Fue un ruido seco el que se escuchó la noche del 14 de abril de 1865. Ese día, quienes asistieron al Teatro Ford de Washington D. C. a ver la obra Our American Cousin, de Tom Taylor, sintieron el estruendo causado por un disparo que el actor John Wilkes Booth descerrajó al presidente Abraham Lincoln.
El New York Times (NYT), por entonces un activo periódico fundado en 1851, parte del naciente ecosistema de los medios de EE.UU., lo contó así: “Esta noche, alrededor de las 9:30 p. m., en el Teatro Ford, el Presidente, mientras se encontraba en su palco privado con la Sra. Lincoln, la Sra. Harris y el Mayor Rathburn, fue baleado por un asesino que entró repentinamente al palco y se acercó por detrás del Presidente”.
“El asesino saltó entonces al escenario blandiendo una gran daga o cuchillo y escapó por la parte trasera del teatro. La bala de pistola entró por la parte posterior de la cabeza del Presidente y casi la atravesó. La herida es mortal. El Presidente ha estado inconsciente desde entonces y se encuentra en estado crítico”.
El hecho ocurrió pocos días después del último acto de la guerra civil estadounidense, cuando el general del Ejército de Virginia del Norte, Robert E. Lee, rindió sus tropas ante el general Ulysses S. Grant. Fue la famosa entrevista del Juzgado de Appomattox. A partir de ahí, la guerra de Secesión había terminado sellando la derrota de los confederados, bando del que justamente era simpatizante John Wilkes Booth.
El NYT cuenta que ese día, en la tarde Lincoln tuvo una junta con sus ministros, la última de su vida. “En una reunión de gabinete a la que asistió el general Grant, se discutió la situación del país y la perspectiva de una pronta paz. El presidente se mostró muy animado y optimista, y habló con gran benevolencia del general Lee y de otros miembros de la Confederación, así como del establecimiento del gobierno en Virginia”.
Desangrándose, Lincoln fue trasladado a una casa cercana al teatro Ford. Entre tanto, se iniciaron las pesquisas para dar con el paradero del tirador, y al parecer fue bastante rápido, porque en su edición del 15 de abril, el NYT ya lo informaba: “Se ha determinado con bastante certeza que dos asesinos participaron en el horrible crimen: WILKES BOOTH, quien disparó al Presidente, y un acompañante suyo, cuya identidad se desconoce, pero cuya descripción es tan clara que difícilmente podrá escapar. Según una carta encontrada en el baúl de BOOTH, el asesinato se planeó antes del 4 de marzo, pero se frustró porque el cómplice se retiró hasta que se supiera algo de Richmond. Booth y su cómplice estuvieron en la caballeriza a las 6 de la tarde de ayer y se marcharon con sus caballos alrededor de las 10, o poco antes. Parece que llevaban varios días buscando su oportunidad, pero por alguna razón desconocida no la aprovecharon hasta anoche. Uno de ellos, evidentemente, se dirigió a Baltimore; el otro aún no ha sido localizado”.
Tras agonizar toda la noche, el presidente Abraham Lincoln falleció al amanecer del 15 de abril de 1865. El hombre que había defendido a la democracia como “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” dejaba de existir. Así lo informó el NYT: “Abraham Lincoln falleció esta mañana a las siete y veintidós minutos”. Y luego, siguiendo el protocolo, se notificó oficialmente al vicepresidente, Andrew Johnson, quien debía asumir la vacante del primer mandatario: “Esta mañana, los jefes de departamento notificaron oficialmente el fallecimiento del expresidente Abraham Lincoln a Andrew Johnson, vicepresidente, a quien la Constitución le confirió la presidencia. Tras recibir la notificación, el Sr. Johnson compareció ante el Honorable Salmon P. Chase, presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, y prestó juramento como presidente, asumiendo así sus deberes y funciones”.
En el mundo, la noticia causó reacciones y el NYT las recogió, así se puede ver en el Archivo del periódico. “Del London Times, 29 de abril: ”En toda América, tal vez no hubo un solo hombre que mereciera menos ser víctima de esta revolución que aquel que acaba de caer. No hizo nada para agravar la disputa; salvo conceder la independencia exigida por el Sur, hizo todo lo posible por prevenirla o acortarla. Reconoció que su gran deber era preservar la Unión y, cualesquiera que sean las opiniones que se tengan en este país sobre la guerra y su política, nadie puede decir que tal principio no fuera apropiado para el Presidente de la república".
“Del Spectator, 27 de abril. El Norte ha perdido con el Sr. Lincoln una ventaja organizativa siempre valiosa, pero aún mayor en una democracia: un gobernante cuyo poder se basaba en las leyes, pero que en la práctica era casi absoluto. El Sr. Lincoln asumió desde el principio un alto grado de responsabilidad como representante electo”.
“Dios está de nuestro lado”
El día 19 de abril, el NYT informó acerca de los funerales del mandatario en Washington. Eran las primeras exequias que el gigante del norte tenía de un presidente asesinado (luego vendrían Garfield, McKinley y Kennedy).
“Las solemnes e imponentes ceremonias fúnebres del día han concluido, y en cuanto a triste sublimidad y grandeza moral, el espectáculo ha sido el más impresionante jamás presenciado en la capital del país. La unanimidad y la profunda emoción, el decoro, el buen orden y el éxito absoluto de todos los preparativos, así como la solemne dignidad que impregnó a todas las clases sociales, marcarán las exequias de ABRAHAM LINCOLN como el mayor homenaje jamás ofrecido a los difuntos en este continente. El día ha sido agradablemente cálido y agradable, lo que contribuyó a aumentar la multitud de espectadores, que fue, con mucho, la mayor que jamás haya llenado las calles de la ciudad”.
“A las ocho de la mañana, la gente comenzó a abarrotar la avenida, y a las once miles se habían congregado en las inmediaciones de los departamentos y la residencia presidencial. Una fuerte guardia de caballería mantuvo despejada la avenida, entre las calles Quince y Decimoséptima, para facilitar la formación de la procesión, aunque muchas de las asociaciones tuvieron que esperar durante horas en las calles laterales. Los preparativos del comité se llevaron a cabo con una precisión y una comodidad mucho mayores de lo habitual en ocasiones de esta magnitud. Nadie podía entrar en los terrenos de la residencia presidencial salvo quienes contaban con entrada, suficientes, sin embargo, para llenar el gran salón este, donde yacía el cuerpo. Se pretendía que la asistencia a los servicios funerarios fuera de gran prestigio, y este objetivo se cumplió con creces”.
Funerales de Abraham Lincoln.
“Alrededor de las once, las distintas distinguidas organizaciones y comités comenzaron a llegar y a ocupar sus respectivos lugares en el salón este. Esta sala ya ha sido descrita en el TIMES, pero desde ayer se habían erigido varias filas de asientos bajos, o lugares para estar de pie, elevados unos sobre otros, lo justo para que todos tuvieran una buena vista, en el lado este y en ambos extremos de la sala, y todos cubiertos con muselina negra. En el lado oeste de la sala, contra la puerta que daba al pasillo principal, se colocaron quince sillas, todas cubiertas con telas, que el secretario HARRINGTON, del Comité Organizador, había reservado especialmente para uso de la prensa, una cortesía tan cuidadosamente organizada que suscitó el elogio de todos los representantes presentes. Esta gran sala este presentaba un aspecto solemne; estaba decorada completamente de negro. Todo brillo y color alegre, salvo en la alfombra bajo nuestros pies, había sido cubierto con el emblema del duelo. El único respiro de la lúgubre penumbra que lo envolvía todo eran las fajas de seda blanca de los alguaciles y los comités, la rica ornamentación de plata del ataúd y las hermosas japónicas blancas, rosas y hojas verdes que perfumaban al difunto como incienso”.
El reverendo Dr. Gurley de la Iglesia Presbiteriana de la Avenida Nueva York, donde el difunto Presidente había asistido a misa, pronunció el sermón en el cual comenzó a trazar la leyenda del mandatario. “Su gestión, desde el principio hasta el final, se caracterizó por un resplandor absoluto. Dios lo eligió para una misión grandiosa y gloriosa, lo capacitó para su obra y lo ayudó a cumplirla. No solo lo capacitó con fortaleza mental, honestidad de corazón, pureza y perseverancia. Además, le infundió una confianza serena y firme en la providencia divina y en el triunfo final de la verdad y la justicia mediante el poder y la bendición de Dios. Esta confianza lo fortaleció en todos sus momentos de angustia y sufrimiento, y lo inspiró con una esperanza serena y reconfortante cuando otros se inclinaban al desaliento y la tristeza”.
“Jamás olvidaré el énfasis y la profunda emoción con que dijo en esta misma sala, a un grupo de clérigos y otras personas que vinieron a presentarle sus respetos en el día más oscuro de nuestro conflicto civil: ‘Caballeros, mi esperanza de éxito en esta gran y terrible lucha se basa en ese fundamento inmutable, la justicia y la bondad de Dios, y cuando los acontecimientos son muy amenazantes y las perspectivas muy sombrías, sigo esperando que de alguna manera que el hombre no puede ver, todo saldrá bien al final, porque nuestra causa es justa y Dios está de nuestro lado’“.
Tras avanzar por las avenidas principales de Washington, incluyendo la Avenida Pensylvania, los restos fueron trasladados al Capitolio, así lo informó el NYT. “Los restos mortales reposan en capilla ardiente en el Capitolio hasta el viernes por la mañana, a las 8 en punto, cuando partirán hacia el norte”.
La idea, según se indicó en la prensa, era trasladar los restos desde Washington a Springfield, Illinois, estado por el cual había sido representante en el Congreso. En principio se estableció una ruta: Baltimore, Harrisburg, Filadelfia, Nueva York, Albany, Buffalo, Cleveland, Columbus, Indianápolis y Chicago hasta Springfield, pero luego, esta se modificó. “La ruta se ha acortado ligeramente con respecto al programa publicado esta mañana, a petición de la Sra. Lincoln, quien finalmente ha accedido a que continúen su viaje a Filadelfia y Nueva York. Permanecerán en capilla ardiente en Filadelfia durante el domingo y llegarán a Nueva York el lunes por la mañana, a las 7 en punto, donde permanecerán hasta el martes”.
En tanto, tras cometer su delito, el asesino John Wilkes Booth arrancó con rumbo a Virginia. Ahí, encontró refugio en el rancho de la familia Garrett cerca de Port Royal . Sin embargo, fue detectado al amanecer del 26 de abril por soldados unionistas, quienes le intimaron rendición. Booth se negó, a lo que siguió una serie de disparos que acabaron con la vida del criminal. En sus últimos momentos, se le atribuye una frase que habría dicho mientras miraba sus manos: "Useless, useless!" (“¡Inútiles, inútiles!”).
Fuente: La Tercera