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Camila Sosa, escritora y actriz argentina: “Las travestis han estado ahí para dar esperanza, siempre fuimos un faro de libertad enorme”

Periodista reportando noticias

La autora argentina dará una clase magistral este miércoles de la mano de Santiago en 100 palabras y además será parte de una firma de libros. Sobre su paso por Chile, dice que se quedará un par de días junto a su madre, ambas de vacaciones, para disfrutar de Valparaíso y Viña del Mar.

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Se abre el ascensor y de ahí sale una mujer con lentes de sol que ocultan sus ojos. Cada paso es seguro, esa seguridad que solo te da el haber vencido los males, el saber que eres buena en lo que haces y que además haces plata con eso. Con una sonrisa perfecta, cálida y amable Camila Sosa da paso a su ronda de entrevistas con distintos medios chilenos.

La argentina es parte de una serie de actividades de la mano de Santiago en 100 palabras, entre las cuales destaca una charla magistral y una firma de libros. Tras la sesión de fotos comienza a responder las preguntas de The Clinic desparramada en un sofá con la confianza que solo te dan los años de oficio. Sin temor a alguna pregunta difícil, esperando el disparo para atraparlo o esquivarlo.

Sosa dice que esa apariencia de ‘No me importa nada’ es cierta, pero no un 100% cierta. “En verdad no me importa nada. No es una apariencia. En verdad no es que no me importe importa nada, me importan mis padres, me importan mis amigos, me importa el bienestar también, eso sí me importa. Pero por lo general, las convenciones sociales, los pactos sociales que sostienen todavía una cultura como la nuestra, dejaron de importarme hace muchísimo”.

“Creo que es muy difícil ser escritora además si te importa alguna de esas nimiedades, alguna de esas cosas que no tienen verdadera importancia en el tejido de una vida. Más que como aparatos represores, es la única importancia que pueden llegar a tener. Aparatos contra los que rebelarse, sistemas contra los que rebelarse, pero más que eso, más que el bienestar de mis amigos, el bienestar de mi familia, el bienestar de algún hombre que amo, el resto no me importa”, zanja.

Camila Sosa – Carlos Rodríguez, The Clinic

El viaje inútil de Camila Sosa

Camila Sosa no solo es escritora, es actriz y dramaturga nacida en Córdoba, Argentina. Es una de las voces disidentes más destacadas de la literatura latinoamericana actual, especialmente por su novela Las malas, que tuvo gran éxito internacional y fue traducida a varios idiomas.

—¿Sientes que tienes alguna responsabilidad al convertirte en una voz disidente dentro del mundo literario?

—Sí, la responsabilidad es conmigo. De no tirarme más a los lobos, al hate. Es algo que empecé a sentir después de un par de episodios que tuve de persecuciones bastante intolerables. La única responsabilidad era esa. Con los demás, ninguna. Porque además yo no elegí ponerme acá, ni siquiera quedarme, al contrario, hice todo para poder irme.

—¿Te arrepientes de haberte quedado?

—Sí. Lo que pasa es que no hay ningún otro lugar donde yo pudiera hacer el dinero que hago escribiendo, vendiendo libros, por ahora. Me gusta mucho el dinero, además. Pero si hubiera otra forma de poder hacer la misma cantidad de dinero, con el mismo esfuerzo que me lleva escribir, seguramente buscaría otra forma.

—En tu libro “El viaje inútil” usas un tono muy íntimo ¿por qué decidiste escribir así y por qué calificarlo como inútil?

—Sinceramente lo escribí porque me lo pidió una editora. Lo pidió Gabriela junto a Juan Forn y Leonardo Sanhueza, que es un chileno coterráneo tuyo. Quería hacer una colección que se llama Escribir, en la que nosotros como autores contábamos cómo nos habíamos convertido en escritores. El problema es que yo solamente tenía un libro de poesía publicado hasta ese momento, no tenía nada más. No encuentro cómo se puede hablar de la literatura si no es en ese tono intimista, en ese tono de confesión, incluso religiosa. Esa cosa de ponerse de rodillas y hablarle al oído, en este caso a un cura o en este caso a un lector. No encuentro otra forma de hablar de eso más que así.

Se llama El viaje inútil porque es ese viaje que vos emprendés en tu cabeza para buscar qué escribir y a veces volvés con las manos vacías. Que es como se deben haber sentido, supongo, algunos conquistadores, algunos aventureros que se largaban a un océano súper peligroso y volvían sin nada. Ese viaje me parece inútil. En principio, en la experiencia privada y como experiencia pública, la literatura también es inútil porque no tiene nada para servir, no sirve de nada más que de compañía y a cada quien su parte, por eso desea que era un viaje inútil escribir.

—Al principio del libro cuentas cuando tu papá te enseñó a escribir, tu mamá te enseñó a leer en unos pasajes muy preciosos y tiernos, pero también hay tintes oscuros y de violencia ¿Te costó mucho revisitar esos lugares?

—No. De hecho es mucho más fácil encontrar un vehículo para describir experiencias aterradoras o experiencias más terribles a nivel derechos humanos, si se quiere, que una experiencia anodina, como es la de una escritora sentándose a escribir. Es mucho más fácil escribir algo terrible que escribir algo sencillo.

Carlos Rodríguez – The Clinic

—Tiene libros de poemas, de ficción, no ficción pero, ¿Cuál es el favorito de tus trabajos?

—Sí, “Tesis sobre una domesticación” me parece que es el libro mejor logrado. La sintaxis del libro me parece que está muy bien. El personaje principal, que es un personaje que no pide piedad, que no exige del lector un ejercicio de sororidad, de comprensión, como sí le pasa a Las malas, por ejemplo. Que lo que logran es poner al lector por encima hasta el punto de poder sentir tristeza por esos personajes. Este es un personaje que sostiene una novela de principio a fin y es bastante repulsivo, es bastante egoísta, es un personaje bastante antipático. Todo lo contrario a Las Malas, a los personajes de Soy una tonta por quererte, incluso a mí misma como escritora. Eso por un lado.

Por otro lado, me interesa mucho qué es lo que hay después de la felicidad o de lo que llaman felicidad. Entonces, ese libro fue el único en el que yo me pude preguntar por una cuestión económica de la protagonista, por una cuestión de posición económica y ahora entiendo el por qué de cierto aburguesamiento literario, porque permite responder preguntas que de otra forma no podés responder. Es decir, Los personajes de Las Malas no se pueden dar el lujo de despreciar un hijo, de despreciar un amor, porque es lo único que anhelan. Este personaje, el de la actriz, sí se puede permitir el rechazo absoluto de lo que le dijeron que era la felicidad y quedarse a solas en un camarín sangrando.

Por eso me parece que está muy bien escrito y después tiene algo en torno, primero a la sintaxis, y después a cierto cinismo en cómo está escrito. Que es que la tesista, la que hace la tesis sobre esa actriz, no para de juzgar lo que hace bien o lo que hace mal este personaje que es el de la actriz. Eso me parece también de una sutileza muy bonita, muy hermosa de escribir.

La historia con el teatro y la fiesta travesti

—También eres actriz ¿Cómo comenzó esa parte de tu carrera?

—Estudié Teatro siendo ya grande. Antes hacía talleres en el pueblo, etc. Actuaba en los actos escolares, por supuesto. Después me pasé a la Escuela de Teatro de la Universidad Nacional de Córdoba, y después dejé cuando apareció Paco Jiménez, que es mi maestro de Teatro. Cuando terminó su cátedra yo la abandoné a la carrera. Dije ‘No necesito nada más de esta facultad’ y una compañera mía estaba a punto de recibirse, una de las que no abandonó, como licenciada en Teatro. Su tesis iba a ser una obra de Federico García Lorca, que era Yerma.

Me invitó a actuar en la obra y se nos había ocurrido que podíamos hacer una Yerma travesti. Una Yerma que en vez de ser una mujer que no podía tener hijos, era una travesti que no podía tener hijos y Paco, que era el asesor de la tesis, nos dice ‘¿Por qué no mejor sobre la historia de Camila y la vinculan a los personajes de Lorca? porque bueno, una travesti sabe del desamor, como sabe Doña Rosita la soltera, una travesti sabe del deseo de tener hijos y no poder tenerlos como Yerma. También sabe de la represión como las hijas de Bernarda Alba o de pasiones secretas, como los novios de Bodas de sangre y empezamos a hacer esa obra que era solo una tesis, una tesis universitaria.

En algún momento eso estalló en Córdoba, que es donde yo vivo. Se empezó a llenar de gente, empezamos a llenar funciones y funciones. Después nos terminaron llamando, a mí me terminaron llamando para filmar una película, después una serie, y empecé a vivir de eso. Hasta que aparecieron Las malas en las librerías y yo un poco me alejé del teatro. Pero fue un alejamiento puramente económico, porque estaba en un momento en el que tenía que construir un patrimonio económico por mi edad, por la situación en la que estábamos como país en ese momento, y por la situación en la que se encontraban también mi papá y mi mamá de salud.

Entonces decidí quedarme ahí, que era donde ganaba realmente mucho dinero, que era escribiendo y dejé el teatro y solamente volví cuando quise porque quise. Ser escritora y escribir no son lo mismo. Es decir, puedo escribir siempre sin la necesidad de ganar dinero con eso. Como escritora sí tengo una necesidad, que es cobrar por mi trabajo. El teatro es un poco así también para mí. Nunca pensé ganar dinero con el teatro. Entonces la actuación siempre fue algo natural hasta que en algún momento yo pude cobrar una entrada y cobrarla bien, porque además soy buena haciéndolo. Hay algo de la vocación que se trastorna un poco y que se va pervirtiendo.

Carlos Rodríguez – The Clinic

—En tu libro también hablas de la fiesta de ser travesti, donde una amiga dice “Ser travesti es una fiesta” ¿Sigues pensando eso? ¿Es una fiesta?

—Sí, creo que sí, que es una fiesta.

—¿Sienten que con los gobiernos de derecha que hay en Latinoamérica esa fiesta se puede apagar?

—Las travestis trascendieron. Fue una fiesta incluso con la dictadura militar, porque es una fiesta privada. Una fiesta íntima, no es una fiesta que precise la aprobación de ningún estado. Algunas cosas se mejoran. Podés morirte mucho más tarde de lo que te morías en la época de los milicos o cuando no existía el Sida, etc. Pero el hecho de hacer lo que vos quieras con tu cuerpo, de la manera que quieras, eso me parece que es una fiesta siempre, incluso bajo amenaza. Incluso bajo promesas, vos podés decidir renunciar a todo y ser quien vos querés ser a pesar de lo que te cuesta. Eso me parece una libertad absoluta. La mejor fiesta a dar y a que te den es el saber que nadie te va a ofrecer nada que vos precises, porque vos lo que precisas está dentro tuyo.

Las travestis han estado ahí para dar esperanza. Siempre fuimos un faro de libertad enorme. Sabiendo que la libertad te puede costar la vida, sabiendo que muchas veces pagás con tu muerte, pero que mientras duró fue espectacular, fantástico y nadie te lo puede sacar además.

Fuente: The Clinic

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