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Los terremotos desnudan las grietas del chavismo en Venezuela

Periodista reportando noticias

En Venezuela, el chavismo resistió los levantamientos sociales, el aislamiento internacional y el derrocamiento de su líder Nicolás Maduro por parte de las fuerzas estadounidenses. Pero ahora el gobierno está enfrentando uno de sus desafíos más complejos, a medida que crece la indignación por su respuesta insuficiente al doble terremoto de la semana pasada.

Delcy Rodríguez, que hace seis meses el gobierno de Trump respaldó para liderar el país tras la captura de Maduro, fue duramente increpada por la ciudadanía en Caracas mientras supervisaba las labores de rescate en un edificio derrumbado.

En el estado de La Guaira, ubicado al norte de la capital y uno de los más afectados por los sismos, los residentes desplazados se han visto obligados a remover escombros a mano con la esperanza de rescatar a quienes aún permanecían atrapados, días después de que la tierra fuera sacudida por terremotos de magnitud 7,2 y 7,5. Las cifras oficiales indican más de 2.000 fallecidos y más de 10.000 heridos.

Hotel derrumbado en La Guaira tras el doble terremoto de Venezuela. Foto: archivo Facebook @jorgerpsuv

En contraste con el dato gubernamental, la agencia de la ONU en Venezuela estimó que podría haber hasta 50.000 personas desaparecidas. Por su parte, la NASA calculó en casi 59.000 las edificaciones afectadas en todo el territorio, entre las derrumbadas y las que sufrieron otros daños menores. Más allá de su dimensión geológica, el terremoto funcionó como un revelador de las fallas estructurales -en el sentido literal y en el político- que arrastra el país tras más de dos décadas de gestión chavista.

En contraste con el dato gubernamental, la agencia de la ONU en Venezuela estimó que podría haber hasta 50.000 personas desaparecidas. La NASA, por su parte, calculó en casi 59.000 las edificaciones afectadas en todo el territorio, entre las derrumbadas y las que sufrieron otros daños menores. Más allá de su dimensión geológica, el terremoto puso al descubierto las fallas estructurales -en el sentido literal y en el político- que arrastra el país tras más de dos décadas de gestión chavista.

Consultados por La Tercera, analistas señalan que la deficiente respuesta gubernamental ha desnudado las deficiencias de un régimen que, durante 27 años, debilitó considerablemente la capacidad de acción del Estado venezolano. “Este tipo de fenómenos no son solamente naturales, también son fenómenos sociales, con consecuencias políticas, culturales y humanas”, señala la analista política venezolana y académica de la Universidad Simón Bolívar, Colette Capriles.

El chavismo en evidencia

El derrumbe de edificios expuso, además del costo en vidas, un problema estructural. Durante más de 25 años, la conducción de áreas técnicas ha estado comandada por cabecillas de lealtad política hacia al chavismo, con militares sin formación en ingeniería al frente de carteras como Vivienda y Electricidad.

A ello se sumó el efecto de la nacionalización de la industria cementera bajo Hugo Chávez en 2008, que derivó en el colapso de la producción estatal y en la escasez de cemento de alta resistencia. Producto de lo anterior, las construcciones de Misión Vivienda -el ambicioso proyecto de viviendas sociales del difunto mandatario- figuran entre las estructuras con más daños.

CASAS DE ANIME ?

Entre cielo y tierra nada esta oculto y la verdad siempre saldra a la luz. La gran mision vivienda hace casas con anime, con razon no se van a caer.

VAN A IR PRESO TODITOS MALDITOS CHAVISTAS ASESINOS. pic.twitter.com/y6kXBniJn2 — XVenezolanOX (@XVenezolanOX) June 27, 2026

Videos difundidos en redes sociales muestran a rescatistas haciendo polvo el concreto de estas construcciones con sus manos y, en Catia La Mar, varios sobrevivientes se niegan a reingresar a los edificios de este proyecto que quedaron en pie.

Para Colette Capriles, en todo caso, el trasfondo del problema no recaería en una discusión meramente ideológica en torno a la administración socialista. “El chavismo fracasa no por su orientación ideológica; lo que fracasa realmente es el Estado autoritario centralizado y la conformación de una élite política que se construyó sobre lealtades personales, primero a Chávez y después a Maduro”.

Así, la académica de la Universidad Simón Bolívar recuerda que este modelo contrasta con el Estado que el chavismo heredó. “Chávez hereda un Estado muy poderoso, muy complejo y con muchísimas capacidades, que se construyó en Venezuela durante 40 años”, apunta. Después de dos décadas, de aquel aparato queda poco. “La gente dice que el Estado desapareció. No hay salud, no hay educación, no hay tuberías de agua, no hay electricidad, precisamente dentro de un esquema que supuestamente es de un Estado socialista que tenía que proveer todo”, describe.

Esa ausencia, sostiene Capriles, explica la reacción ciudadana. Los venezolanos “tienen años valiéndose por sí mismos, siendo su propio Estado”, y ante el sismo “la gente empezó a organizarse, a tratar de salvar a sus seres queridos”.

Los Rodríguez a prueba

El desastre ha puesto contra las cuerdas a un gobierno de “fachada chavista”, pero “tutelado” por Estados Unidos, dice a La Tercera el consultor político venezolano Raniero Cassoni. Tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas, en enero de 2026, y su posterior traslado al Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn, en Nueva York, el Ejecutivo quedó en manos de Delcy Rodríguez, en una fórmula de gobierno interino que comparte con su hermano y presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez.

A seis meses de la captura del presidente venezolano, los terremotos se han convertido en el desafío más inmediato para los Rodríguez.

La presidente interina de Venezuela, Delcy Rodríguez. Foto: archivo

Sobre esto, Capriles señala que el gobierno interino ha tenido evidentes alejamientos de la doctrina chavista, sobre todo respecto a la gobernanza militar. A diferencia de la “Tragedia de Vargas” de 1999 -los deslaves que consolidaron el poder militar en su momento-, la actual administración ha buscado evitar esa imagen. “Ha puesto a los militares en un lugar muy secundario. No habla de refugios, sino ‘campamentos temporales’”, observa.

“Se deshicieron del poder militar. En eso mataron a Chávez otra vez. Toda su narrativa es que aquí el control es civil, no militar”, sostuvo la analista.

La analista venezolana descarta, con todo, que la emergencia haga tambalear al gobierno por sí sola. “Yo no creo que el gobierno de Rodríguez esté en crisis. Ha obedecido muy bien los lineamientos de Estados Unidos”, asegura.

El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela y hermano de la presidenta interina, Jorge Rodríguez, junto al exlíder chavista, Nicolás Maduro. Foto: archivo Miraflores Palace

Esa distinción -entre la estabilidad frente a Washington y la fragilidad frente a la calle- es lo que destaca la profesora adjunta de la Universidad Johns Hopkins, Cynthia Arnson. “En la medida en que Delcy Rodríguez coopere con el gobierno de Estados Unidos su posición está muy segura”, afirma a La Tercera.

El punto débil, advierte, estaría a nivel interno. “Podría ser una oportunidad para legitimarse si el gobierno fuera capaz de atender las necesidades de las víctimas, pero todo indica que la respuesta gubernamental venezolana ha sido en sí misma un desastre. La gente está tomando las cosas en sus manos para rescatar a sus familiares”, describe la académica. Sobre esto, Arnson anticipa una crisis mayor para la administración de los Rodríguez. “La cólera contra el gobierno por la falta de una respuesta adecuada va a aumentar”, advierte.

El plan Donroe para Venezuela

La administración interina de Delcy Rodríguez sería el resultado de un pacto acordado en el que Washington ejerce control sobre las ventas y los ingresos petroleros venezolanos a cambio de una estabilidad supervisada. El tamaño del compromiso quedó en evidencia en la respuesta al sismo.

Estados Unidos destinó 150 millones de dólares en asistencia, que luego incrementó a 300 millones de dólares, entre otros recursos destinados. Esta cifra contrasta con los nueve millones de dólares aportados a causa del terremoto de Myanmar el año pasado.

.@FoxNews: "The State Department also announced today that they are increasing the financial commitment in humanitarian aid to $300 million." pic.twitter.com/TjZkzrh1JC — Department of State (@StateDept) June 30, 2026

La desproporción de la reacción de Washington ante estos dos casos ha mostrado una “cara positiva” de la llamada “doctrina Donroe”, la reversión de Donald Trump a la vieja doctrina Monroe de Estados Unidos basada en la idea de que toda América es su zona de influencia exclusiva.

El plan estadounidense para Venezuela -según consignó The Economist- constaría de tres etapas: estabilización, recuperación y transición. La idea es que la estabilización y la recuperación (tanto de la economía venezolana como de sus instituciones) se lleven a cabo mientras Rodríguez sea presidenta interina. La tercera etapa, la transición, requiere elecciones democráticas. Sin embargo, hasta la fecha no se ha establecido un calendario para este proceso, y los terremotos podrían servir de pretexto para retrasarlo aún más. Esto, sostienen los analistas, le convendría al régimen, que no goza de un apoyo ciudadano mayoritario.

Sobre esto, la académica de la Universidad Johns Hopkins tiene sus matices. “Delcy Rodríguez y otros del gobierno venezolano han cooperado plenamente con la administración Trump para enfocarse en las prioridades de Estados Unidos. El principal interés ha sido abrir el país a la inversión norteamericana en el sector petrolero, gasífero y minero”, precisa.

Mientras esa cooperación se mantenga, agrega, no habría intención por parte de EE.UU. de forzar un cambio de gobierno. “Hasta ahora no hemos visto mayor presión para una transición democrática. Y no la habrá en la medida en que el gobierno de Delcy Rodríguez coopere con estos intereses económicos”, observa la profesora de Johns Hopkins.

Sin embargo, esta idea no ha permeado hacia la población. “El cambio no ha llegado abajo, que es lo más importante”, sostiene Cassoni. “El tutelaje (de EE.UU. en Venezuela) solo ha servido para vender una cierta apertura económica de transacciones internacionales, pero todavía no se ha traducido en beneficio a la población”, plantea.

Debido a esto, se anticipa una crisis inminente. “Con María Corina (Machado) o sin ella, la gente va a empezar a salir una vez que termine el levantamiento de los cadáveres”, proyecta.

La lídera opositora venezolana, María Corina Machado, junto al secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio. Foto: archivo

Arnson interpreta, en cambio, que la prioridad de Washington es otra. “Lo que más interesa a Estados Unidos es la estabilidad, y la recuperación económica es parte de ese proceso de estabilización”, afirma. En ese orden de cosas, la exclusión de la líder opositora María Corina Machado -a quien la administración Trump no vería con buenos ojos- respondería a la conveniencia de mantener un gobierno que se ha mostrado dispuesto a contribuir con la administración Trump.

Una eventual presión por una transición, concluye la académica estadounidense, solo llegaría “en caso de que el gobierno de Delcy Rodríguez deje de cooperar, o de que la crisis se agudice”.

Para Capriles, lo evidente es que el actual Ejecutivo venezolano está en un proceso del cual todavía no se ha podido definir. “Es un gobierno de transición, pero no necesariamente hacia la democracia que todos queremos. Está tutelado por Estados Unidos y ni siquiera sabemos cómo caracterizarlo”, apunta.

A su juicio, el chavismo “ya pagó el costo político de cometer fraude y mantenerse en el poder en 2024” y ahora busca “controlar el resultado de la transición para evitar la retaliación política”. Y la única salida -recalca la analista- sería mediante acuerdos. La transición “no se hace sino mediante una negociación. Los chilenos saben lo largo que fue la negociación con la dictadura”, concluye la analista venezolana.

Fuente: La Tercera

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