El debate surgió tras los dichos del psicólogo Sergio Schilling sobre el efecto de los antidepresivos en el enamoramiento. Sin embargo, académicos aclaran que estos fármacos pueden atenuar las emociones, pero no impiden enamorarse.
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“Tomo Lexapro hace varios años. Más que varios diría yo. Obviamente me siento más en paz conmigo misma, pero no sabría decirte si hay algo en mis emociones que sienta distinto. Creo que siento igual que antes, pero con más calma, con menos preocupación“, explica Janina (35). Ella toma fármacos para controlar su ansiedad, al ser consultada sobre la duda que surgió hace un par de semanas en redes sociales: ¿Alguien que toma antidepresivos se puede enamorar?
El debate comenzó luego que el psicólogo Sergio Schilling pusiera el tema sobre la mesa durante una entrevista en radio La Metro. En esa oportunidad aseveró que “si tú tomas antidepresivos no te puedes enamorar. Biológicamente es imposible enamorarse con antidepresivos“. En ese sentido, añadió que “si tú estás enamorado y partes con tu terapia de antidepresivos (…) tu experiencia de enamoramiento baja drásticamente”.
Gonzalo Quintana Zunino, psicólogo y profesor asistente del Departamento de Psicología de la Universidad de Chile, explicó a The Clinic que “la experiencia subjetiva de muchos pacientes confirma un efecto general de neutralización emocional, que incluye cierta atenuación de los sentimientos amorosos”.
“Los antidepresivos ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) pueden modificar el estado emocional, pero esto no equivale a ‘no poder enamorarse’ en sentido absoluto. Es bien conocido que los ISRS frecuentemente causan embotamiento emocional o apatía en muchos pacientes: revisiones sistemáticas muestran que estos fármacos pueden inducir un síndrome de apatía, con disminución general de la capacidad de sentir emociones intensas”.
Los antidepresivos versus las emociones
Consultado sobre si es correcto hablar de ‘no poder enamorarse’ o es una simplificación excesiva, el académico recalca que “es un reduccionismo de la bioquímica del cerebro, del entendimiento de constructos psicológicos ampliamente complejos y, por consiguiente, no se ajusta a la evidencia actual y sistemática disponible”.
“De hecho, estudios empíricos recientes no han encontrado diferencias claras en los sentimientos amorosos entre quienes toman ISRS y quienes no. Un gran estudio multicéntrico (Romantic Love Survey 2022) analizó a 810 adultos jóvenes enamorados (18–30 años) y halló que el uso de ISRS no se asoció con una menor intensidad del amor romántico, obsesión por la pareja, compromiso o frecuencia sexual. Es decir, los participantes que tomaban antidepresivos reportaron niveles similares de pasión y pensamiento constante por su pareja que los que no los tomaban“, añade.
En ese sentido, detalla que “los autores concluyen que, aunque un pequeño porcentaje sí puede experimentar efectos secundarios extremos, ‘en general la mayoría’ de quienes usan ISRS no tienen por qué preocuparse de que les ‘roben’ la chispa del amor. Estudios previos habían sugerido lo contrario, pero esas observaciones eran de muestras más pequeñas. La evidencia más reciente sugiere que la idea de que ‘no se puede enamorar con ISRS’ es una simplificación excesiva”.
Cambios en las emociones
Quintana Zunino destaca que “los propios pacientes hablan de cambios notables en sus emociones tras empezar ISRS. Los estudios cualitativos y encuestas recogen relatos en donde muchos describen sentirse ‘más fríos’ o ‘planos’. Donde las emociones se experimentan más como pensamientos que como sentimientos reales. Un participante típico podría describir que ‘Antes me emocionaba mucho con las cosas sencillas, ahora todo me afecta menos’. Casi todos notan que las emociones positivas se reducen: reportan menos entusiasmo, menos anticipación y menos pasión o amor hacia su pareja. Dicen perder el ‘aumento de emociones positivas transitorio’ que tenían antes y tener menos excitación al pensar en planes futuros”.
“Por otro lado, comentan que también sienten menos dolor o tristeza extrema (lo cual ayudó a salir de la depresión). Algunos se sienten incluso ‘desconectados’ o ‘como robots’ del resto de personas y a veces de sí mismos. Por ejemplo, varios entrevistados relataron una menor atracción sexual hacia la pareja o menos muestras de afecto. Estos testimonios indican que el amor no desaparece necesariamente, pero puede sentirse de forma atenuada”, especifica el psicólogo.
A raíz de eso, recalca que “es importante notar que muchos valoran también los beneficios de este tipo de tratamiento. Como sentir menos angustia, pueden entablar relaciones con menos interferencia de la depresión. En general, hay una amplia variedad individual. Unos describen efectos mínimos, otros revelan embotamientos profundos. En cualquier caso, los pacientes insisten en que ellos mismos son capaces de enamorarse (o amar) aún con la medicación, simplemente lo describen como un proceso más ‘aplanado’ o menos impulsivo. ¿Quién dice que eso no es enamorarse, también?“.
Fuente: The Clinic