“Todos los días desde que llegué a Ucrania tengo miedo de morir”, dice Camila Jofré, una chilena de 33 años, que ahora se encuentra a cargo de una enfermería de un batallón en Ucrania. “Tengo tres hijos y un esposo que me están esperando en Chile y me queda hasta agosto aquí, así que estamos rezando para que en este tiempo no me pase nada y pueda volver tranquila”, cuenta en conversación telefónica con La Tercera.
Jofré comenzó su carrera en el Ejército de Chile, donde permaneció hasta diciembre de 2025 como enfermera de combate, y tras ser dada de baja decidió buscar trabajo, por lo que ir hacia Ucrania le pareció una buena oportunidad. “Mi esposo, que también es militar, me dijo: ‘Anda, yo te apoyo, te va a servir para hacer lo que tú sabes hacer’. Acá yo he puesto en práctica para lo que me entrené estos 15 años y, además, me ha permitido tener una entrada económica parecida a la que tenía en Chile”, explica.
Fue así como comenzó a buscar cómo llegar hasta Ucrania y finalmente en enero de este año llegó hasta la ciudad de Ternopil, ubicada en el oeste del país. “Me presenté en el centro de reclutamiento y ahí automáticamente a ti te acogen súper bien, con los brazos abiertos, me dieron las gracias por venir a defender su país y me prestaron alojamiento, comida, salud, todo gratis. O sea, yo todavía no firmaba contrato y ya tenía alojamiento, comida y todo. Me demoré cuatro días en hacer mi papeleo, firmar el contrato y me fui a la unidad que yo elegí, que era la de drones”, detalla.
La joven, que pertenece a la Unidad 425 Skelya, explica que, aunque no habla inglés, se comunica usando el teléfono gracias a la conectividad que hay en el país, que es buena. “Con el paso de los días ya uno aprende muchas palabras. En el área de enfermería, por así decirlo, se me ha hecho un poco más fácil, porque los medicamentos tienen nombres parecidos. Por ejemplo, la amoxicilina en ucraniano se dice amoksytsylin. Entonces obviamente en esas cosas se me ha hecho un poco más fácil”.
“Acá la verdad es que estoy haciendo algo que en Chile jamás me permitirían hacer. Estoy a cargo de la enfermería de un batallón completo de drones y hago de todo, O sea, sutura, anestesia, diagnóstico, tratamiento, todo. Básicamente, es como un médico cirujano. Pero yo solo soy enfermera. En Chile, por ejemplo, los enfermeros de combate estamos capacitados para eso. A mí en la Escuela de Suboficiales me capacitaron para suturar, me capacitaron para hacer RCP, para administrar medicamentos endovenosos. Lo que pasa es que por ley de salud, nuestra homologación es de tens, y no podemos administrar medicamentos endovenosos, no podemos hacer sutura, pero los enfermeros militares están como en una especie de grado intermedio. Porque en combate, en campaña, no está el médico”, cuenta.
Jofré relata que cada día es diferente y que las personas que atienden tienen distintas necesidades. Por ejemplo, puede atender a alguien con bronquitis y el siguiente paciente es una persona sin una mano.
“Uno tiene claro que cualquier cosa puede pasar acá y uno tiene que actuar como para tomar medidas de salud prehospitalaria, de una emergencia. Si no lo haces tú que sabes un poco más que el soldado que está al lado, nadie lo va a hacer. Yo acá veo desde amputaciones, heridas por esquirla, que es lo que más daña. Eso es cuando llega un dron, cae una granada, cae un explosivo. No solamente emite, por así decirlo, fuego, sino que se desintegra y cada trozo de metal sale disparado hacia todos lados a la redonda. Entonces cada esquirla produce mucho daño. Y acá tenemos de todo, hay días que son más tranquilos, otros que son caóticos. Hay días en que atiendo a 15 personas en el día y otros días que atiendo a 50, es muy variado”, agrega.
Siendo mujer en el frente
Desde el inicio de la guerra de Rusia en Ucrania, las mujeres soldado han desempeñado un papel crucial en la defensa de su país. Más de 70.000 mujeres sirven en el Ejército ucraniano, lo que representa aproximadamente el 7% de las Fuerzas Armadas del país. Se estima que 10.000 de ellas operan en primera línea como médicas, francotiradoras, conductoras de tanques y, cada vez más, operadoras de drones.
Ucrania modificó la ley en 2018 para otorgar a las mujeres igualdad de derechos en las Fuerzas Armadas y permitirles servir en todos los roles de combate. El servicio militar obligatorio no se aplica a las mujeres. Todas las mujeres en el Ejército ucraniano son voluntarias. En los años transcurridos desde la invasión rusa a gran escala en febrero de 2022, las mujeres soldado han alcanzado los rangos más altos del Ejército ucraniano.
Jofré junto a otra joven colombiana, que es instructora de drones, son las dos únicas mujeres en su unidad. “La cultura ucraniana es muy respetuosa. Es como chapada a la antigua. Por ejemplo, cuando estamos en un grupo de hombres, ellos saludan de la mano y a las mujeres solo un hola desde lejos. No existe el beso en la cara, no existe el abrazo, no existe el apretón de mano. Cuando ya hay un poco más de confianza entre conocidos, se saluda de la mano a las mujeres. Yo me he sentido súper respetada, me he hecho respetar igual. Nosotros acá tenemos letrinas y nos hicieron un baño solamente para nosotras dos y para las dos chicas ucranianas, que son civiles, que atienden el negocio, el quiosquito que hay. Y en cuanto al combate, la chica colombiana ha ido a misión, pero los dronistas no van a trincheras ni asalto. Ellos están como a uno o dos kilómetros del frente, que es donde ella ha tenido que trabajar, y en mi caso, mi trabajo es solo entrar y salir. Entonces, el riesgo es grande, porque entrar y salir de posición es lo más riesgoso, porque ahí es donde ocurren los ataques de drones. Pero yo no me mantengo en ese peligro por mucho tiempo”, relata.
La joven señala que la guerra en Ucrania es diferente a lo que alguien se puede imaginar. Por ejemplo, no hay un regimiento establecido del que todos conozcan su lugar. “Acá los militares tratan de pasar lo más desapercibidos posible, porque hay mucha inteligencia. Entonces acá las unidades tienen muchas dependencias en muchas partes, en ciudades, bosques, campos, de todo. Yo he estado en varias partes. Actualmente, por ejemplo, estoy en una parte con una carpa y una especie de campamento. Pero hace un par de semanas estaba en un edificio con pieza sola y baño propio. Va variando mucho”.
Jofré también se refiere a los riesgos de su trabajo. “Llegan amenazas. De hecho, nosotros nos vinimos para acá porque la localidad anterior fue bombardeada completamente y ya no existe. Gracias a Dios alcanzamos a salir antes de que empezara el bombardeo y por eso nos vinimos para acá. Ahora me llegan heridos, pero también en este lugar hay entrenamiento”, explica.
“Me ha tocado salir corriendo, porque los drones pasan por encima de nosotros y no son drones FPV, sino que son los Shaheds, que son más peligrosos. Acá en Ucrania uno descarga una aplicación que avisa cuando se viene un ataque. Aunque también los guardias nos avisan, y si estamos durmiendo nos golpean la puerta y tenemos que salir. Pero yo tengo el ruido del motor grabado en mi cabeza, es como una cortadora de pasto. Despierto antes, y ya me estoy colocando las botas cuando me están golpeando que hay que salir”, señala.
La tens cuenta que muchos de los extranjeros que van a Ucrania llegan con expectativas que no se ajustan a la realidad. “Acá llega de todo y, por lo general, son personas que siempre quisieron ser militares o quisieron ser uniformados y por cosas de la vida no pudieron. Ellos vienen para acá con una idea de una guerra de película norteamericana y que van a estar en un campamento vivac y no es así”, explica.
“Después que reciben entrenamiento, les toca ir a misión y les da miedo y no quieren ir. El tema es que el Ejército ya invirtió en ellos, ya les dio la indumentaria completa, ya les dio alojamiento y comida por dos meses, por dos meses mínimo. Y aparte les están pagando el sueldo. Entonces, ¿cómo no vas a ir? Aquí los ucranianos son exigentes y te obligan, y ahí es donde ellos alegan y hacen videos pidiendo ayuda. Hay mucho civil que idealiza la guerra, vienen con otras expectativas y muchos llegan aquí exigiendo cosas. Y aquí nosotros somos los extranjeros, nosotros somos los inmigrantes, no podemos llegar exigiendo cosas. Ellos son muy agradecidos de los latinos. Nosotros, por ejemplo, tenemos la posibilidad de tener nuestros teléfonos, algo que los mismos ucranianos no tienen, a ellos se los entregan solamente dos horas diarias para que se comuniquen con su familia. A nosotros no nos quitan nada, todos tenemos nuestro pasaporte”, concluye.
Fuente: La Tercera