¿Qué consecuencias tiene para el resto del mundo la pérdida de poder de Donald Trump en Estados Unidos a manos de los demócratas en las elecciones de esta semana?
-Da la sensación de que el presidente de EE.UU. pierde el control de la agenda en su país, pero -por otro lado- la agenda internacional la controla él. Uno pensaría que esto llevará a que Trump trate de terminar la guerra lo antes posible, porque el mensaje de los electores fue muy claro. Las encuestas demuestran que esta es la guerra más impopular de la historia de Estados Unidos. Esto afectó mucho a los republicanos en los resultados electorales. Es una guerra que afectó el bolsillo del consumidor, el costo de la vida.
Otro efecto es el manto de duda que se abre sobre el tema de la inteligencia artificial y del despliegue de los data centers. Eso puede tener muchas repercusiones en varios aspectos. Entre otras, podría caer el precio del cobre. Si ‘agarra vuelo’ la ola anti-tech, eso puede afectar el mercado; la Bolsa en Estados Unidos ha estado muy concentrada en el mundo tech. Sin embargo, ese riesgo hay que morigerarlo porque el cobre no solo ha subido por la demanda de los data centers, sino que más bien por la demanda de electrificación en general, por la electromovilidad. Eso es más estructural.
En lo inmediato, el resultado en EE.UU. reduce la prima de riesgo geopolítico y eso tiene efectos en las tasas del bono del Tesoro, en la cotización del dólar a nivel internacional y el petróleo. ¿Cómo evalúa ese impacto?.
-El cambio en todo el relato sobre el tema de la inteligencia artificial podría llevar a una menor fortaleza del dólar. El dólar venía antes depreciándose, pero eso fue parado con el auge de la inteligencia artificial, que puso de nuevo en el papel el relato sobre un EE.UU. como la primera potencia imparable del mundo y también de que el dólar es el “King Dóllar”.
De esta forma, la victoria demócrata vino a ponerle paños fríos al auge tecnológico y a la preeminencia de las figuras imperiales de la tecnología como son los Elon Musk y todos estos señores. Si a la bicicleta tecnológica le ponen en la rueda unos palitos, probablemente el dólar podría parar su alza.
Curiosamente, los “paños fríos” en el tema de inteligencia artificial podría también llevar a que la Fed (Reserva Federal) no suba la tasa, porque el renovado auge económico de EE.UU.en los últimos tres o cuatro trimestres se debe al auge de inversiones en data centers, lo que es una cantidad de plata muy grande, y que ha generado una serie de encadenamientos productivos favorables hacia sectores industriales. Eso ha llevado hasta ahora a una mayor actividad económica en EE.UU., mejores cifras de empleo. Entonces, si la economía se enfriara en los próximos trimestres por un menor auge de la inversión, eso podría llevar a que las expectativas de alzas de tasas de interés por parte de la Fed se morigeraran y eso también impactaría en el dólar.
Trump ha demostrado ser impredecible. ¿Es posible que Trump, lejos de morigerarse, pueda volverse mucho más agresivo?
-Podría ocurrir si los demócratas se le lanzan encima a investigar a su familia, sus negocios. Ahí Trump podría tener una reacción más violenta, a pesar de que su primera reacción fue que él quería negociar con los demócratas y aceptó la derrota.
El otro riesgo es que tengamos una nueva crisis del euro como la que tuvimos en 2012-2013 y que esta vez ya pueda ser un poquito más terminal, porque el corazón de la crisis no son países chicos como eran los Pigs (Portugal, Italia, Grecia, España). Aquí el corazón de la crisis es Francia, el que es demasiado grande. Hemos visto esfuerzos de reformas microeconómicas en Europa y sus poblaciones las han aceptado, pero la población francesa nunca ha querido aceptar ni una gota de reforma microeconómica. Es decir, no quieren que les quiten derechos. Lo que pasa es que los derechos económicos sin sustento económico productivo tienen pies de barro. Francia es un riesgo grande. El spread de los bonos franceses versus los bonos alemanes está en récord en la actualidad.
De menos a más
Entonces, su escenario central es una menor presión al alza de las tasas de la Fed, una baja del precio del petróleo y un dólar depreciándose. Ese es un buen panorama para Chile, al menos en el corto plazo.
-Efectivamente, si eso se da y el precio del cobre se mantiene más o menos fuerte, el petróleo y el dólar bajan en el mundo, y las tasas también caen, es un buen escenario para mercados emergentes y para Chile, entre otros.
Adicionalmente, uno podría pensar que todas las ínfulas de Trump sobre su política arancelaria también se diluyan un poco. Es probable que, dentro del mundo republicano, venga una discusión sobre cómo el alza del costo de la vida afectó el resultado electoral y dentro de esas razones del alza del costo de la vida está el alza de los aranceles. El encarecimiento de los productos importados hace que el IPC en Estados Unidos sea más alto, aunque también está el impacto del alza del petróleo.
¿Qué implica este nuevo escenario para el mercado bursátil el chileno?
-Tengo la sensación de que en las últimas semanas se abarataron bastante los mercados emergentes, sobre todo Latinoamérica versus el resto del mundo. Hemos visto una caída muy fuerte en las acciones brasileras y una caída bastante razonable también de las acciones chilenas. Por lo tanto, en términos relativos, uno podría decir que las acciones Latinoamericanas se ven bastante más atractivas de lo que se veían hace un mes atrás. Una cartera diversificada mundial debería analizar eso y decir: ‘En una de esas en los próximos 12 meses Latinoamérica me va a ofrecer un buen retorno’. Lula, por ejemplo, ha demostrado en sus gobiernos anteriores ser muy pragmático.
¿Entonces la bolsa chilena está barata?
-Sí, la bolsa chilena está barata porque la economía chilena va a ir de menos a más durante el próximo año, sobre todo si mejoran los términos de intercambio, en el sentido de que una baja del petróleo se mantiene y con alto precio cobre. Además, si los efectos de la Ley de Reconstrucción y el MK4 (reforma al mercado de capitales) se hacen sentir totalmente, la suma de las dos es bien potente.
La Ley de Reconstrucción más la reforma MK4 son el mayor esfuerzo de economía a la oferta que ha hecho Chile en los últimos 25 años; que se le vuelva a dar afrecho a los ‘animal spirits’ como decía Keynes. En Chile los espíritus animales se trataron de ahogar bastante en los últimos 25 años, subiendo el impuesto corporativo, subiendo regulaciones, más un discurso poco amistoso con el mundo empresarial.
Es decir, podríamos ver un año 2027 mucho mejor, en un momento en que aún estamos pegados a una recesión y una inflación más alta de lo deseado…
-Con un poquito de suerte la economía chilena va a ir de menos a más. Así como este año la economía ha sorprendido a la baja, el próximo año la economía chilena va a sorprender al alza. El Imacec no minero va a ir sorprendiendo al alza, va a venir probablemente una recuperación del sector inmobiliario, del sector construcción. Está todo este tema de la repatriación de capitales, también la recaudación tributaria va a sorprender al alza. El 2027 debería ser un año de buenas noticias.
¿Qué tan bueno será el año 2027? ¿Un crecimiento de más de 3%?
-Más de 3% de crecimiento, sí. Y, aunque es menos probable, más de 3,5% de crecimiento también podría ser. Otro elemento es que si el precio del petróleo cae a niveles de 75-80 (dólares el barril) eso puede devolver plata al bolsillo a los consumidores. Podría haber una especie de círculo virtuoso con una caída del precio del petróleo, con la mejoría en los términos de intercambio. Entonces, podría darse un escenario en que el tipo de cambio en Chile volviera más bien en la zona de 880-900 pesos y eso también le genera más optimismo a la gente. Todo eso podría ayudar a que el 2027 fuera un mejor año.
¿Eso le quita presión al Banco Central para una eventual alza de las tasas de interés, como anticipó en la última reunión de política monetaria?
-Claro, porque si el tipo de cambio se va más bien a la zona de los $900 en vez de la zona de $1.000 y eso hace que los IPC sorprendan más bien a la baja que al alza -junto a un escenario en que las bencinas caen-, eso debería permitir al Banco Central tener un sesgo más neutral que un sesgo más de alza de las tasas. De todas formas, no creo que haya una posibilidad de baja de tasas, porque es probable que el Fed esté subiendo las tasas, aunque quizás con menor fuerza de lo que habría sido antes. Chile no se puede quedar muy atrás si el Fed sube las tasas.
Teniendo en cuenta todo este contexto, ¿cómo avizora el panorama para Chile más allá del 2027?
-Si Chile mantiene un buen nivel de términos de intercambio -es decir, que el precio del cobre se mantiene bien y el precio del petróleo va cayendo en el tiempo- el país debería tener dos años buenos por delante, 2027 y 2028. Ahí va a jugar más un rol todo este esfuerzo de desregulación económica y de baja impuestos; va a empezar de a poco a percolar en toda la economía.
Además, está el auge que estamos viendo en el tema minero de exploración y de inversiones. El interesante auge minero que se está armando en Argentina también debería tener buenos efectos sobre Chile, porque probablemente los proveedores de parte de ese auge van a ser chilenos. Entonces, tiendo a creer que los próximos dos años deberían ser buenos años para la economía chilena, donde la economía va a ir de menos a más y se va a mantener después en niveles de crecimiento en torno a 3-3,5%, con inflación un poco más baja, con desempleo a la baja.
¿Cuál es la evaluación que hace del equipo económico liderado por Jorge Quiroz?
-Ellos han hecho lo correcto en términos del diagnóstico. El diagnóstico de Jorge Quiroz era el correcto: el problema de la economía chilena no era macroeconómico, sino que era microeconómico. Durante muchos años, quizás décadas, Chile descuidó su microeconomía en parte porque no había un consenso político dentro de lo que era la exConcertación sobre rol de la microeconomía.
Una microeconomía próspera requiere aceptar que la única ruta para este país es la economía de mercado y no hay otra, no existe otra. Esta economía de mercado puede ser el modelo sueco, el modelo suizo, el modelo canadiense, el modelo estadounidense. Todos ellos son modelos de economía de mercado con diferentes grados sociales, por así llamarlo. Suecia es un país capitalista les guste o no. Dinamarca es un país capitalista… los precios son libres, el Estado no fija precios, son países abiertos al mundo en términos de comercio exterior. Si se resumen los planteamientos de la Convención Constitucional (de 2021-2022), esas ideas no existen en Suecia.