Santiago 24 de junio 2026. Fiscalia Occidente somete a control de detencion y formalizacion a implicados en muerte de nino de 12 anos de edad, tras ser arrastrado en una encerrona en San Bernardo Dragomir Yankovic/Aton Chile
Franco Espinoza era uno de los goleadores del club de fútbol amateur Haras Los Cóndores de San Bernardo. En 2023 llegó al plantel, como delantero, impulsado por las ganas de buscar más exigencia deportiva, además de la cercanía que tenía con miembros del cuerpo técnico. Uno de ellos consideraba a Espinoza como parte de su familia: lo había visto crecer desde pequeño en el barrio 5 Pinos. Las arengas en el camarín antes de cada partido se convirtieron en un rito para el joven de 23 años. “En los encuentros difíciles decía que había que enfrentar todo como equipo, que los muchachos no estuvieran alegando, que no estén ganando tarjetas injustificadamente, no pelear con el árbitro”, cuenta uno de los integrantes del equipo que prefiere reservar su identidad por seguridad.
La vida de Espinoza siempre estuvo ligada al fútbol. A los ocho años jugó sus primeros partidos en la cancha de 5 Pinos con la camiseta del club Faro Carbomet de Nos, una organización social que acerca el deporte a los vecinos desde hace 83 años. Ahí forjó un fuerte lazo con una dirigenta del equipo que lo llevaba a los paseos, completadas, bingos y partidos de visitantes. Por eso él la llamaba su “mamá de la cancha”. El joven estuvo en el club Faro hasta que cumplió 20, cuando decidió cambiarse a Los Cóndores.
Partido del Club de Fútbol El Faro, donde jugaba Franco Espinoza.
En mayo de este año los dos equipos se enfrentaron. En el club de Nos recibieron a Espinoza con abrazos y bromas sobre cuándo volvería donde su familia. “Él se reía y me respondía que ya pronto”, recuerda la directiva, que prefiere no revelar su nombre.
El fútbol había sido su refugio después de que su padre fuera asesinado a tiros en su casa. El 16 de diciembre de 2017, el cuñado de Espinoza le disparó en el pecho tras una discusión. Estuvo hospitalizado un mes antes de morir. Su madre, que trabaja como auxiliar de aseo, debió hacerse cargo sola de su hijo, que entonces tenía 14 años. Al año siguiente del asesinato de su padre, Espinoza se graduó de 8° básico de la Escuela 5 Pinos con apenas un 48% de asistencia. Hasta ese momento nada en su vida indicaba que, ocho años después, sería él quien estaría formalizado por homicidio.
No muy lejos del colegio, a algo así como 20 minutos a pie, está el barrio Las Palmeras. Ahí crecieron varios de los que acompañarían a Espinoza ese 23 de junio en San Bernardo. A.C., de 17 años, y Jorge López de 18, eran vecinos. Sus casas se encontraban a 400 metros de distancia. La de Damián López de 21 años, también estaba cerca. El que más lejos vivía era Luis Nuñez, que cumplió la mayoría de edad en febrero. Él creció en Melipilla.
El caso de J.P.V., de 17 años hoy, era distinto. Vivía a una cuadra de Espinoza y estaba matriculado en el mismo colegio. Aunque tampoco iba mucho a clases: en primero básico solo alcanzó un 58% de asistencia. A esa edad, no había mucho más que los uniera. El mismo 2023 en que Espinoza empezaba a ser reconocido como goleador en su barrio, J.P.V. se hacía de una fama distinta: en noviembre fue arrestado por primera vez y no por algo menor. Carabineros lo detuvo por el robo de un vehículo.
Tenía 14 años.
Malas juntas
La población 5 Pinos es una antigua zona rural en el margen oriente de San Bernardo. La componen un poco más de 500 casas cercadas por la línea del tren, que funciona como una frontera con el resto de la comuna. Sus vecinos históricamente se han manifestado por lo que denominan “el encierro” del barrio. Para ingresar a pie hay un paso subterráneo y una pasarela que conecta el pequeño sector con otras zonas de San Bernardo. Ahí viven familias obreras y de escasos recursos, pero también vecinos con una fuerte capacidad de organización.
La concejala del Frente Amplio Romina Baeza señala que en el barrio “existe un problema de infraestructura. Hay un área verde que tiene mantenimiento, pero que data de la década del 80. Hay una escuelita de enseñanza básica, tienen una sede vecinal grande y activa, donde se hacen varias actividades. Más allá de 5 Pinos, el problema del equipamiento es transversal”.
Al igual que en otras zonas del país, los vecinos ven cómo los menores de edad son consumidos por las adicciones y las drogas. Por lo mismo, la concejala destaca que “en 5 Pinos hay una red que quiere revertir estas situaciones. Sobre todo los clubes deportivos que lo que están haciendo es sacar a niños de la droga”.
Ese problema lo conoció de cerca la familia de Damián López, estudiante de comercio exterior en el Duoc UC de San Bernardo, hijo de un mueblista y una vendedora farmacéutica, solía tocar la batería en una banda con su padre. Se presentaban en bares y eventos. Sin embargo, lo que comenzó en la adolescencia como un consumo recreativo de marihuana terminó en una adicción más grande.
“Llegaba en la madrugada, se estaba juntando con mala gente y nosotros siempre le decíamos que no siguiera ese camino. Él tenía un estilo rockero y después cambió mucho. Nunca pensamos que era algo tan grave”, comentan los padres de López.
El momento más crítico del joven fue cuando desarrolló delirio de persecución. No quería que sus padres entraran a la casa y se encerraba en su habitación. Damián López permaneció poco menos de un mes internado en el Instituto Psiquiátrico Horwitz. Aunque seguía con su tratamiento clínico, el trastorno aumentó un día que llegó a su casa y vio que el auto que le habían regalado sus padres fue destruido por jóvenes con los que antes había peleado.
“Lo habían amenazado, le rompieron todas las ventanas. Nosotros nos preocupamos, pero ahí empeoró y un día llegó con una pistola para protegerse. Como papás le dijimos que no podía tener eso”, dicen sus padres.
Para la familia de J.P.V., en cambio, la violencia era parte de su cotidianidad. Cuatro de los hermanos del adolescentes tienen antecedentes penales: dos de ellos por tráfico de drogas.
“Es una familia que, por así decirlo, es la más problemática y violenta de la población”, relata un residente del sector que mantiene su identidad bajo reserva por temor a represalias. En 5 Pinos era común que J.P.V. atemorizara a los vecinos junto a sus hermanos mayores.
Espinoza aún estaba lejos de ese mundo. En 2024 ganó un campeonato con Los Cóndores sin ser expulsado ni amonestado ni una sola vez durante toda la temporada. Ese mismo año, J.P.V. tuvo una segunda detención por la receptación de un vehículo en San Bernardo. Carabineros ya había dado alerta de las conductas de riesgos de J.P.V. bajo el programa 24 Horas, que busca proteger de la captación de bandas a menores de edad. Además, el programa Lazos se acercó a la familia de J.P.V. Sin embargo, su entorno rechazó la intervención y firmó una constancia que estipulaba que estaba en conocimiento de los riesgos que enfrentaba su hijo.
La familia de A.C. fue distinta. Aceptó la ayuda y el menor inició su terapia psicosocial el 6 de junio de este año. En ese entonces ya registraba detenciones por robo con intimidación y receptación de vehículo. Mismos delitos que registraba Jorge López, que en ese momento figuraba inscrito en el Centro de Internación Provisoria Tiempo Joven. En 2025, cerca de 5.400 menores fueron intervenidos en San Bernardo con el programa Lazos: 1.270 corresponden a menores de entre 11 y 14 años. Fuentes que trabajan con estos casos dicen que el drama es justamente ese: la edad de menores que delinquen se está reduciendo cada año.
Aunque J.P.V. y Espinoza vivían cerca, los vecinos indican que nunca fueron cercanos, solo tenían en común el barrio y la cancha. Espinoza practicaba todos los domingos y J.P.V. rompía el cercado para juntarse con sus amigos o hermanos. Ese era el lugar que, varias veces, elegían para drogarse cuando empezaban su noche.
La muerte de Alejandro
En febrero de 2025, Espinoza fue padre. Por lo mismo, había decidido cambiarse de casa para vivir con su pareja en la zona norponiente de Santiago. Acudía pocas veces al barrio 5 Pinos: solo para los partidos, entrenamientos de su equipo y para visitar a su familia. Trabajó como reponedor y también había sido empleado para ayudar en la feria a uno de sus amigos.
Ese año, en cambio, J.P.V. hizo crecer su prontuario: en abril fue detenido por receptación de vehículo y robo con intimidación. En octubre sumó un robo con intimidación a sus antecedentes y dio otro paso. Creció su vinculación con otros sujetos mayores de edad, vinculados en diferentes delitos.
Ahí vino el giro que unió la vida de ambos: Espinoza tuvo que volver a la población cuando la reputación conflictiva de J.P.V. era conocida por todos los vecinos. Tras convivir un par de años con su pareja, al terminar la relación regresó a San Bernardo, a la casa de su infancia, donde vivía con su madre y hermano menor. Hasta ese momento era el único del grupo que no tenía antecedentes penales ni detenciones previas. En ese período es que comenzó a juntarse con J.P.V., que ya había formado una banda con la que delinquía por el sector.
Una de esas tantas noches se repitió el 23 de junio. Espinoza junto a Núñez, A.C., Jorge López y Damián López, se reunieron en la casa de uno de ellos, consumieron pastillas y pasaron por una botillería. Luego caminaron hasta una bencinera. Ahí asaltaron a los bomberos y golpearon a un conductor para robar su vehículo, que fue conducido por el joven de 23 años.
Santiago, 23 de junio de 2026. Menor de 12 anos fallece tras encerrona sufrida a su familia en sector Catemito en San Bernardo, al ser arrastrado varios kilomentros luego de intentar escapar y enredarse con el cinturon de seguridad Labocar pericia el vehiculo abandonado en Portales en la misma comuna Diego Martin/Aton Chile DIEGO MARTIN/ATON CHILE
La Fiscalía sostiene que este modo de operar era habitual para los seis jovenes: coordinarse por WhatsApp para robar algún vehículo, repartir el botín y gastarlo en zapatillas y drogas.
Luego de asaltar la bencinera, golpearon y le robaron sus pertenencias a un carabinero que se encontraba de franco. En ese momento Damián López habría regresado a su casa y J.P.V. ya se había unido al grupo. El tercer delito ocurrió a eso de las 1.15 horas. El grupo le hizo una encerrona a un Peugeot rojo que se había detenido en la intersección de Presidente Jorge Alessandri con Av. El Barrancón. Obligaron a la conductora a bajarse del vehículo, lo mismo hizo su acompañante, pero el menor que iba atrás, Alejandro Águila, de 12 años, no logró salir.
Su cuerpo quedó atrapado entre el exterior del vehículo y el cinturón de seguridad. J.P.V., que conducía el auto rojo, lo arrastró por casi tres kilómetros.
Acorde al Ministerio Público, sabían que alguien había quedado en el vehículo robado. Según las declaraciones de los jóvenes que iban en el auto blanco, habían comentado: “Parece que está arrastrando algo”. Luego lo entendieron: “No. No es algo, es alguien”.
La tragedia conmocionó al país durante días y reabrió el debate sobre la responsabilidad penal adolescente. La primera pista que se hizo pública fueron las imágenes del robo a la bencinera. En ellas los vecinos reconocieron rápidamente a Espinoza y J.P.V. Un cercano al círculo de Espinoza comenta que cuando vio el video, recordó las veces que lo veía en la esquina junto al joven de 17 consumiendo drogas.
Santiago 24 de junio 2026. ****SRES EDITORES POR ORDEN DEL JUEZ NO SE PUEDE MOSTRAR EL ROSTRO DE MENORES ****** Fiscalia Occidente somete a control de detencion a complicados en muerte de nino de 12 anos de edad, tras ser arrastrado en una encerrona en San Bernardo Dragomir Yankovic/Aton Chile DRAGOMIR YANKOVIC/ATON CHILE
El GOPE, helicópteros y funcionarios especiales no demoraron mucho en desplegarse por el barrio 5 Pinos. El registro de cámaras, huellas digitales en los vehículos e interceptaciones telefónicas fueron claves en la detención de los sospechosos. Horas después del homicidio de Alejandro Águila ya estaban detenidos la mayoría de los involucrados. Jorge López fue el único que voluntariamente se entregó a Carabineros, mientras que la mamá de A.C. dio aviso a las psicólogas que atendían a su hijo en el programa Lazos: cuando vio la noticia estaba segura de que él había estado ahí.
Los seis jóvenes fueron formalizados por robo con homicidio, uno de los delitos más graves bajo la ley chilena. Sus penas van desde los 15 años y un día de cárcel hasta cadena perpetua. Los mayores de edad esperan el desarrollo de la investigación en un módulo de baja-media complejidad al interior del penal Santiago 1, y los menores de edad se encuentran en el Centro de Internación Provisoria de San Joaquín.
Espinoza es el único que no ha recibido visitas de sus parientes directos, al menos hasta esta semana la familia no se había acreditado para visitarlo. La única visita que ha recibido es la de su expareja.
No todas las detenciones causaron lo mismo en el barrio.
Un dirigente vecinal comenta que “todos sabíamos que J.P.V. iba a terminar así, igual que sus hermanos. Lo que nos sorprendió fue ver a Franco en las noticias. Nadie se esperaba esto”.
Fuente: La Tercera