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Toyota y Joby Aviation: cuando la fábrica de autos apunta al cielo

Periodista reportando noticias

Toyota y Joby Aviation firmaron el 30 de junio la primera fase de su alianza de fabricación para el taxi aéreo eléctrico S4. Toyota controla el 51% de la nueva empresa y aporta su sistema de producción; Joby pone la aeronave. El resto lo decidirá la certificación.

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Hace pocos días, mientras las acciones de Joby Aviation caían más de un 25% desde principios de junio, la compañía y Toyota anunciaron algo que sonaba a contradicción con ese desplome: una empresa conjunta para empezar a fabricar, a escala comercial, un vehículo que todavía no puede volar con pasajeros de forma regular. Toyota y Joby Aviation apuestan a que la fabricación llegue antes que la certificación termine de asentarse, no después.

La nueva sociedad se llama Joby Toyota Aero Manufacturing Preparation Company, y su nombre ya delata la cautela del proyecto: es una etapa de preparación, no una línea de montaje en marcha. Con sede en California, Toyota controla el 51% de la empresa y Joby Aviation el 49% restante, mientras Yosuke Tsuruta asume la dirección ejecutiva. La junta directiva, compuesta por cinco miembros, refleja ese mismo desequilibrio a favor del fabricante japonés.

¿Qué gana Toyota metiéndose a fabricar aviones?

La respuesta oficial es una sola palabra: experiencia. La alianza combina el trabajo pionero de Joby en aviación eléctrica con la reconocida experiencia de Toyota en sistemas de producción y excelencia operativa. No hay ingeniería aeronáutica de por medio en el aporte japonés, sino algo más terrenal: procesos, control de calidad y reducción de costos, las mismas herramientas que durante décadas permitieron a Toyota fabricar autos híbridos y de combustión en la misma línea sin perder eficiencia.

Ese vínculo no nació con el reciente anuncio. Toyota lleva casi una década ligada a Joby, y su participación acumulada en la aeroespacial ronda ya los 894 millones de dólares desde 2020. El nuevo acuerdo suma un tramo adicional de 250 millones de dólares, aunque ese dinero no es incondicional: está atado a hitos de financiamiento, aportes de capital obligatorios y eventuales aprobaciones regulatorias, con derechos de terminación vinculados a las certificaciones de la FAA.

El S4, el taxi que ya voló sobre Nueva York

El producto de toda esta ingeniería contractual es el S4, una aeronave eléctrica de seis rotores con capacidad para un piloto y cuatro pasajeros. Según cifras de la propia Joby, alcanza una velocidad de crucero cercana a los 320 km/h y una autonomía de hasta 160 km por carga, cifras que la compañía exhibe como su principal argumento frente a los helicópteros convencionales: cero emisiones operativas y mucho menos ruido.

No es una promesa de laboratorio. El S4 ya realizó vuelos de demostración punto a punto sobre Nueva York, y Joby ha estado repitiendo el ejercicio en distintas ciudades estadounidenses como parte de una gira que la propia empresa bautizó como su recorrido por los “cielos eléctricos”. En marzo de 2026, la aeronave superó la cuarta de las cinco etapas de certificación tipo de la FAA, y Joby ha señalado Dubái como la plaza donde espera iniciar el servicio comercial de pasajeros antes de que termine el año.

¿Por qué el mercado desconfía si el proyecto avanza?

La noticia de la alianza con Toyota disparó la acción de Joby más de un 8% en una sola sesión, pero eso no borra un dato incómodo: la compañía llegaba a ese anuncio después de haber perdido una cuarta parte de su valor en apenas un mes. El mercado no está dudando de la ingeniería; duda de los tiempos.

Los números explican esa cautela. Joby genera apenas unos 53,4 millones de dólares de ingresos anuales, con márgenes profundamente negativos y un gasto en investigación y desarrollo cercano a los 177,5 millones de dólares en su último trimestre. Es, todavía, una historia de flujo de caja antes que de rentabilidad: mucho efectivo en el banco, ninguna ganancia a la vista. Toyota, al entrar como socio mayoritario de fabricación y no solo como inversionista, asume una apuesta distinta a la de comprar acciones: ata su nombre y su sistema de producción a un calendario que no controla, el de un regulador aeronáutico.

Equipamiento destacado y lo que todavía falta por resolver

El aporte de Toyota no es simbólico. La automotriz cuenta con once plantas de fabricación solo en Estados Unidos, entre ellas la de Kentucky, donde ensambla el RAV4 Hybrid y el Camry Hybrid, y la de Alabama, especializada en motores y diferenciales. Ese músculo industrial es justamente lo que Joby no tiene y necesita antes de pensar en volúmenes de producción reales.

Lo que falta es, precisamente, lo más difícil de fabricar: la certificación completa. Ningún acuerdo de manufactura, por sólido que sea, adelanta ese proceso regulatorio, y el propio convenio entre las partes lo reconoce al incluir cláusulas de salida si los plazos no se cumplen. La empresa conjunta puede perfeccionar cada tornillo del S4; no puede apurar a la FAA.

Para JoeBen Bevirt, fundador y CEO de Joby, el momento tiene otro tono. Tras cerrar un trimestre marcado por los vuelos sobre Nueva York, describió el período como extraordinario para la compañía y aseguró que ya cuentan con el camino más claro que han tenido hacia el inicio de operaciones con pasajeros. Akio Toyoda, presidente de Toyota Motor Corporation, enmarcó la alianza en una idea más filosófica que industrial: la movilidad aérea como extensión natural de la misión histórica de la marca, de la tierra al cielo.

Preguntas frecuentes

¿Quién controla la nueva empresa entre Toyota y Joby Aviation?

Toyota posee el 51% de Joby Toyota Aero Manufacturing Preparation Company y designa la mayoría de la junta directiva, mientras Joby Aviation mantiene el 49% restante.

¿Cuánto invertirá Toyota en total en Joby Aviation?

Sumando el nuevo tramo de 250 millones de dólares, la inversión acumulada de Toyota en Joby desde 2020 se aproxima a los 894 millones de dólares.

¿Cuándo podría el S4 transportar pasajeros de forma comercial?

Joby ha señalado Dubái como la primera plaza posible para iniciar operaciones comerciales antes de que termine 2026, aunque eso depende de completar la certificación de la FAA.

Fuente: The Clinic

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