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Bárbara Hernández, la “Sirena del Hielo”, muestra su lado más vulnerable en su primer libro: “He tenido que aprender a darle un lugar al dolor”

Bárbara Hernández, la “Sirena del Hielo”, muestra su lado más vulnerable en su primer libro: “He tenido que aprender a darle un lugar al dolor”

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La destacada nadadora chilena Bárbara Hernández publicó su libro autobiográfico, “Sirena del Hielo” (Planeta), en el que hace un repaso por los momentos importantes de su carrera, pero también revela cómo enfrentó sus miedos, las incertidumbre, las inseguridades y el éxito a largo de su reconocida carrera.

La lista de logros de la nadadora chilena es largo: tiene cuatro Récords Guinness, es la primera chilena en ingresar al Salón de la Fama de la Natación Internacional, la primera sudamericana en completar el desafío de los Siete Mares, la segunda mujer en lograr Doble Triple Corona de Aguas Abiertas, nadó en la Antártica, rompió récords y suma múltiples medallas.

Pero más allá de los éxitos, la nadadora confiesa en su libro que sueña con ser “la primera de muchas”. En una conversación con La Cuarta, Bárbara revela que le gustaría que su legado sea posicionar la natación en aguas abiertas en nuestro país y que “deje ser visto como un deporte de segunda categoría”.

Escribir este libro era “un pendiente”, explica al diario pop, a raíz de los mensajes que suele recibir a través de sus redes sociales -las cuales maneja ella misma–. “Creo que no es un libro tan técnico en cuanto al deporte o el entrenamiento -tampoco es solo para deportistas-, sino que tiene mucho corazón, mucha psicología, reflexiones que creo que se han ido elaborando en la medida que hemos ido también junto con mi equipo sacando estos nados”, detalla Hernández.

“Cada uno de los desafíos que les plasmo en el libro, son etapas que marcan de cierta forma mi historia también”, asegura. “Desde los inicios y todos aquellos aspectos que también siento que he tenido que ir cambiando o mejorando: la forma de pedir ayuda o definiendo este propósito desde un deporte no olímpico en el que constantemente he tenido que lidiar con lo imposible”, añade Hernández.

“Lo imposible de poder vivir de lo que amas a hacer, de posicionar a nivel nacional -y también internacional- un deporte que siempre fue visto como muy de segunda categoría, empezar a ganarte ese espacio acá con nuestra gente”, detalla Bárbara.

La nadadora -que también es psicóloga titulada de la Universidad de Chile- confiesa que había tenido la oportunidad de escribir un libro en la pandemia, pero no funcionó.

“Yo no quería un libro típico de autoayuda, ni nada que fuera muy en contra de mi corriente epistemológica de psicóloga, como constructivista que estudió en la Universidad de Chile. Lo que me hacía ruido era imaginarme que si mis profesoras agarraban el libro y era una cuestión demasiado psicomagica… Me moría”, reconoce entre risas.

“No es un libro simplista en el sentido de ‘si lo quieres, lo tienes’. Lo puedes querer mucho, puedes dar lo mejor de ti, puedes hacer todo perfecto y lo siento, no, tal vez no nomás. Y ahí te toca hacer este proceso que encuentro que es mucho más humano, de tener que resignificar las cosas, de entender a qué le ponemos el corazón, a qué no. Creo que eso es lo que yo quería compartir con la gente, sobre todo porque mi historia es algo distinto. Yo no vengo como de esos deportistas que siempre fueron buenos, que siempre la tuvieron clara, que siempre tuvieron el apoyo. Es una historia absolutamente contraria a eso, una mujer adulta, con una carrera, con un posgrado, atreviéndose a seguir un sueño, con todo lo que eso significa para bien y para mal”, expresa Bárbara Hernández.

-Sobre eso, en el libro mencionas que empezaste a entrenar desde pequeña, que incluso competiste, pero dices: “Nunca se habló en mi reducida familia que yo no era la mejor nadadora o que jamás llegaría a los Juegos Olímpicos”. Es fuerte enfrentar algo así, uno conoce las otras historias donde siempre fueron las mejores y ganadoras. ¿Cómo fue para ti enfrentar esto?

-Fue súper rudo, lo pasé muy mal. Esto era terrible, me tiraba a la piscina, se me salía la gorra, salía llorando. A muchos lugares les agarré como aversión. Mis papás, yo creo que tienen una forma de ver la vida bien única. Yo de verdad creo que me daban como estas crisis, (decía) ‘no puedo volver a pisar el Estadio Italiano, por favor no me hagan ir de nuevo’. Yo era chica, me las lloraba todas, lo pasaba muy mal. Y no, tenías que ir. Entonces era como una forma entrenada de hacerle frente a los peores escenarios o las cosas que más te atormentan. Creo que siempre ha sido un poco la forma de aprender las cosas.

“Fue súper duro porque me di cuenta que me tocó bancarme una realidad que la mayoría de la gente nunca ve. Mi vida completa fue como este cambio entre Recoleta… Subíamos La Pirámide, después bajábamos, y es en ese subir que te encontrabas con otro mundo: parques, plazas, áreas verdes y algo mucho más seguro que lo que yo veía entre Recoleta, Mapocho, La Vega y el centro. Entonces fue difícil, creo que por eso todas mis preocupaciones, mi forma de ser niña y ser adolescente también eran muy distintas, como que no encajaba en ningún lugar".

-El libro no es tanto una autobiografía deportiva, si bien haces un repaso por algunos de los momentos que marcaron tu carrera, se enfoca principalmente en lo que experimentaste a nivel personal: los miedos, las frustraciones, los cuestionamientos, las inseguridades. ¿Por qué decidiste enfocarte en esto?

-Porque creo que faltan espacios donde podamos hablar del miedo, del dolor, de la incertidumbre. También son las cosas que más preguntan cuando hago las charlas o en redes sociales: ‘¿Cómo lo haces para no sentir miedo? ¿Cómo lo haces para no sentir dolor? ¿Cómo lo haces para no tener frío?’. Siento todo eso y mucho más. Y lo hago porque me da miedo, porque he tenido que aprender a darle un lugar al dolor y a la incertidumbre. Creo que faltaba ese espacio para hablar de las emociones desde la vulnerabilidad. Sí, puedes cumplir tus sueños y lograr lo que te imaginaste cuando eras niños, pero hay un precio que paga. Y eso significa a veces dejar vacíos, dejar personas que amas con todo tu corazón y que no son consecuentes con el propósito, con esa visión que tienes de lo que quieres. Y es elegir constantemente dónde vas a poner tu corazón y en quiénes vas a poner tu corazón.

“He leído y a veces me han llegado libros de deportistas, generalmente de nadadores de todas partes, y están muchos enfocados en un tipo de nado. Cuando he visto esos libros, lo que más me choca es ese discurso súper simplista como de ‘siempre supe que era el mejor y lo conseguí’, ‘dudé, pero el miedo no decide por mí’. Está bien, pero es una forma que me provoca rechazo. Me dan esas ganas de decir: ‘Bacán por ti, que te vaya súper bien y todo bien, pero la vida no es así’. Hay cosas que no resultan y la vida es ruda. Entonces creo que poder compartir desde la vulnerabilidad y mostrarle a la gente ese espacio que es mucho más íntimo -la relación con mis papás, lo que ha significado mi compañero Lalo, nuestro episodio en Japón-, creo que puede servirle a alguien. Puedes servirles en el sentido de cuestionarte si realmente es la vida que eliges vivir, no la que toca, no porque es lo que hay, no porque te rendiste por la gente o por la vida. Era algo que a mí, sobre todo cuando empecé, me hubiera encantado tener donde buscar o alguien que me dijera: ‘Depura el sueño, depura el propósito. Tal vez no va a ser exactamente lo que te imaginaste, pero no por eso uno abandona aquello que te hace feliz’. Intentas darle una vuelta, hacer las paces contigo y no cargar con una mochila gigante de frustraciones con las que aprendemos a leer y sentir el mundo. Entonces creo que sobre todo para mujeres, que siempre nos cuenta más. Sentía que era necesario compartirlo desde esa visión mucho más auténtica”.

-Otra cosa que hablas en el libro es esto de atreverse a nombrar tus sueños en voz alta. A veces la gente tiene ganas, pero el miedo hace que ni siquiera lo intentes.

-Por eso creo que es como el mix, creo que trabajar esas cosas es súper importante. Atreverte a decirlo en voz alta te obliga a materializarlo en algo, a enfrentar tu miedo. Un gran miedo casi siempre lo tenemos en la respuesta de los otros, que es lo que los otros te van a decir: que no te lo mereces, que no es para ti, si fuera posible lo hubiera hecho alguien antes que tú o qué te hace tan especial para aspirar a algo tan grande. Al ponerlo en voz alta y al nombrar esos miedos que surgen, te obligan sí o sí a resolverlos en ti primero y eso es un proceso. Cuando digo: ‘¿Por qué ese gran sueño debería ser para ti?’. Yo no decía: ‘Porque eres la nadadora más rápida. No, yo me dijo: ‘Soy la más perseverante, estoy dispuesta a bancarme esto 30 años más. La más mínima posibilidad de éxito. Y si no, lo voy a construir’. ‘¿Y por qué lo podrías hacer tú y no se ha hecho antes’. ‘Bueno, no tengo la menor idea, pero lo voy a intentar igual’. Ese paso, esa forma de elaborar esas emociones y esos pensamientos, eso es profundamente transformador, porque la mayoría de esos discursos tan internalizados, los venimos acarreando desde que somos muy niños, desde que sentimos que no encajamos, que tal vez tenemos que ganarnos el cariño y la aprobación del resto. Y ahí nos quedamos en ese espacio súper seguro, en donde nunca intentamos. Ni con la gente que nos gusta, ni el cambiar de trabajo, ni cambiar de barrio, o irte a hacer algo que realmente te llama. Entonces creo que se levanten esas preguntas desde el libro, es mi granito de arena, y ojalá que a la gente les tome menos tiempo de lo que me tomó a mí, tal vez.

-Hablamos de los miedos, ahora pasemos al éxito. ¿Qué es el éxito para ti? ¿De qué manera defines lo que es un triunfo para ti?

-Creo que para mí fue súper rara esa parte, porque me di cuenta que el éxito como el descanso, me cuesta meterme ahí, porque siento que es como engreído. Escribir el libro me obligó a cuestionarme eso mismo. ¿Qué es el éxito para mí? Creo que me quedó con una de las últimas reflexiones del libro, que es como vivir una vida que te guste, vivir una vida que elijas vivir. Eso para mí es éxito. Más allá de un nado exitoso, de darle la vuelta al mundo con una noticia, sí, es un tremendo logro, porque trae un mensaje y hay mucho esfuerzo de equipo y personal. Pero creo que mi gran éxito es ese, mi gran logro es esa perseverancia, que por veinte, treinta años o lo que sea, estás dispuesto a seguir enamorado de lo que haces.

“También me preguntan a veces que cómo no estoy chata de nadar y es como ‘lo amo con todo mi corazón’. Puedo nadar 27 horas o a tirarme un piquero en la orilla con las olas, es esa felicidad y plenitud. Creo que eso es éxito. Y estar dispuesto a compartir la persona que eres con la gente que amas, pero también con aquellos que vas conociendo. Entonces no tiene que ver con el reconocimiento del resto ni nada, creo que sí es un logro poder vivir de lo que uno ama a hacer, pero tan importante como eso, creo que es tener una vida que te guste, a la que elijas volver, porque eso te hace meter toda tu energía y todo tu corazón en tu camino”.

-¿Qué significa para ti ser una referente del nado en aguas gélidas? ¿Representar a Chile y posicionar a nuestro país en este deporte que quizás no era tan conocido?

-Es brigido, me lo tomo con una tremenda responsabilidad. Yo creo que ese es uno de los orgullos más grandes. Que la gente te conozca, cuando voy a charlas o en la calle, especialmente las niñas y mujeres, pero también cuando se acercan los hombres, hombres mayores, me acuerdo mucho de mi tata. Es como esa emoción de ver que una mujer también puede hacer grandes cosas, cosas difíciles o lo imposible. Me lo tomo con mucha responsabilidad, porque también es difícil liderar un camino, abrir un espacio también es muy solitario. En una parte del libro también les comparto eso, que nadie te prepara para eso. Al principio uno tiene como todo ese empuje de las personas que también están aprendiendo y la responsabilidad de poder compartir esas experiencias o ese aprendizaje que ya tenemos como equipo con el resto, que es lo que nosotros no tuvimos. Entonces creo que mi gran línea es esa, es lo que me hubiera encantado que alguien hiciera con nosotros. Y si no hicieron, lo que era muy mala onda, nosotros tomamos la postura contraria. Facilitamos la información, tratamos de estar y de estar a la altura. Pero también es difícil entender que no siempre voy a poder cumplir las expectativas de todo el mundo, porque viene una exigencia que es difícil… Porque no es solo tu trabajo, yo no soy entrenadora, yo no tomo a todos esos grupos de personas y les dejo un plan, intento estar en la medida que puedo. Entonces esa parte ha sido difícil, entender que en el principio vamos a tener muchas personas, en algún minuto vamos a ser un camino que imitar y luego en algún minuto te transformas en una competencia. Y eso es raro, porque yo nunca funcioné así. Cuando yo quise construir esto con mi equipo, no lo hice como para ganarle al ‘Tiburón’ Contreras, repetir todo lo que hizo y hacerlo mejor, sino que quería un camino mío. Mis ojos estaban puestos en lo más grande, en el Hall of Fame, la Antártica, los Siete Mares, no en pasar toda mi carrera (buscando) ganarle a alguien más, porque encuentro que te deja un vacío en algún minuto, porque ese camino no es tuyo.

-Hay una frase en el libro sobre esto, donde mencionas que tú soñaste con ser la primera de muchas. ¿Cuál te gustaría que fuese tu legado?

-Creo que posicionar la natación en aguas abiertas, especialmente. La natación, pero especialmente la natación en aguas abiertas en nuestro país y que deje de ser visto como un deporte de segunda categoría. Entre más personas puedan acceder, que lleguemos a entender que los deportes de montaña y de mar debieran ser nuestro como estandarte a nivel nacional, y toda la influencia que tiene al momento de hablar de cuidar medio ambiente y también de la seguridad. Saber nadar es un deporte que te salva la vida. Y eso está mucho antes de la medalla olímpica. Creo que en Chile tenemos un problema con los parámetros, como que queremos mucho lo otro sin estar dispuestos a hacer las bases, sin estar dispuestos a acompañar a las personas y a entregarles esas herramientas. Entonces creo que si me preguntas que cuál quiero que sea mi legado, creo que es ese, que muchísimas más personas que practiquen este deporte y cualquier deporte, y que ojalá las diferencias y las brechas no sean tan marcadas como cuando yo empecé.

-Por otro lado, en el libro también mencionas sobre el tener que buscar el financiamiento para todos estos desafíos, el pedir ayuda, hacer rifas. ¿Cómo fue esa experiencia para ti?

-Terrible. Es horrible, o sea, es tu máxima vulnerabilidad puesta en 10 segundos tratando de captar la atención de alguien. Por eso creo que me debo tanto a la gente y por eso tengo ese vínculo tan cercano, porque sé que gracias a esas personas que estuvieron dispuestas a comprar rifas, ayudarme a visibilizar esto, ayudarme a volver a entrenar en plena pandemia, y cuando ese discurso mucho más institucional, no estaba tan alineado con lo que hacíamos, la gente era la que me apoyaba. Entonces creo que me debo mucho a eso, pero sigue siendo difícil. Creo que en el libro también lo planteo en algún minuto. Es rudo sentir que constantemente, o por lo menos una vez al año, siempre toca, como sentir que nunca es suficiente para que mi equipo tenga un pasar mucho mejor o poder proyectar un año con la tranquilidad de que efectivamente tenemos los recursos para poder financiar las carreras, porque esos auspicios van 100% a las carreras y no es plata con la que yo pago el arriendo ni pago la bencina el auto. O sea, todo el dinero para yo poder vivir lo genero a través de las charlas, de mis campañas, de mis trabajos con agencias, ese es mi trabajo extra. Y creo que quería compartirlo porque también es un llamado a estas dos preguntas: ¿Qué estás dispuesto a hacer? ¿Y por cuánto tiempo? Entonces, si tanto quieres ese sueño, tanto te llama, ¿en verdad estás dispuesto a exponer tu vulnerabilidad y hacer estas cosas incómodas? Porque de eso depende que tanto te acercas o no. Y creo que en mi cabeza es lo que me deja tranquila, como ‘¿realmente hiciste todo lo que tenías que hacer? O porque te dio pudor, te dio vergüenza, preferiste hacerte el loco y renunciar’. Y es algo súper válido, pero creo que lo que hago a través del libro y en general es como ese llamado, que sea una decisión, que no sea porque es lo que tocó o porque nunca se te ocurrió. Si no estás dispuesto es súper válido, pero que sea porque lo decidiste así.

-Otra cosa que me llamó la atención es que mencionas mucho a tu familia, a tu pareja Lalo, hablas de tu tata que te contaba las historias del ‘Tiburón’ Contreras, y haces mucho énfasis en ellos en el libro. ¿Qué rol han tenido tus seres queridos en tu carrera?

-Yo creo que es un rol súper clave, porque es como una filosofía de vida. Siempre me preguntan si todos practicaban deporte y es como obvio que no, porque practicar deporte en las familias de mucho esfuerzo es un privilegio. Creo que ellos han sido clave, porque es como una forma de enfrentar la adversidad o de ver la vida. Al final es una fórmula, de qué es lo que hace con el dolor, dónde está lo realmente importante. Lo realmente importante era ese núcleo, esta familia que te sostiene y lo cotidiano, por eso les comparto estas versiones como en los grandes nados, porque en un nado muy difícil o cuando te toca realmente lidiar en condiciones muy complejas, lo que me sostiene son los cuatro Récord Guinness, no es el logro en sí, sino que es lo cotidiano. Son mis recuerdos, esta forma de felicidad que está tan infravalorada, la pasamos, la asumimos y la damos por alto. Creo que el aprender, sobre todo de mis papás, son como las personas más perseverantes que conozco. Tienen una energía y una forma de ponerle, yo digo, onda a la vida, aún con todo en contra o aún en las situaciones difíciles. Ser capaces de mantener ese cariño más puro, más honesto, más contenedor. Yo creo que por eso son tan importantes para mí. Cuando peor lo paso, cuando más sensible o cansada estoy, es volver a ese núcleo que es tan seguro, que se siente tan sano.

-Ingresaste al Salón de la Fama de la Natación Internacional, tienes cuatro Récord Guinness, eres la segunda mujer en lograr la Doble Triple Corona de Aguas Abiertas, la primera sudamericana en completar el desafío de los Siete Mares, nadaste en la Antártica. ¿Qué se viene a futuro para ti? ¿Qué sueños te quedan por cumplir?

-Es un propósito infinito, o sea, en el sentido de la conservación del océano, de cuál es el rol de Chile con la Antártica. O sea, como que estoy enamorada de la Antártica. Siento que tengo un pedazo de mi corazón que se quedó allá y tengo muchas ganas de volver. Entonces creo que son sueños que no se agotan. En la medida que tengamos más ríos, lagos, glaciares, es difícil que se me quiten las ganas de seguir haciendo esto. El gran desafío es poder unirlo a propósito y poder comunicar un mensaje a través de estos nados. Creo que eso es lo que, junto con mi equipo, nos hace distintos. O sea, muchos nadadores siempre van a ver y medallas, podios o lo que sea. El punto es cuál es el mensaje y ese propósito es lo que realmente perdura. Tengo nados en mi cabeza que tienen que ver con desde el lago Ness hasta volver a Antártica, hasta la costa completa de Chile que nunca se ha nadado, Rapa Nui, Juan Fernández. Tengo una en mi cabeza que me acompañan hace 10 o 15 años que todavía no podemos concretar. Y que tiene que ver también con los tiempos, el profesionalismo y el poder comunicarlo, cómo se muestra esto y cuál es el mensaje que ojalá se comunique también a nivel internacional. Entonces son cosas unidas al seguir soñando en grande, que este alcance y estos mensajes lleguen cada vez a más personas también.

-¿Qué consejo le darías a una persona, no solo deportista, que está buscando cumplir algún gran sueño que tiene?

-Que se atreva a ir a corazón completo y que haga las tareas. Las tareas significa meterse en esos lugares incómodos, a veces profundamente dolorosos, donde la mayoría de las personas no están dispuestos a entrar, a resolver o a sentir. Cuando uno se da esa oportunidad realmente sale fortalecido. Y ese sueño, ese anhelo se puede ir concretando con ese corazón, con toda esa energía, pero también con esa vulnerabilidad, con esa capacidad de entender qué es el coraje. Y el coraje a veces es realmente soñar en grande y aperrar con todo solo, pero tu coraje también es atreverte a pedir ayuda e ir a construir esos espacios que necesitamos para ese gran sueño. Invertir, no el tiempo que a uno le da la gana, sino que tanto tiempo como sea necesario. Yser flexible al momento de poder reformular ese sueño. Creo que entre la flexibilidad, el hacerse cargo y poner el corazón está clave, de cierta forma.

Fuente: Tendencias La Cuarta

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