en el aire. Y eso es. Me parece que está bien.
-El caso Matute Johns está cerrado en la justicia desde 2018 y no se han establecido los responsables por su muerte y desaparición. ¿Cree que el estreno de la serie podría generar algún tipo de movimiento en ese ámbito?
Sería genial, pero difícil saberlo. Sería un aporte de la serie, pero ¿cómo se puede evaluar algo así? Es difícil anticiparlo. No sé si la serie ofrece algo que permita... No fue la pretensión tampoco. La serie buscó ser una ficción inspirada en. Buscó pararse ahí, estar sujeta ahí.
En cambio, sí tiene una certeza: “La memoria es no olvidar. Creo que la serie dice: no olvidemos que esto pasó, porque no sólo le pasó a una familia, le pasó a un país”.
La actriz participa como jurado en el Festival de Guadalajara, que comenzó esta semana y terminará el 25 de abril. Más adelante, en agosto, viajará a Suiza para desempeñar ese mismo rol en el Festival de Locarno, uno de los certámenes más prestigiosos del mundo. Y espera que pronto haya novedades en torno a los estrenos de la película Que se acaba todo –inspirada en el caso La Polar– y de la serie Catedrales, adaptación de la novela homónima de Claudia Piñeiro.
Diego Araya Corvalán / Netflix
Por ahora insiste en que todavía no tiene demasiado claro si quedó satisfecha con su trabajo en Alguien tiene que saber. Le ocurrió de ese modo con Gloria (2013), la cinta por la que ganó el Oso de Plata en el Festival de Berlín, y le ha vuelto a ocurrir con la producción que acaba de llegar a Netflix.
“Me demoro mucho tiempo en encontrar que mi trabajo estaba bien”, plantea. “Me ha pasado muchas veces, y esta no es la excepción. Me vi y dije: Dios, qué mal, veo problemas. Tiendo a pensar que falta mucho. No cuando estoy haciéndolo. Cuando estoy haciéndolo estoy en la certeza de que voy bien. Hay días que me quedo rumiando algo, pero tengo que confiar en que hay un director o una directora que dice: esta es la escena que necesito. Y eso es muy distinto a lo que yo opine sobre mi actuación”.
Fuente: La Tercera