Desconectarse del trabajo no ocurre de inmediato y se requieren al menos tres días para iniciar la desactivación del sistema de alerta y reducir el cortisol. Recién desde el cuarto día comienza un descanso genuino.
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Muchas personas dejaron sus vacaciones para la segunda quincena de febrero para desconectarse del trabajo, dejar de lado un poco el teléfono y reemplazarlo por el bloqueador solar junto con la playa. Sin embargo, surge la pregunta ¿Cuántos días necesitamos para desconectarnos y descansar?
Nathali Ángel, psiquiatra de la Clínica Indisa, explica que “el verdadero descanso requiere un proceso neurobiológico completo que no ocurre en períodos cortos. Necesitamos al menos tres días solo para comenzar a desactivar nuestro sistema de alerta y reducir los niveles de cortisol en el organismo”. Este fenómeno, conocido como fase de descompresión, marca apenas el inicio del verdadero descanso.
“Durante los primeros tres días, el cerebro sigue funcionando en modo laboral. Es recién al cuarto día cuando empezamos a experimentar una sensación genuina de relajación”, puntualiza.
Según el estudio The Impact of Vacation Length and Frequency on Enhancing Psychological Well-Being (2025), las vacaciones de una y dos semanas son el lapso óptimo para lograr una reducción notable del estrés y el agotamiento laboral (burnout). La investigación subraya que, más allá de la duración, la regularidad de estos descansos es la clave para mantener niveles sostenidos de satisfacción y salud mental a largo plazo.
Los resultados indican que los descansos demasiado cortos no permiten una desconexión completa, mientras que los períodos de entre 7 y 14 días favorecen una recuperación más profunda y sostenida.
El tiempo óptimo para un descanso efectivo en vacaciones
El proceso de descanso sigue una curva progresiva. Durante los primeros tres a cuatro días, el organismo apenas comienza el “fade-in” (la entrada gradual del bienestar), desactivando sus mecanismos de alerta y reduciendo los niveles de hormonas relacionadas con el estrés, como el cortisol y la adrenalina.
Ángel detalla que “es a partir del quinto día cuando experimentamos cambios significativos en el sueño y la energía. Entre los días 7 y 8 alcanzamos el punto máximo de desconexión mental, permitiendo la regeneración de conexiones neuronales clave para la memoria y la concentración”. Sin embargo, para obtener beneficios más profundos y duraderos, los especialistas recomiendan periodos de 14 días.
“En dos semanas, el sistema inmunológico se fortalece y los ritmos circadianos se normalizan por completo. Esta extensión es la que garantiza un impacto duradero: mientras que los efectos de un descanso corto se disipan rápido, los beneficios de una pausa de 14 días pueden persistir hasta un mes después del regreso a la rutina”, explica la especialista.
Para proteger este bienestar, es fundamental gestionar el fenómeno del “fade-out” (la rapidez con la que el efecto vacacional desaparece al volver). De acuerdo a la psiquiatra, “es recomendable dedicar los últimos 1 o 2 días de vacaciones para prepararse mentalmente para el regreso”. Esta transición suave es la mejor herramienta para evitar un impacto brusco.
Recomendaciones prácticas
Para lograr el mejor descanso, la especialista recomienda:
Fuente: The Clinic