Con el cierre de la última jornada festivalera, a cargo de las voces del género urbano de Chile y Argentina, es hora de los balances del Festival. Una nueva versión del certamen, llevado adelante por la alianza entre Mega, Bizarro y la Municipalidad de Viña, que este año tuvo una dupla inédita en la dirección y debió afrontar algunos momentos complicados, como el corte de la rutina de Asshka Sumathra, las críticas por la hora de término del Festival y la decisión de otorgarle la Gaviota de Platino a Mon Laferte. Además Rafael Araneda se comienza a despedir del Festival de Viña.
28 de Febrero de 2026
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El espíritu juvenil fue la reserva de energía para afrontar la última noche de la 65° versión del Festival de Viña del Mar. Paulo Londra, Pastor Rocha, Pablo Chill-E y Milo J fueron los artistas encargados de cerrar la Quinta Vergara: voces vigentes y originales de la escena urbana y digital del continente.
Dos de ellos –Milo J y Chill-E– vivieron el Festival desde el día cero como jurados, participando en las actividades y asistiendo todos los días a la Quinta Vergara para evaluar las competencias.
Tener a ambas figuras durante toda la semana en el Festival fue uno de los grandes aciertos de este año. El nombre de Pablo Chill-E había sonado durante años para estar en la Quinta Vergara, pero el juicio sobre sus letras y su activismo político lo mantuvo alejado del escenario.
Mientras tanto, pasaban otros artistas urbanos —algunos con menos trayectoria— que incomodaban menos,pero este año el anhelo del puentealtino se cumplió y la organización le dio un espaldarazo, además de hacerlo parte del jurado lo convirtieron en el plato fuerte del cierre.
Por otro lado, Milo J fue el jurado más joven de la historia del Festival. Con 19 años, el argentino llegó en la curva ascendente de su relampagueante carrera. Hace poco vendió todas las entradas para su show en el Estadio Monumental de Lima y, en medio de su conferencia en el Festival de Viña, anunció su primer Estadio Monumental en Chile.
Nadie puede decir que en este Festival no hubo rostros frescos. Además del argentino y el chileno, se suman las coreanas de NMIXX, la primera banda de K-pop que se subió al escenario de la Quinta Vergara, y que, abrió la puerta para que el plato de ese creciente estilo músical se siga repitiendo en los años venideros.
Pero, de manera cronológica, el Festival comenzó hace ocho días con la tradicional Gala de Viña. Más caótica que la del año pasado no podía ser. En su edición 2025, la extensa lista de invitados provocó el caos en el backstage: hubo aglomeraciones, empujones y descompensaciones de salud, el programa se extendió por un tiempo insólito y, al día siguiente, los invitados llenaron las redes sociales y programas televisivos con quejas sobre lo sucedido.
La organización del Festival recogió el guante tras lo sucedido en 2025 e introdujo modificaciones. En primer lugar, fue Mega quien se hizo cargo de la alfombra roja criolla. A la cabeza estuvo Carlos Valencia, uno de los fichajes de la nueva administración, tras la salida de Javier Villanueva como director ejecutivo del canal y la llegada de Patricio Hernández.
En esta edición de la Gala, los invitados no superaron los 140 –menos de la mitad de los invitados del año pasado– y se agilizó el show televisivo. Fue un espectáculo quizás más plano: no tuvo, por ejemplo, un número como el de Negro Piñera cantando en la mitad del evento, pero al menos transcurrió sin polémicas.
Como es tradición, los últimos en cerrar la alfombra fueron Rafael Araneda y Karen Doggenweiler, quienes realizaron el brindis y dieron el vamos oficial a las seis noches del Festival. Fue el último brindis de Araneda.
Según informó este medio, esto marcaría el fin de Rafael Araneda en la conducción del certamen internacional. Su contrato para animar Viña era por dos años, los que concluyeron anoche. La organización decidió no continuar contando con el animador y, desde Mega, quieren apostar por posicionar a los rostros del canal en el certamen más importante de Chile.
Aún sin que se confirme de manera oficial la salida de Araneda –podría tardar meses un anuncio sobre los animadores del próximo festival– en la la conferencia de balance del festival del 2026, el animador fue consultado por su contuindad y Araneda aseguro: “Va a depender de quien tome las decisiones”, aseguró sobre su continuidad pero con un tono más despedida agregó. “Yo me quedo hoy con cerrar un ciclo con el momento de 10 años, maravilloso para mí en lo personal y en lo profesional”.
En ese escenario, surge el nombre de José Antonio Neme como posible reemplazante.
El periodista se ha transformado en uno de los rostros fuertes del canal desde la trinchera de “Mucho Gusto”, donde el año pasado logró posicionarse como el matinal más visto, superando al de Chilevisión, que había ostentado ese cetro durante cinco años. Además, desde el área de entretención también ha sumado horas de pantalla.
Durante el Festival ha estado a la cabeza de los programas satélites y ha asistido regularmente a la Quinta Vergara, incluso bailó con Gloria Estefan sobre el escenario en la primera jornada.
José Antonio Neme entiende el juego y, aunque niega que su objetivo sea animar el Festival —dice que, si el canal se lo pide, lo haría—, su presencia atrae la atención mediática. Sin embargo, voces del espectáculo criollo creen que su histrionismo puede ser exagerado para un Festival que, pese a tener espacio para lo extravagante y la informalidad, aún reviste un prestigio que debe ser cuidado tanto en la forma como en el fondo.
Volviendo a los animadores, el segundo año de Karen Doggenweiler siguió en la línea de lo mostrado cuando debutó en el rol. Sus atributos cercanos, carismáticos y su capacidad para leer bien el contexto la posicionan hoy como la animadora ideal del certamen. Quizás su punto más bajo fue la caótica salida de Asskha Sumathra, lo que le valió críticas en redes sociales.
El humor la gran prueba
La gran prueba de este año volvió a estar en el humor. Si el año pasado fue el estrepitoso fracaso de George Harris el que puso a prueba el manejo de los animadores —sin que lograran conducir adecuadamente la salida e intentando que el venezolano continuara con su rutina pese a las atronadoras pifias—, esta vez fue el confuso éxito de Asshka Sumathra el que los situó en la primera línea de las críticas.
Los animadores subieron al escenario de la Quinta Vergara acompañados de una repentina cortina que descoló a la comediante y al público que quería seguir escuchando a la primera transformista en subirse al escenario de Viña del Mar. Aunque la responsabilidad fue de la orgnización, tal como lo reconoció el propio director ejecutivo Daniel Merino, las pifias se la llevaron los animadores.
El mensaje tras bajar de la Quinta Vergara fue confuso. Asshka Sumathra llegó conciliadora con la organización a la conferencia de prensa con los periodistas. Aseguró que se había ceñido a su guion y que no había improvisado, contrario a lo que The Clinic pudo conocer a partir de fuentes ligadas a la organización de Viña 2026, quienes afirmaron que la improvisación fue el eje de la rutina de una de las grandes triunfadoras del Festival de Viña.
Sin duda, la presentación de la ganadora de Coliseo, las pifias y el tratamiento comunicacional posterior del tema fueron lo peor de las seis noches del certamen. Una crisis que desde el Festival no vieron venir y que se notó en la reacción.
El tardio horario de cierres
Siguiendo con la línea de las críticas, se repitió un problema sin solución: la hora de cierre de las jornadas del festival. La primera noche, Mateo Bocelli, Rey de Viña 2026, comenzó su presentación aproximadamente a las 3:00 AM, cerrando la jornada cerca de las 4:15 AM del lunes. “El horario no fue el mejor para ellos, pero me han mostrado un apoyo increíble”, dijo Bocelli a Canal 13.
El extendido horario del festival también repitió una postal: la de las galerías vacías. Fue durante la presentación de Bomba Estéreo cuando el público de galería fue reubicado en las plateas para que la transmisión televisiva no mostrara el recinto semivacío. Una imagen que el año pasado ya se había visto con la presentación de The Cult.
El problema de los horarios no es nuevo; la crítica se ha repetido durante años. La organización acusó recibo de los cuestionamientos y prometió que NMIXX, la banda coreana, saldría más temprano a escena, pero finalmente no ocurrió. ¿Por qué el festival no puede comenzar más temprano? Es la pregunta que queda en el aire en cada edición del Festival de Viña.
A contraposición de la vivido con Bomba Estereo, el público si se quedó hasta alta horas de la noche en las otras jornadas. El jueves la Quinta Vergara volvió a encender la llama del reggaeton old school, justo a 20 años de la presentación de Daddy Yankee, esta vez con un show sinfónico de Yandel que mantuvo a los espectadores con la galería y el palco a tope, lo mismo que con Ke Personajes la jornada anterior.
Pero uno de los puntos más alto de la edición 2026 —y uno de los más importantes en la historia del festival— fue el despliegue de Pet Shop Boys en la Quinta Vergara. Son esas situaciones extrañas e inesperadas que a veces ocurren en el certamen, tal como sucedió con la presentación de otros grandes británicos como Morrisey y Sting.
(FRANCISCO PAREDES / The Clinic)
El dúo británico flexibilizó su show para adaptarlo al espectáculo televisivo del Festival de Viña. Acortaron el setlist y participaron sin problemas en la entrega de premios, al ser galardonados con ambas Gaviotas. Lo vivido la noche del martes fue uno de esos momentos que devuelven la magnitud del nombre del certamen: presentaciones de las que el festival puede jactarse y luego mostrar como credenciales para que otros artistas de similar trayectoria quieran participar, aun sabiendo que deben adaptarse y aceptar una distinción con forma de ave costera.
Pet Shop Boys entendió todo eso. Brindó un show de entrega impecable, con sus grandes éxitos, y se prestó sin problemas para el espectáculo televisivo. Dieron algunas entrevistas previas, incluida una con el canal oficial, e incluso sumaron un nuevo concierto a beneficio en el Teatro Caupolicán. Como si la conexión con Chile fuera poca, visitaron el Museo de la Memoria y compartieron fotos en el santuario natural de Yerba Loca.
Si en la categoría de artista internacional Pet Shop Boys fue lo más destacado, la acotada legión nacional también tuvo su gran momento. Antes, eso sí, quedó en evidencia una deuda pendiente con los artistas locales: al igual que el año pasado, solo hubo dos presentaciones nacionales, esta vez a cargo de Pablo Chill-E y Mon Laferte.
Esta última protagonizó el momento platino del festival, el segundo que se entrega de manera consecutiva. Si en 2025 fue para Myriam Hernández, ahora fue el turno de Mon Laferte, todo anticipado de una discusión mediática sobre si la artista cumplía con las condiciones del llamado “decreto” —que en realidad no existe como tal— pero que delimita a quién se otorga este galardón, avaluado en cerca de $2 millones de pesos.
El día jueves, la transmisión oficial mostró a la alcaldesa Macarena Ripamonti caminando hacia los túneles de la Quinta Vergara, mientras en el escenario los animadores enumeraban los elementos que conectaban a la cantante con su ciudad natal, uno de los aspectos clave para obtener la Gaviota de Platino. Incluso mencionaron el Festival de la Cebolla, donde Mon Laferte se presentó cuando tenía nueve años.
Fue un preámbulo con sabor local para un final que ya parecía escrito: la Gaviota de Platino para Mon Laferte. La alcaldesa subió al escenario para entregarle el máximo premio del certamen. Visiblemente emocionada, la cantante tomó el galardón, lo abrazó y lo estrechó contra su cuerpo junto a las Gaviotas de Oro y de Plata. Tras recibirlo, agradeció a Chile y declaró su amor por su tierra natal, más allá de que hace años esté radicada en México.
Fuente: The Clinic