Por años fue uno de los misterios del rock & roll ¿qué pasó con el bajo robado a Paul McCartney? el Höfner 500/1, ineludible parte de la imagen de los Beatles junto con los anteojos redondos de Lennon, parecía haber desaparecido en la noche de los tiempos.
Y justamente, cuando pareciera haberse contado todo sobre el universo de los Fab Four, un reciente documental de BBC, McCartney: the hunt for the loss bass -por ahora solo disponible en iPlay en UK-, ahonda en la historia y suma el capítulo final; la campaña global The Lost Bass Project y el hallazgo del bajo en un ático en Inglaterra.
El bajo original, el clásico con forma de violín fue adquirido por el joven McCartney en la tienda Steinway Musikhaus en Hamburgo. Pagó el equivalente a 30 libras por él; había decidido tomar el puesto de bajista tras la partida de Stuart Sutcliffe del grupo. Eran los días antes de la fama, en que los Beatles se fogueaban tocando en bares de marineros en extensas presentaciones nocturnas estimuladas con cerveza y anfetaminas.
Rock & roll en el puerto. The Beatles en los días del Cavern Club.
Con ese instrumento de sonido maderoso McCartney grabó el material inicial de The Beatles; suena en el disco debut Please, please, me y en singles como Love me do, From me to you, She loves you. Desde octubre de 1963 pasó a ser su bajo de apoyo pues Höfner le entregó un modelo renovado del 500/1 el que utilizó hasta su reemplazo por el Rickenbacker 4001 en 1965.
Como sea, Paul sacó de su caja el 500/1 original en algunos momentos específicos, como el famoso clip de Revolution rodado en 1968 por Michael Lindsay-Hogg. También lo usó en enero de 1969 durante las sesiones para el proyecto Get Back entre los estudios Twickenham y Apple.
La última pista sobre el bajo es que había sido robado en 1972 desde la camioneta con el equipo de Wings. Era hasta entonces un episodio más cargado de mitología que de realidad. Pero en 2023, Nick Wass, entonces director de medios y marketing de Höfner, lanzó la campaña #tracethebass para localizar y devolver el icónico instrumento.
El nuevo documental se sostiene en buena parte en esa historia. Wass recibió varias pistas y poco a poco las piezas comenzaron a encajar. “Nos contactó Ian Horne, un antiguo técnico de sonido de Paul -contó a GuitarWorld-. Él estaba allí cuando robaron el bajo el 10 de octubre de 1972. Eso fue importantísimo: por fin supimos exactamente cuándo lo habían robado”.
Otro de los correos era del paramédico Steve Glenister, que había oído una historia sobre el bajo que acabó en un pub de Ladbroke Grove. Resultó que en realidad fue su padre quien robó el bajo y se lo dio a Ronald “Ron” Guest, el propietario del pub Admiral Blake en Ladbroke Grove.
Por aquel entonces se trataba de un barrio agitado. En la reseña de The Guardian sobre el documental, aportan algunas claves. “En aquellos tiempos, Ladbroke Grove era un barrio contracultural bastante animado, un lugar de anarquistas, traficantes de drogas, okupas y gente explotada por caseros sin escrúpulos”.
Con los años, el bajo se guardó como una suerte de reliquia familiar y acabó en la casa de uno de los hijos de Guest en Hastings. Cuando se enteraron de la campaña de búsqueda, revisaron en su ático y notaron que aquel viejo bajo de los setenta que tenían era idéntico al que se buscaba.
Tras un proceso que derivó en una revisión del jefe técnico de McCartney se inició la restauración del bajo para devolverlo al ex Beatle. Allí entró en escena el técnico Martin Harrison. Su apreciación inicial sobre el estado del instrumento no fue demasiado halagüeña. “Era un verdadero desastre -dijo a GuitarWorld-. El mástil estaba agrietado y partido, tenía las clavijas de afinación equivocadas y las pastillas no funcionaban. Así que nos pusimos manos a la obra para restaurarlo".
Fue entonces que Sir McCartney -hoy de 83 años- se reencontró, por fin, con aquel bajo que adquirió siendo un veinteañero que intentaba abrirse paso en el rock&roll. Al escuchar el “clic” de aquel estuche antiguo, como el eco de un tiempo lejano, el hombre de Yesterday no puede ocultar su alegría. “¡Guau!¡aquí está!“.
Fuente: La Tercera