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La Invitación: las claves de una de las mejores comedias del último tiempo

Periodista reportando noticias

La invitación atrajo a muchos interesados ​​durante el desarrollo de la última edición del Festival de Sundance. Allí, donde se estrenó con buenos comentarios de los críticos y los asistentes, los informes indican que recibió ofertas de Netflix, Apple, Neon, Searchlight y Focus Features, pero finalmente Olivia Wilde, su directora, optó por A24, el reconocido estudio y distribuidor de perfil independiente, que se quedó con los derechos para Estados Unidos a cambio de unos US$ 12 millones. De ese modo, garantizó un lanzamiento tradicional en la pantalla grande.

Ver su tercera película a sala a llena le termina de dar la razón a la realizadora y actriz estadounidense: las risas se multiplican en los momentos más hilarantes y se producen silencios incómodos en los pasajes más dramáticos. Es, con distancia, uno de los títulos más comentados de la temporada –debutó en la cartelera chilena el pasado 2 de julio– y su efecto probablemente no sería el mismo fuera de una proyección en una sala oscura atiborrada de extraños.

El filme gira en torno a Joe (Seth Rogen) y Angela (Olivia Wilde), una pareja que queda a solas en su departamento debido a que su única hija pidió permiso para ir la casa de una amiga. Ella, una mujer con formación en el arte que está dedicada a las tareas domésticas desde hace años, sorprende a Joe al informarle que sus vecinos de arriba vendrán a cenar. Él, un exmúsico que sufre de dolores lumbares y está volcado a la docencia en una escuela modesta, le contesta que aprovechará la instancia para plantarles su enojo por los constates ruidos que generan mientras tienen sexo.

Mientras están enfrascados en esa acalorada discusión, Piña (Penélope Cruz) y Hawk (Edward Norton) tocan el timbre. Son la pareja que esperaban (o que Angela esperaba) y han llegado en el momento exacto en que los dueños de casa están ajustando cuentas. Ese es apenas el primero de varios episodios incómodos que se sucederán a medida que la noche avanza y afloran los secretos y las frustraciones propios de una relación en la cornisa.

Basada en la película española Sentimental (2020), de Cesc Gay –que tomaba como referencia la obra Los vecinos de arriba, del mismo realizador–, La invitación es sobre todo una comedia que explota el contrapunto que se produce en la reunión de sus dos duplas. Joe y Angela están sumidos en la monotonía y lo único que los mantiene juntos es su hija de 12 años. En cambio, Piña y Hawk son pura fogosidad y parecen la envidia de toda pareja adulta.

Salvo el inicio, la cinta transcurre íntegramente en el living, la cocina y otros espacios del departamento del matrimonio principal, por lo que funciona como una pieza de cámara. La propia Olivia Wilde ha reconocido que estaba pensando en ¿Quién le teme a Virginia Woolf? (1966), pero con mayores dosis de comedia. Apuntando a ese objetivo, propuso que el elenco ensayara con el mismo rigor y tiempo que una compañía de teatro, e insistió en que se filmara de manera cronológica y sin hacerle el quite a la improvisación.

Incisiva y divertida, es efectiva al afrontar temas que Hollywood no visita regularmente en estos tiempos: la monogamia, el fin del deseo sexual con la llegada de los hijos, el matrimonio como una institución en crisis. Un ejercicio que propone mediante un cruce de romanticismo y cinismo que representa la mirada de Wilde, quien debutó con éxito en la dirección con La noche de los nerds (2019) y tuvo resultados irregulares con No te preocupes cariño (2022).

Sin ser una película de tintes autobiográficos, la cineasta ha admitido que todas sus experiencias amorosas –se divorció a los 25 años, en 2020 inició su separación del padre de sus hijos, Jason Sudeikis, y tuvo una comentada relación con Harry Styles– se filtraron en la realización y el proceso terminó siendo una experiencia catártica.

“Creo en la idea de usar la narración para experimentar emociones que ninguna terapia puede desenterrar por completo. Me sorprendió mi propia actuación, porque surgieron cosas de mí que no había planeado”, planteó en conversación con The Guardian.

Por cierto, su participación como actriz no fue algo que estuviera contemplado en un comienzo. Fueron sus tres actores –Seth Rogen, Penélope Cruz y Edward Norton–, con quienes realizó una especie de taller en el lugar de filmación antes de comenzar el rodaje, los que la empujaron a dejar de buscar a otras actrices y finalmente asumir el rol de Angela.

Un papel que, según sus propias palabras, está fuertemente inspirado en la fallecida Diane Keaton, a quien el largometraje está dedicado.

“Tenía muchas ganas de mostrarle esta película a Diane. No creo que exista una versión de La invitación sin Diane Keaton, porque aparece en muchos de los filmes que lo inspiraron. Es la primera actriz que reconocí que representaba a una mujer totalmente única y compleja; no encajaba en ningún arquetipo, era singular en su vulnerabilidad, su complejidad y su creatividad”, explicó a The Hollywood Reporter.

Con tantas o más risas que La noche de los nerds y con un mejor balance de ingredientes que No te preocupes cariño La invitación vuelve a posicionar a la directora entre las realizadoras con futuro más auspicioso de la industria estadounidense. Ya se habla de sus posibilidades en la temporada de premios y en cuáles serán sus siguientes pasos (está desarrollando una comedia junto a un gran estudio). Por ahora disfruta de la buena acogida de una pequeña cinta que renovó la confianza en su trabajo delante y detrás de cámara.

Fuente: La Tercera

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