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La caída del príncipe Andrés, del preferido de la reina Isabel a una vergüenza para la familia real

Periodista reportando noticias

Durante décadas fue considerado el hijo predilecto de la reina Isabel II, el militar condecorado por su participación en la Guerra de las Malvinas (abril a junio de 1982), enviado especial de la diplomacia comercial británica y la cara más popular de la familia real británica. Sin embargo, con el paso de los años, el entonces príncipe Andrés Mountbatten-Windsor terminó convertido en la figura más incómoda para la Casa de Windsor.

Su trayectoria, privilegiada, influyente y expuesta mediáticamente, derivó en una acumulación de controversias que lo desplazaron progresivamente desde el centro de la popularidad de la monarquía hacia la periferia.

Antes, la cara más popular de la realeza británica. Hoy, despojado de sus títulos y en el centro de una discusión por parte del gobierno británico para removerlo de la línea de sucesión al trono —donde ocupa el octavo puesto—, Andrés está convertido en el paria de la familia real.

El jueves 19 de febrero, el expríncipe fue detenido en Sandringham por sus presuntos negocios con el financiero y acusado de tráfico sexual Jeffrey Epstein. Esto abrió una investigación en su contra. Los millones de documentos revelados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ) muestran los presuntos negocios de Andrés con el fallecido financiero, que serían resultado del acceso que Andrés tenía a información confidencial del gobierno, tanto en su calidad de miembro de la realeza como de enviado comercial de Reino Unido.

Andrés Mountbatten-Windsor tras la detención el 19 de febrero. Foto: archivo

Pero la debacle de la imagen pública del tercero de los hijos de la reina Isabel II no se explica por su detención. Ya a principios de año, la firma de investigación YouGov arrojó los resultados de favoritismo de los integrantes de la familia real entre la ciudadanía británica. Para Andrés, la derrota parece irreversible. Solo el 3% de la ciudadanía tiene una opinión positiva del expríncipe.

A modo de contraste, al exduque de York le sigue Lady Margarita Armstrong-Jones, que le saca 10 puntos porcentuales de diferencia. Y, al otro lado de la balanza, aparece su sobrino e hijo del rey Carlos III, William, quien goza de un 71% de popularidad.

Pero la encuesta se hizo antes de que se realizara la operación policial que lo llevó a la detención. Entonces, el mínimo favoritismo que tiene el expríncipe entre la ciudadanía no se explica por su actual investigación, sino por una seguidilla de escándalos y apariciones públicas que fueron calificadas por la prensa británica de torpes y arrogantes.

El protegido de Isabel

Nacido el 19 de febrero de 1960 -este jueves, día de su arresto, justo cumplió 66 años-, Andrés es el tercer hijo de Isabel II y su esposo, el príncipe Felipe, y hermano menor del actual monarca británico, Carlos III.

Gran parte de la prensa británica siempre asumió que Andrés era el hijo favorito de la monarca, al que apoyó incluso en algunos de los momentos más difíciles.

Andrés en su adolescencia, 1974. Foto: archivo

Asistió a la Escuela Primaria Heatherdown, en Berkshire, Inglaterra, y al colegio Gordonstoun, en Escocia, el duro internado al que habían asistido tanto su padre como su hermano, Carlos. Ahí fue objeto de una de sus primeras polémicas por supuestamente haberse infiltrado en la sección femenina de la escuela. Así obtuvo el apodo de Randy Andy -algo así como “Andrés el lujurioso”-.

Según diversos medios británicos, el príncipe era sobreprotegido y consentido por la reina. Esa cercanía con la fallecida monarca no solo forjó su identidad pública, sino que también se construyó una cultura de protección en torno a su figura. Según el medio español El País, durante años Andrés gozó de una defensa mediática de Buckingham, lo que habría contribuido a generar en él una sensación de invulnerabilidad frente al escrutinio ciudadano.

El entonces príncipe realizó su formación como oficial naval en el Britannia Royal Naval College y más adelante obtuvo la calificación como piloto de helicóptero en el Brazo Aéreo de la Flota de la Marina Real. En su calidad de subteniente destinado al HMS Invincible, Andrés participó en 1982 en misiones de vuelo durante la Guerra de las Malvinas.

Andrés Mountbatten-Windsor, entonces príncipe, llega de su servicio en el Atlántico, 1982. Foto: archivo

En 2001 dejó la Marina con el grado de comandante, tras completar 22 años de servicio activo, si bien en la etapa final desempeñó funciones principalmente administrativas. Ese mismo año asumió el cargo de Representante Especial de Comercio e Inversión del Reino Unido. En ese puesto asumió tareas más convencionales asociadas a los integrantes de la familia real. Entre ellas, el apoyo a entidades benéficas y la asistencia a actos y ceremonias oficiales.

Las portadas

En 1986, Andrés contrajo matrimonio con Sarah Ferguson —apodada por la prensa británica como “Fergie”— y, tras la boda, recibió el título de duque de York. De esa unión nacieron sus dos hijas: Beatriz, en 1988, y Eugenia, en 1990.

La relación y su posterior separación en 1992 generaron una intensa cobertura mediática en Reino Unido, con miles de artículos dedicados al tema. Ese año destacó por diversas controversias dentro de la familia real, al punto de que la propia Isabel II lo calificó como su annus horribilis -año terrible-.

La pareja fue seguida constantemente de cerca por la prensa británica, que convirtió cada gesto, viaje o rumor en material de portada en los tabloides sensacionalistas. La presión aumentó y la relación se deterioró.

En 1992, Fergie y Andy se separaron de facto. Luego, se difundieron imágenes del financiero estadounidense John Bryan en una escena considerada escandalosa: besando los pies de Sarah, quien se encontraba en topless en ese momento.

Andrés junto a Sarah Ferguson en su matrimonio. Foto: archivo

El divorcio formal fue cuatro años después, pero no cerraron del todo el capítulo mediático. Pese al fin legal del matrimonio, ambos mantuvieron una relación cordial, compartiendo incluso vacaciones y propiedades.

Tras dejar las Fuerzas Armadas a principios de los 2000, Andrés continuó siendo foco de atención pública. En ese período ingresó como representante especial del organismo gubernamental de comercio de Reino Unido, el UK Trade & Investment, donde asumió su rol como enviado comercial.

Entre sus responsabilidades figuraba la promoción internacional de empresas británicas, la difusión del Reino Unido ante potenciales inversionistas y el establecimiento de vínculos estratégicos para respaldar los intereses empresariales del país. Según describía el propio organismo, estas tareas se apoyaban en “la singular posición del duque, que le da un acceso sin igual a miembros de familias reales, jefes de Estado, ministros de gobierno y ejecutivos de compañías”.

El cargo implicó que integrara delegaciones oficiales e hiciese viajes por todo el mundo.

El curso de la ley

En 2011, Andrés se vio obligado a dejar su puesto como embajador comercial, tres años después de que Epstein fuera condenado por intentar convencer a menores de prostituirse. Pero Andrés había sido fotografiado junto a Epstein incluso después de que este saliera de prisión.

Debido a lo anterior, la percepción de impunidad comenzó a resquebrajarse. Cuando las controversias dejaron de ser episodios aislados y se transformaron en un patrón. Y es que desde inicios de la década pasada, con el conocimiento de la relación entre Andrés y Epstein, los escándalos pasaron de ser polémicas de prensa rosa a hechos de eventual judicialización.

Y el 2019 fue el año bisagra. La imagen pública de Andrés se hundió luego de la entrevista al programa Newsnight de la estatal británica BBC, donde entregó explicaciones erráticas sobre sus encuentros con Virginia Giuffre -con quien aparece en una foto, en una residencia de la pareja de Epstein, cuando Giuffre era menor de edad-, declaraciones que dominaron la cobertura mediática de los tabloides ingleses. Dos años después, en 2021, Virginia Giuffre presentó una demanda civil en Estados Unidos contra Andrés, acusándolo de haber abusado de ella cuando tenía 17 años, acusaciones que él ha rechazado de manera reiterada.

Al año siguiente, Andrés dejó sus cargos militares —entre ellos el rango honorífico de vicealmirante que le había sido otorgado en 2015— y también perdió sus patronazgos reales.

No logró que la demanda fuera desestimada y, finalmente, alcanzó un acuerdo económico con Giuffre por 12 millones de libras —alrededor de 16 millones de dólares—. Las condiciones financieras no se hicieron públicas y el pacto no implicó reconocimiento alguno de culpabilidad.

Virginia Guiffre, una de las principales denunciantes del caso Epstein, junto a Andrés en una fotografía revelada en medio de la investigación del caso Epstein. Foto: archivo

Andrés ha rechazado de forma constante las acusaciones formuladas por Giuffre.

En la actualidad, tras la liberación gradual de los archivos del caso Epstein, el nombre del hijo favorito de la fallecida reina figuraba en varios de ellos. En octubre de ese mismo año, presionado tanto por el Palacio de Buckingham como por la opinión pública, renunció a todos sus títulos. Y su hermano mayor, el rey Carlos III, lo despojó del título de príncipe.

Y pareciera que el expríncipe mostró una incapacidad constante para comprender el impacto público de sus apariciones. Hace meses, The Guardian describió la actitud de quien alguna vez fue el favorito de la opinión pública como una combinación entre “estupidez y presunción real”.

Esa desconexión se tradujo en intervenciones públicas que agravaron la crisis en lugar de contenerla. El medio británico calificó también la actitud de los medios sobre la imagen de Andrés en los últimos siete años de esta forma: “Desde que el segundo hijo de la reina Isabel II concedió aquella fatídica entrevista a Emily Maitlis en 2019 y se embarcó en una sucesión de anni horribiles cada vez más intensos, la reacción de los medios y el público ha sido ferozmente crítica.

El consenso es que, en medio de las continuas revelaciones sobre su amistad con Jeffrey Epstein, el hombre anteriormente aclamado por la audiencia ahora es el paria de la familia.

Y este jueves, tras la detención, Andrés Mountbatten-Windsor pasó a la historia al convertirse en el primer integrante de la familia real británica arrestado desde 1647, cuando Carlos I fue detenido en medio de la guerra civil inglesa.

Del hijo favorito de la reina al miembro más cuestionado de la familia real. Andrés pasó de la sobreprotección hacia el aislamiento institucional. Y es que, sobre el arresto del expríncipe, el rey Carlos III fue políticamente correcto en sus declaraciones: “La ley debe seguir su curso”.

Fuente: La Tercera

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