Nmixx, uno de los nombres más fuertes de la cuarta generación del K-pop, convirtió la Quinta Vergara en una celebración colectiva que confirmó que este fenómeno ya no es periferia cultural en Chile. Con la galería llena hasta el final y un peak de 850 mil personas pasada las 2:20 de la madrugada, el grupo surcoreano demostró que el fervor es total. La postal fue potente: fans resistiendo hasta después de las 3 de la mañana, padres cabeceando mientras sus hijas sostenían el lightstick en alto y una energía que no bajó nunca. La fiesta fue total; lo discutible, el horario. Porque si algo quedó claro en Viña 2026 es que el K-pop convoca como protagonista, no como número de trasnoche.
Compartir
Nmixx es uno de los nombres reconocibles de la llamada cuarta generación del K-pop. El grupo debutó en 2022 bajo el alero de JYP Entertainment con una propuesta que rompía la lógica tradicional del género: canciones que cambian de ritmo en medio del mismo tema, estructuras híbridas —lo que ellas llaman “mixx pop”— y una apuesta vocal más exigente
La cuarta generación del K-pop —etapa que comienza aproximadamente entre 2018 y 2020— se caracteriza por una sofisticación total del producto: coreografías de precisión arquitectonica, fandoms hiperorganizados a escala global y una estrategia digital pensada para TikTok, YouTube.
A diferencia de generaciones anteriores del pop coreano, estas agrupaciones nacen con mentalidad internacional, hablan varios idiomas y entienden el escenario como una experiencia inmersiva.
Y vaya que todo lo anterior se notó. Fueron justamente esos elementos de Nmixx y de toda su cuarta camada los que, al fin, llegaron a un escenario masivo y a la televisión abierta. No como curiosidad, no como número exótico en la parrilla, sino como protagonistas. “Qué bueno que esto llegue a Viña, las K-popers más viejas debíamos rogar por espacios”, comenta una fan en la Quinta Vergara, mientras sostiene su lightstick.
Su apreciación no es menor. El K-pop estuvo encapsulado en Chile durante años, casi como una tribu urbana desde inicios de los 2000. Para buena parte de la ciudadanía eran grupos que se juntaban a bailar en plazas, centros culturales o a la salida de estaciones de Metro.
Una escena visible, pero siempre al margen. La noche de hoy en Viña, en cambio, expuso el fenómeno y le enseñó a una audiencia ajena —y muchas veces escéptica— las razones detrás del culto al K-pop: disciplina, comunidad y una intensidad que no se improvisa.
La aparición de la banda se hizo esperar. El show arrancó pasadas las 2:20 de la madrugada, en un horario que en otras noches ya huele a retirada. En la Quinta, algunos padres cabeceaban en sus asientos mientras sus hijos —y sobre todo hijas— resistían firmes, con el celular cargado y el lightstick listo.
La espera fue atípica en la Quinta y también en la televisión. El peak de audiencia llegó a 850 mil personas, una cifra desproporcionada y atípica para esa hora.
Y hubo otro dato igual de elocuente: el lleno se mantuvo. Si en jornadas anteriores la galería comenzó a vaciarse a medida que avanzaba la noche, en esta tercera fecha el anfiteatro siguió prácticamente completo.
Francisco Paredes / The Clinic
Pocos se movieron. El entusiasmo, además, marcó la jornada más ruidosa de Viña 2026, con un público que no bajó la intensidad ni siquiera cuando el reloj pasó las 3 de la mañana.
La noche comenzó con Karen Doggenweiler y Rafael Araneda rodeados de fanáticos de NMIXX para presentar a la primera banda surcoreana en presentarse en el Festival de Viña del Mar. Las luces se apagaron y los gritos volvieron a escucharse con fuerza, algo que se repitió antes, durante y después del show.
Con “Tank”, las surcoreanas dieron el primer golpe de la noche. Las credenciales quedaron rápidamente a la vista. No necesitaron más escenografía que las pantallas de la Quinta para desplegar un show perfectamente cuidado. Las coreografías, aceitadísimas, son parte fundamental de la estética, si no el punto más clave de toda la arquitectura del espectáculo.
“O.O” y “Dash” siguieron en la línea de lo que se esperaba de la banda formada en 2022, pero además habían preparado una sorpresa. El respeto por el país que las recibía lo demostraron con “Ponte Lokita”, la canción chilena de Kidd Voodoo junto a Katteyes. El propio cantante hizo una breve pero enérgica aparición. Luego, las coreanas leyeron palabras de agradecimiento en español, donde valoraron el recibimiento y confesaron que lo que estaban viviendo sobre el escenario era un sueño.
Francisco Paredes / The Clinic
El repertorio continuó con “TIC TIC”, “RICO” y “Soñar (Breaker)”, manteniendo la intensidad y el despliegue coreográfico que ya había encendido a la Quinta Vergara. Luego vinieron “Phoenix” y “Run for Roses”, donde combinaron potencia vocal con una puesta en escena milimétricamente sincronizada. En la recta final, “High Horse”, “SPINNIN’ ON IT” y “Papillon” terminaron por consolidar un show dinámico y sin pausas, que sostuvo la energía del público de principio a fin.
Para realizar el ritual de la entrega de las gaviotas, la organización contó con un intérprete, Bruno, quien fue el puente idiomático entre las surcoreanas y los animadores. Una situación que, aunque es una anomalía en este escenario, resultó exitosa en gran parte gracias al carisma de las artistas y también a la energía del traductor, quien entendió perfectamente que no solo cumplía ese rol, sino que era una pieza clave de ese momento.
Fuente: The Clinic