Con una rutina centrada en su experiencia como migrante, guiños a la cultura local y referencias directas a la contingencia política, el comediante venezolano logró imponerse en la Quinta Vergara, recibió gaviotas y dejó atrás las comparaciones, instalando su propio sello en el escenario más exigente del país.
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De Maracaibo a Miami, de Miami a Santiago y de Santiago a Viña del Mar. El viaje de Esteban Düch hasta presentarse en la tercera noche del Festival de Viña del Mar 2026 ha sido largo, pese a que aún no supera los 35 años. El comediante venezolano, radicado hace 10 años en Chile, cumplió esta noche uno de sus grandes anhelos profesionales: subirse al escenario de la Quinta Vergara. Una chispa que se encendió años atrás, cuando vio un especial de comedia en un canal de cable.
El comediante no solo se subió al escenario de la Quinta Vergara con la mochila cargada de horas de presentaciones en bares de todo Chile, sino también con el morbo de la fallida presentación de George Harris, hace exactamente un año y un día. A pesar de que en la antesala trató de desmarcarse de las comparaciones con Harris, horas antes de salir a escena le dio un espaldarazo, señalando que su coterráneo es uno de los mejores comediantes de su país.
Vestido con camisa blanca, polera negra, un jockey café y lentes de sol, el comediante rápidamente sacó el elefante de la habitación: hizo dos chistes sobre la migración y dijo que no esperaba ser llamado este año. Ahí mismo hizo referencia a la rutina de George Harris con la frase “jalarse el muñeco” y al famoso teléfono de disco que su coterráneo mencionó en su fallida presentación del año pasado.
Los primeros minutos de Duch
La introducción de su rutina apuntó a conectar con el público: nombró a Jesse y Joy y también a la banda coreana NMIXX, lo que provocó el aplauso del público. Tras ese comienzo, se lanzó a hablar de su llegada a Chile y continuó con referencias locales, incluyendo figuras como Felipe Camiroaga y Andrés Bello. A los pocos minutos quedó claro que su rutina estaba pensada para el público chileno.
Los nervios de los primeros minutos al enfrentar a la Quinta Vergara se le notaron a Esteban Düch sobre el escenario, algo dentro de lo esperado para el mayor desafío artístico de su carrera. Eso sí, el público le dio un impulso con un aplauso espontáneo para animarlo a seguir con el relato de su llegada a Chile. En esa parte, su historia se mezcló con un análisis de los chilenos: la forma de hablar y también cómo el país ha afrontado la llegada de la población venezolana.
Francisco Paredes The Clinic
Siempre en el tono del stand up comedy y el humor de bares, la historia por momentos se volvía empalagosa, pero la lentitud de algunos pasajes y, a veces, de los remates era contrarrestada por la simpatía y el desplante actoral de Düch. El público escuchaba atento y respondía a los guiños del comediante: la conexión ya estaba consolidada pasados los diez minutos.
Las reflexiones de Düch
Düch recogió sobre el escenario de la Quinta Vergara los puntos conflictivos —sobre todo mediáticos— de la migración y los estereotipos en torno a los venezolanos. El comediante hizo chistes sobre la cobertura televisiva de delitos cometidos por migrantes y también sobre los problemas de pasaporte que enfrentan muchos de ellos.
Luego de la escena en la que relató su primera llegada a Chile, cambió de escenario para contar una fiesta en la casa de Edo Caroe, donde aseguró haber sido el único venezolano entre puros chilenos. Allí intentó pasar inadvertido imitando el tono local, un acento que Düch explota durante toda la rutina para dibujar esos dos mundos que conviven en él: su alma venezolana y sus diez años de vida en Chile.
Con una década en el país, Düch no tiene miedo de meterse en los puntos álgidos de la contingencia nacional. El comediante venezolano bromeó más de una vez con la fecha del 11 de marzo, día del cambio de mando en el que asume el presidente electo José Antonio Kast, y tomó la advertencia que el próximo mandatario repitió durante su campaña: invitar a los migrantes indocumentados a abandonar el país.
“Se han hecho muchos chistes sobre la estigmatización de los venezolanos”, dijo Düch antes de lanzarse a una reflexión sobre cómo el humor ayuda a aliviar la carga de los momentos más densos de la vida. Tras eso, entró a relatar el momento del año en Venezuela, la captura de Nicolás Maduro.
“Cuando uno quiere a Chile…”
En esta segunda parte de la presentación, el relato de su vida dio paso a un espacio más reflexivo sobre la xenofobia hacia los venezolanos. Para ello, decidió comparar los estereotipos sobre los venezolanos con los de los extraterrestres, uno de los puntos más bajos de la rutina.
A pesar de que la rutina logró cautivar al público de la Quinta Vergara, el relato parecía girar sobre los mismos conceptos sin avanzar demasiado. Düch quedó atrapado en la explicación de su adaptación al país, repitiendo distintas situaciones en las que debía pasar por chileno o por venezolano según el contexto, cambiando los personajes, pero no el fondo de la rutina.
Aun así, apostó por apretar una tecla sensible en Viña del Mar y el efecto fue el esperado: recibió gaviotas y se fue aplaudido por el público. “Cuando uno quiere a Chile, Chile lo quiere de vuelta”, lanzó cuando levantó el premio.
Tras recibir la primera gaviota, hizo un nuevo guiño a lo más chileno: el fanatismo por 31 Minutos. Düch cantó “Mi equilibrio espiritual” junto a la Quinta Vergara y luego invitó a Rodrigo Salinas para interpretar una canción del multiverso del show de títeres, una ocurrencia entre ambos que contaba la historia de las rueditas que le sacaron a la bicicleta de Freddy Turbina.
La guitarra fue protagonista en la recta final del show. El comediante modificó una canción clásica de internet sobre un mamut, que adaptó para contar las distintas tragedias de la migración, como el cruce de frontera, los trabajos sin contrato y la deportación. Un cierre en alto, haciendo humor de lo trágico, pero con un tono fresco.
Desafío superado para Düch, quien con una rutina probada en todo Chile al menos limpió la imagen del humor caribeño tras el fracaso de George Harris. Ahora puede brillar con luz propia, sin las comparaciones con su coterráneo.
Fuente: The Clinic