En 1998, a un británico con el corazón roto se le ocurrió la alocada idea de dar la vuelta al mundo sin usar ningún tipo de transporte, y su nombre es Karl Bushby, quien a sus 29 años estaba lidiando con el fin de su matrimonio, y el regreso de su esposa a Irlanda del Norte con su hijo.
Este personaje eligió Chile como el comienzo de su travesía, denominada como “Expedición Goliat”. Llegó a Punta Arenas y el 1 de noviembre de ese año se puso a caminar cual Forrest Gump.
Después de 50.000 kilómetros, este lunes el británico concluyó su viaje, y fue recibido por un centenar de personas en el centro de Hull, en el noreste de Inglaterra.
“No hice esto solo. Había un gran equipo, el equipo más grande: la Tierra. Eso es lo que hizo falta para que pudiera regresar”, comentó en su llegada. El tramo fue muy emotivo para Bushby, ya que la última parada del recorrido fue la casa de su madre.
Allí conoció a su nieta de 12 años, y se reencontró con su hijo de 36. Según comentó el ex paracaidista a la BBC, se sintió “absolutamente abrumado” por el recibimiento.
Un recorrido que pudo haber durado mucho menos
En la mente de Bushby, su viaje podría durar entre 8 y 12 años, pero hubo muchas cosas que no consideró, y no solo aspectos burocráticos, sino que también se encontró con contratiempos bélicos, económicos y hasta una pandemia lo frenó.
Luego de abandonar Chile, Bushby continuó su recorrido por Argentina, Perú y Ecuador, hasta llegar a Colombia. Allí se enfrentó a uno de los mayores desafíos geográficos de su travesía: atravesar el Tapón del Darién, la extensa y peligrosa selva que separa Sudamérica de Centroamérica. En medio de un escenario marcado por el conflicto armado, decidió modificar por completo su apariencia para evitar sospechas de ser un espía, mercenario o integrante de alguno de los grupos involucrados, entre ellos las FARC. Se tiñó el cabello y la piel, utilizó prendas deterioradas y transportó sus pertenencias en sacos. Finalmente, consiguió cruzar la selva y entrar en Panamá en febrero de 2001, aunque su ingreso irregular le valió una breve detención.
Cinco años después, en marzo de 2006, protagonizó uno de los episodios más extraordinarios de su expedición: atravesó caminando el Estrecho de Bering sobre la superficie congelada que conecta Alaska, en Estados Unidos, con Rusia. En aquella hazaña no estuvo solo, ya que contó con la compañía del aventurero francés Dimitri Kieffer.
Sin embargo, la llegada a territorio ruso no significó el fin de las dificultades. Al alcanzar la localidad de Uelen, en la región de Chukotka, ambos fueron arrestados por los guardias fronterizos, debido a que habían ingresado al país sin utilizar un paso fronterizo habilitado ni realizar los controles aduaneros correspondientes.
La situación llegó a poner en peligro la continuidad de toda la expedición, pues existía la posibilidad de que se les prohibiera volver a entrar a Rusia. No obstante, después de diversas gestiones diplomáticas y de la intervención de personalidades como el político británico John Prescott y el empresario Roman Abramovich, un tribunal de apelaciones resolvió a su favor y les permitió seguir adelante con el recorrido.
La travesía por Siberia terminó convirtiéndose en la etapa más extensa y exigente de su aventura: recorrerla le demandó alrededor de 11 años. El retraso no estuvo relacionado con su detención, sino principalmente con las condiciones extremas del territorio. Durante buena parte del año, los suelos pantanosos y los ríos impedían avanzar, por lo que debía esperar a que las bajas temperaturas los congelaran para continuar caminando. A esto se sumaban las dificultades administrativas: sus permisos de permanencia en Rusia tenían una vigencia de apenas 90 días, lo que lo obligaba a abandonar el país y volver a ingresar repetidamente para mantener su expedición en marcha.
Al llegar a Kazajistán, Bushby volvió a encontrarse con un obstáculo de carácter geopolítico. El cierre de la frontera rusa le impedía continuar por esa vía y tampoco consiguió obtener el visado necesario para atravesar Irán. Ante la falta de alternativas terrestres, en 2024 optó por una solución poco convencional: cruzar a nado el mar Caspio para alcanzar Azerbaiyán.
Una vez en la otra orilla del Caspio, retomó su marcha en dirección al oeste. El avance lo llevó hasta Estambul, donde en mayo de 2025 atravesó a pie el puente del Bósforo. Con ese cruce consiguió regresar oficialmente a Europa, un continente que no pisaba desde que había iniciado su aventura en 1998.
A partir de Turquía, continuó su recorrido por distintos países europeos, pasando por Bulgaria, Rumania, Hungría, Austria y Alemania. Posteriormente atravesó Francia hasta llegar a Calais, desde donde pretendía continuar hacia el Reino Unido. Como no obtuvo el permiso para realizar el trayecto a través del Eurotúnel caminando, debió recurrir nuevamente al agua y cruzó a nado el canal de la Mancha. Llegó a Dover a comienzos de octubre de 2026 y, desde allí, emprendió los últimos 400 kilómetros de caminata rumbo al norte de Inglaterra.