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La ruta del Danstar que activa el teléfono rojo de las cancillerías

La ruta del Danstar que activa el teléfono rojo de las cancillerías

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El jueves 29 de octubre -cuando ya habían amainado los fuertes temporales que azotaron la zona centro-sur- zarpó desde el sitio N°7 de Valparaíso el buque Danstar. Un carguero de mediados de los 70, construido en Dinamarca, que reabrirá la ruta marítima comercial hacia las Malvinas -interrumpida desde 2011- y que se ha convertido en el foco de un nuevo roce geopolítico.

Argentina mira con recelo que Chile facilite el abastecimiento a las islas en disputa con el Reino Unido, que reclama como propias. Mientras que en Chile hay sectores que empujan de manera activa mayores demostraciones de soberanía en la zona del Estrecho de Magallanes.

Los registros de la bitácora de la nave, operada por Easter Island Naviera, con capacidad para transportar 1.389 toneladas, eran claros: debían recalar este lunes en Punta Arenas, después de 11 días de navegación.

Pero los planes se alteraron.

Una escala técnica en Ancud aplazó su llegada -en principio- para este miércoles. Todo, en medio de una fuerte expectación ante voces transandinas -entre ellas el perito naval argentino Fernando Morales-, que han planteado interceptar, detener y/o multar a la embarcación cuando inicie en diciembre su viaje inaugural hacia Puerto Stanley o Puerto Argentino.

El asunto genera tensión.

El diagnóstico a uno y otro lado de la cordillera es que el episodio somete a una exigente prueba diplomática a los gobiernos de José Antonio Kast y Javier Milei, mandatarios que comparten sintonías políticas similares, pero que están inmersos en contingencias internas y presiones que deben manejar.

A ello obedece que las cancillerías hayan activado el teléfono rojo para calmar los ánimos y, de paso, aplacar voces altisonantes.

Francisco Pérez Mackenna y Pablo Quirno mantienen una estrecha relación y comunicación directa por celular y WhatsApp. Aclaran dudas y posturas e incluso comparten las líneas gruesas de ciertas intervenciones públicas, confidencia un integrante de Relaciones Exteriores.

Un experto en el área internacional coloca el foco en un detalle: que no fue casual que Kast y Milei, y los ministros de Relaciones Exteriores de ambos países, se sentaran juntos en la reunión plenaria de la XXX Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno que acaba de concluir en Madrid.

“Las imágenes son importantes en diplomacia”, dice.

Un gesto que se evalúa relevante, ante un Milei que no teme demostrar en público sus desavenencias. Como lo demostró esta semana con el distante saludo al presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, con quien ha tenido varios altercados. Un episodio que se viralizó en redes.

En intramuros de Palacio se admite que la situación del Danstar ha sido monitoreada de cerca por Kast, vía reportes de las carteras involucradas.

La argumentación de Chile, en un lado del tablero, se fundamenta en que se trata de una actividad comercial privada y que cualquier intervención política para frenar la operación podría abrir cuestionamientos sobre la autonomía de los privados y los intereses económicos regionales.

En el otro extremo, Argentina está en medio de una ofensiva por la soberanía de las islas y una disputa con el Reino Unido, particularmente por el desarrollo del proyecto petrolero Sea Lion, impulsado por las compañías Navitas Petroleum y Rockhopper Exploration en la cuenca norte de las islas. De ahí que no se oculten temores a que la ruta pudiera ser usada para proveer de maquinarias a la construcción de esas instalaciones, cosa que Chile ha descartado a nivel nacional y local.

Unos 60 emprendedores pretenden llegar con sus productos a esa zona, en la que habitan, además, unos 200 chilenos.

“Se trata de insumos de consumo doméstico para las familias”, comenta el alcalde de Punta Arenas, Claudio Radonich, al sostener que la operación, “bajo ningún punto contraviene los tratados internacionales ni tampoco la Convención del Mar, que declara que el Estrecho de Magallanes es un paso inocente. Solo se va a retomar una ruta de abastecimiento comercial que no tiene relación con industrias pesadas”.

Pero lo que hay de fondo, según expertos internacionales, es que Kast no puede frenar proyectos que apunten a reactivar la actividad económica y el desempleo, dos áreas críticas en sus ocho meses de mandato, que junto a otras temáticas, como la rebaja de condenas a 56 condenados por violación y abuso de menores, han desplomado su popularidad en las encuestas. De hecho, el Imacec de septiembre solo subió un 0,2% y la cifra de desempleados superó la barrera del millón.

Observan, a su vez, que Milei -quien en el pasado ha sido criticado por veteranos de la guerra de 1982, por considerar que ha sido demasiado blando frente a la reclamación por las Malvinas- optó por reavivar un tema que une a los argentinos y que está siendo impulsado por sus detractores, en momentos en que se apresta a enfrentar un escenario electoral incierto en las presidenciales de octubre del próximo año.

Cada uno de esos elementos han estado en la mesa de análisis del Congreso.

“Preocupa que una situación de esta naturaleza pueda ser utilizada con fines políticos tanto en Argentina como en Chile. Las relaciones bilaterales hay que protegerlas siempre”, advierte el vicepresidente del Senado, Iván Moreira.

De la efusividad a las tensiones

El 3 de septiembre está marcado en el calendario como una fecha icónica en las relaciones bilaterales.

Ese jueves, el presidente Milei aterrizó por segunda vez en Santiago, para intervenir en el Foro Madrid y sostener una bilateral con el mandatario chileno.

La primera había sido en marzo, cuando en un viaje relámpago de 13 horas llegó a la capital directamente desde Nueva York solo para felicitar con efusividad a su “amigo”, como suele llamarlo, para el cambio de mando.

Pero el cuadro para estos dos líderes -afines ideológicamente- se había vuelto tenso.

Once días antes, el jefe del Estado Mayor y general de la Fuerza Aérea de Argentina, Gustavo Valverde, había agitado el avispero desconociendo la soberanía de Chile sobre el Estrecho de Magallanes, establecida en el Tratado de Límites de 1881 y el Tratado de Paz y Amistad de 1984.

“Lo otro que tenemos muy importante, como dijeron ustedes, Magallanes, el sur, el Mar de Drake, todo eso es soberanía, hay que mantener ahí, hay que hacer presencia, porque eso es una llave bioceánica Atlántico-Pacífico”, fueron las palabras que pronunció en una entrevista en “La fábrica del podcast”, el 23 de agosto.

La Cancillería chilena respondió con una nota de protesta, mientras los cuestionamientos a Valverde se hacían transversales.

“Sepan bien que a Chile se le respetan sus límites y fronteras, y no vamos a permitir, en ningún caso, que un general argentino, para tratar de figurar, venga a poner en entredicho nuestra soberanía”, planteó en esa oportunidad el diputado republicano Álvaro Carter, presidente de la Comisión de Defensa.

Mientras que, en tecla política, el frenteamplista Jorge Brito remarcaba que “nuestra soberanía no se negocia ni se relativiza. Presidente Kast: firmeza, no debilidad”.

Pero Valverde no había sido el único.

En abril se había armado otra polémica luego de que se viralizaran las declaraciones de otro alto oficial transandino, el contraalmirante Hernán Montero, jefe de Hidrografía Naval, por afirmar que “la boca de Magallanes es Argentina”.

En medio de ese revuelo, Kast viajó al Estrecho para presenciar los ejercicios Navy Day de la Armada, que se realizan todos los años.

Era algo programado con meses de antelación.

Pero la imagen del mandatario chileno a bordo de la fragata Capitán Prat, reafirmando la soberanía en esa zona, tiene otro lenguaje. Encaja -de acuerdo a un exembajador-, en la llamada “diplomacia de los gestos”.

“El Estrecho es chileno y Argentina no tiene ni tendrá jamás soberanía ni control sobre el Estrecho de Magallanes”, fue la sentencia de Kast a solo 24 horas del arribo de Milei.

El asunto solo se descomprimió luego de que ambos mandatarios ratificaran en una declaración conjunta que el régimen jurídico del Estrecho de Magallanes se rige por los tratados de 1881 y 1984, que “se encuentran plenamente vigentes y revisten carácter definitivo para ambos Estados”. Posición que Chile respondió reiterando su respaldo -tal como lo ha hecho desde principios de la década del 90- a los legítimos derechos de soberanía de Argentina sobre las Islas Malvinas.

Un punto quedó pendiente.

La derogación del decreto 457, promulgado bajo la administración de Alberto Fernández, que califica al Estrecho como un “espacio compartido” de exploración y control conjunto. Y el 256, de 2010, que impone autorizaciones previas para buques que transitan hacia las Malvinas o atraviesan aguas jurisdiccionales argentinas. Esto, a pesar de que el ministro de Defensa, Fernando Barros -quien sigue empujando la derogación de esos documentos-, anunció que tenía el texto listo y que solo faltaba la firma del gobernante transandino.

Las horas pasaron y esa misma noche se abrió otro flanco.

Apenas el presidente Milei regresó a la Casa Rosada interrumpió la programación con una cadena nacional para arremeter en contra del proyecto de extracción de petróleo británico Sea Lion, que calificó como un “saqueo ilegal” de los recursos naturales argentinos.

“No lo vamos a permitir. La Argentina no se quedará de brazos cruzados”, fue la advertencia que lanzó y que terminó impactando a Chile.

Las alertas

Al interior de Palacio no se oculta que la preocupación subió de niveles cuando en Argentina se empezaron a levantar voces en orden a que el Danstar debía ser interceptado, devuelto y/o multado en su tránsito hacia Puerto Stanley (Puerto Argentino), por parte de la Prefectura Naval o la Armada transandina.

Una inquietud que se acrecentó después de que diputados kirchneristas/peronistas presentaran en la Cámara de Diputados el proyecto de “Ley Anti Danstar”, actualmente en tramitación.

En el gobierno se admite que el tema fue evaluado a nivel interno, pues un incidente de esa naturaleza obligaría a La Moneda a activar una serie de protocolos diplomáticos, jurídicos y de seguridad, cosa que no quieren.

El propio expresidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle -un ferviente promotor en su mandato de las buenas relaciones con la Casa Rosada-manifestó su preocupación, haciendo ver que “la interceptación arbitraria de una nave chilena generaría una controversia y, en el ámbito diplomático, deterioraría innecesariamente nuestra relación bilateral”.

Todo en medio de un enjambre de declaraciones, que también empezaron a subir de tono en Chile.

No fue indiferente que el presidente del Partido Nacional Libertario, Johannes Kaiser, demandara -en la zona- que el carguero fuera escoltado por la Armada chilena.

Un emplazamiento que, para muchos, implicaría apagar el incendio con bencina.

La idea fue rechazada de plano por el excomandante en jefe de la Armada Jorge Arancibia. “¿Poner una escolta a título de qué? Esas son palabras mayores. Poner una escolta no solo es dar un paso más largo, que podría llegar a producir un enfrentamiento en alta mar, sino que también implica poner en duda la consistencia de los tratados de 1881 y de 1984″, afirma a La Tercera.

Kaiser no comparte esa lectura.

“Una escolta disminuye el riesgo de un incidente internacional, no lo aumenta, porque un abordaje tendría que hacerse necesariamente con violencia y eso implica cruzar un límite que no creo que nuestros vecinos estén dispuestos a hacer. En ese sentido, es más bien una medida preventiva que impide que las cabezas calientes de cualquier lado hagan de las suyas”, precisa.

Los mecanismos para enfrentar una eventual interceptación son variados entre los representantes por Magallanes en el Congreso.

El senador independiente Karim Bianchi es categórico en afirmar que se debe aplicar el principio de reciprocidad. “No queremos llegar a eso, pero si Argentina pretende interceptar un buque chileno, Chile podría hacer lo mismo con todos los buques de bandera argentina”, enfatiza.

El nudo no está ahí, de acuerdo a la visión del senador independiente Alejandro Kusanovic. “El gobierno de Milei no va a detener el buque, por lo tanto, nuestro foco debe estar en cuidar las relaciones con Argentina para evitar lesiones a los importantes lazos que hemos construido”, dice.

Los gestos

Para enrielar la discusión y bajar los decibeles los gestos han sido mutuos.

Fuentes diplomáticas sostienen que no fue casual que el viernes 30, el canciller argentino, Pablo Quirno, saliera a defender -en el marco de la reunión de cancilleres del G20 en Atlanta- la libertad de navegación y el respeto del derecho internacional.

“Ningún país puede obstruir el tránsito marítimo y desconocer las reglas internacionales”, fue su sentencia, que en estos días repiten como un mantra quienes han participado en las conversaciones.

Tampoco fue accidental -se afirma- que el portavoz de la Casa Rosada, Adrián Ravier, limpiara el parabrisas, separando los temas en discusión: el de la logística a la explotación de hidrocarburos, que el Presidente Kast se comprometió a no apoyar, y el corredor comercial, que comienza en Punta Arenas y que “puede -según dijo- tener alguna embarcación llevando materias primas e insumos a las Islas Malvinas”.

Dos pasos que fueron complementados con un mensaje de tranquilidad desde Chile. La decisión de no escoltar al Danstar, comunicada por el ministro Barros, mientras el canciller Pérez Mackenna se desplegaba en la zona para informar en qué posición está el país y mitigar, de paso, las posiciones más duras.

En medio de estos complejos movimientos diplomáticos, el Danstar se apresta a llegar esta semana a Punta Arenas, directo al astillero Asmar, para un reacondicionamiento que le permita navegar en diciembre a las Malvinas. Una ruta que no se transita desde hace 15 años y que genera alertas a ambos lados de la cordillera.

Fuente: Política La Tercera

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