Hace casi un mes, las regiones del Biobío y Ñuble ardieron como nunca antes. Fueron 42.552 las hectáreas consumidas por los distintos focos que surgieron en ambas regiones, lo que dejó 4.592 hogares afectados y 21 fallecidos. El director de Bomberos, Juan Carlos Field, calificó el suceso como lo peor que ha visto en 40 años.
De todas las localidades que fueron consumidas por las llamas, la comuna de Penco fue la que se llevó lo peor de la catástrofe: el 80% del sector de Lirquén fue arrasado por las llamas y de las edificaciones de la población Ríos de Chile solo queda el recuerdo.
En esta última zona es donde se registraron más fallecidos: son 12, más de la mitad que la Fiscalía tiene contabilizadas como quienes perdieron la vida producto de los incendios. El número podría aumentar incluso en dos o tres más por personas desaparecidas.
En medio de una reconstrucción lenta y con la tragedia aún fresca, familiares, amigos y conocidos de las víctimas revisitan la vida de sus seres queridos. “Es triste que tu familia se vaya de esa manera. No debería ser así. Pero la vida continúa”, dice uno de ellos.
Familia de Pedro Arriagada
“A la fuerza no es cariño”, repetía Pedro a su familia. Tuvo dos hijos, Matías y Pedro, quienes junto a su madre, Lucía, recuerdan vívidamente aquellos días que pasaban trabajando con él, así como esas extensas salidas a mariscar en la costa de Penco. Arriagada, dicen, fue un hombre talentoso. Según el menor de sus hijos, “sabía hacer de todo” y “nada le quedaba chico”. Amante de lo marítimo, en particular de los barcos, fue infante de marina, trabajó en navieras y se dedicó por 20 años al área portuaria, donde fue dirigente sindical por 15 años.
Pedro Arriagada -con camisa de cuadros blanca- junto a su familia
Un lirquenino de corazón en palabras de su familia, Arriagada “se dedicaba a resolverles la vida a los demás”. Era amante de cocinar y atender a sus seres queridos. Cuidaba especialmente a su esposa Lucía, con quien llevaba más de 37 años de matrimonio, hasta el fatídico incendio. “Siempre pensábamos que lo material lo podíamos recuperar, pasaban cosas y volvíamos a levantar cabeza. Pero ahora fue devastador; la forma en que se fue”, señala su familia.
Los gestos también serán echados de menos. Como, por ejemplo, que Pedro le preparaba colaciones diariamente a su esposa, a quien siempre la esperaba después del trabajo con un plato de pan con chicharrones.
Arriagada falleció en la población Ríos de Chile a los 59 años. La pérdida, dicen sus familiares, sigue siendo devastadora: “Siempre éramos muy unidos los cuatro, con nueras y nietos. Estábamos siempre en todo juntos. Esta pérdida para nosotros va a ser tremenda, porque todo era planeado en conjunto. Planeábamos hasta las cosas más pequeñas”, aseguran.
Ricardo Muñoz, hijo de Sara Garrido
Sara Garrido creció en una familia numerosa: tenía 11 hermanos en total, con quienes no entraba en conflicto. Siempre prefirió guardar el silencio y omitir los malos comentarios. Oriunda de Lirquén y conocida en una zona donde hizo toda su vida, quienes compartieron con ella relatan que siempre tenía una sonrisa disponible para regalar.
Fue madre soltera de un único hijo, Ricardo Muñoz Garrido, a quien crió confeccionando ropa y otras cosas. “No teniendo un nivel de educación alto ella me pudo criar con su máquina de coser, que fue la que nos daba el sustento cuando yo era muy niñito”, señala el hijo, quien agrega que su madre “fue una mujer noble, una mujer sencilla que nunca voy a olvidar”. De ella, asegura, nunca recibió malos ejemplos.
Sara Garrido
Llegó a ser abuela y su mundo giraba en torno a su casa, su familia y la iglesia evangélica, donde sagradamente se congregaba todas las semanas. Era muy creyente, hasta que falleció a los 83 años en su departamento de la población Ríos de Chile, el sector más devastado por los incendios forestales de hace casi un mes. Ahí, ya pensionada, vivía sola.
De esa casa su hijo guarda recuerdos como un tesoro, sobre todo considerando que de un segundo a otro todo cambió. “Es triste que tu familia se vaya de esa manera. No debía ser así, pero me quedo con ese recuerdo de una persona noble que jamás tuvo rabia ni malas palabras hacia las personas. Y eso se agradece”, asegura.
Eva Flores, amiga de Sandra Ramírez
“La he llorado como nunca, porque de verdad lo siento: como ella no va a haber ninguna”. Los recuerdos de Sandra Ramírez que tiene Eva Flores, amiga y quien llegó a considerarla su madre, se mantienen intactos: las idas a la iglesia, las caminatas por la población Ríos de Chile y sus palabras motivadoras que, afirma, entregaba como ninguna.
Sandra del Carmen Ramírez pasó cada uno de sus 65 años en Ríos de Chile. Hasta el fatídico 18 de enero, vivía en un departamento del block 16 de calle Bío Bío de la población.
Sandra Ramírez
Fue tesorera de la junta de vecinos donde conoció a Eva, madre de dos niñas, de religión evangélica y fiel concurrente de la Iglesia Pentecostal de su población.
En paralelo, la mujer se dedicaba al comercio y tenía un negocio donde vendía ropa. Quienes la conocieron recuerdan sus constantes actividades dentro de la Ríos de Chile, así como sus “gestos amables” y palabras de aliento para el resto.
“Ella me dio mucho amor, mucho cariño, me enseñó muchas cosas que hasta el día de hoy se le agradecen. Solamente queda decir que fue una mujer espectacular”, asegura Flores.
Amigos y familiares de Paola Bustamante y Álvaro Aroca
Tras conocerla por más de 14 años, Valentina Zurita solo necesita una palabra para definir a Paola Bustamante: “Resiliente”.
La vocación por servir a su comunidad y la paz que irradiaba al hacerlo, dice Zurita, quedaron impregnadas en su legado.
Cristiana y recurrente en la iglesia, Bustamante ayudaba cada vez que podía. Su esposo, Nelson Aroca, comentó a Chilevisión que ella “dejó de trabajar porque dijo que era el tiempo de entregar sus conocimientos y capacidades a la comunidad”. Con él tuvo tres hijos y se casó el 2022.
En su trabajo y en el de su esposo era la usual organizadora de las actividades extracurriculares que se realizaban. “Siempre se preocupaba de sus compañeros de trabajo, siempre dando una palabra de aliento”, comenta Valentina, quien extraña el mensaje diario de fe que, asegura, durante 15 años nunca faltó.
Esta última, además, suma un dato anecdótico: Bustamante era “la Uber” del sector: “Había vecinos ancianitos que necesitaban ir a buscar sus remedios al consultorio y ella iba en su auto a buscarlos. Si había algún vecino que estaba enfermo o necesitaba ir al hospital, también. Muchas veces ella iba al supermercado por sus vecinos, que eran de edad o que no podían salir”.
Ella trabajó en el sector de finanzas de su empresa y también fue parte del voluntariado del hospital regional de su comuna.
Falleció el 18 de enero del 2026 en su casa de la población Antonio Varas de Lirquén junto a su hijo Álvaro Aroca. Tenía 51 años. Sara, la mayor de sus hijos, fue quien halló a ambos en el inmueble.
Álvaro Aroca y Paola Bustamante
Quienes conocieron a Álvaro Aroca coinciden que una de sus pasiones era el fútbol. Así lo demostraba cuando jugaba en el club amateur Lord Cochrane de la ciudad de Concepción. “Si bien últimamente no venía mucho a jugar por motivos de estudio y trabajo, sí participaba en las actividades sociales organizadas por la institución”, mencionaron desde el club posterior a su fallecimiento.
Aroca estaba en cuarto año de Geología en la Universidad Andrés Bello de la sede Concepción. Su pareja, Catalina, afirmó en su Instagram que su carrera le “llenaba el alma” y que hubiera sido “el mejor profesional por su gran vocación”.
El joven compartía con su madre la solidaridad con la gente de Penco. “Acá en el sector lo conoce mucha gente porque siempre que los vecinos necesitaban algo él partía para allá”, comentó su padre a Chilevisión. “Mi hijo fue un ángel y se va a ir así”, agregó.
Aroca falleció el 18 de enero del 2026 junto a su madre Paola Bustamante, a los 20 años. Estaba recién operado de la pierna cuando el incendio alcanzó su casa.
Fuente: La Tercera