País

A los 25 años, el artista Alonso Bello inaugura una galería inundada y gratuita en Barrio Italia donde el público entra con trajes de pescador para ver sus obras interactivas

Periodista reportando noticias

La muestra “Tempietto” es la primera de un ciclo de intervenciones en Local Arte Contemporáneo, un espacio dirigido por Javier González e Ignacio Murúa que transformó una antigua casona en una piscina para exposiciones experimentales. El proyecto convivirá además con una nueva sucursal de Mestizo diseñada por el arquitecto Smiljan Radic.

Compartir

Abrir la puerta de Local Arte Contemporáneo produce una sensación extraña. Donde normalmente habría un piso, hay agua, trajes impermeables colgados en la entrada y jóvenes grabando videos con sus celulares. Algunos esperan turno para entrar. Otros simplemente observan desde afuera cómo las esculturas flotan lentamente dentro de una galería completamente inundada. La escena forma parte de “Tempietto”, la nueva exposición del artista visual Alonso Bello, de 25 años, quien convirtió el espacio en una experiencia inmersiva donde el público debe ponerse trajes de pescador para recorrer las obras. Pero la idea de inundar una galería venía incubándose desde antes. Mucho antes.

El proyecto nació desde los directores del espacio, Javier González e Ignacio Murúa, quienes durante años trabajaron en exposiciones de arte contemporáneo más tradicionales hasta que comenzaron a obsesionarse con intervenciones radicales e interactivas.

Según cuenta González, el lugar funcionaba originalmente como taller de producción y luego comenzó una transformación paralela a una especie de ficción que él mismo escribía: una novela sobre una casa que “se vuelve loca” y cambia constantemente. Cada exposición sería un nuevo capítulo de esa mutación.

La oportunidad apareció mientras remodelaban el lugar junto al arquitecto Smiljan Radić, responsable también del nuevo restaurante Mestizo que abrirá en el mismo espacio. Bajo el suelo encontraron un desnivel de casi un metro y decidieron convertirlo en el corazón del proyecto: una sala de arte permanentemente inundada donde nada permanece completamente fijo. “Nos obsesiona esta idea de lo que se mueve, de la experiencia”, dice González.

La apuesta rápidamente empezó a generar atención en redes sociales. Videos de visitantes caminando dentro del agua circularon por TikTok e Instagram y transformaron el espacio en una especie de rareza cultural dentro de Barrio Italia.

González asegura que nunca pensaron el proyecto como algo “viral”, pero sí como una experiencia abierta.

Antes de Alonso Bello, el espacio ya había tenido una primera muestra experimental de un artista chino cercano a los directores, cuya obra estaba inspirada en recuerdos de inundaciones durante su infancia. Ahora el lugar inicia oficialmente un programa de exposiciones de largo plazo. Según González, ya existen proyectos pensados para los próximos dos años: algunos artistas quieren sumergir esculturas, otros teñir el agua o iluminarla completamente.

En medio de ese escenario aparece Alonso Bello, quien instaló seis obras que mezclan escultura, circuitos electrónicos y reconocimiento facial. Algunas piezas flotan sobre el agua y otras reaccionan a la presencia de los visitantes. Una cámara observa los rostros y otro dispositivo genera poemas automáticos a partir de textos literarios previamente cargados por el artista.

—¿Qué te interesaba provocar al inundar el espacio y obligar a la gente a entrar al agua?

—Para mí era importante que la gente realmente se metiera al espacio. Que no fuera solamente mirar obras desde afuera. Había algo de intervenir el cuerpo también, de sentir el frío, de caminar distinto. El agua cambia completamente la relación con la obra y con el lugar.

—Hay algo muy tecnológico en algunas piezas, con reconocimiento facial y generación automática de poesía. ¿Cómo funciona eso?

—Hay computadores pequeños que hacen funcionar las obras. Una pieza reconoce los rostros de las personas y otra toma esa información y genera poesía a partir de ciertos textos literarios que yo le introduje previamente. Me interesaba que la obra reaccionara a la presencia humana.

—Da la impresión de que mucha gente llega a la muestra desde TikTok o Instagram, no necesariamente desde el circuito tradicional del arte.

—Sí, totalmente. Mucha gente joven ha ido porque vio reels o videos. Y encuentro que eso está súper bien. El arte contemporáneo a veces parece muy lejano o difícil de acceder, pero acá la entrada es gratuita y la experiencia es súper directa.

—¿Te hace sentido que tu obra pueda volverse masiva o viral?

—Sí. Yo encuentro que el arte es para todos. Obviamente existe una lógica del mundo del arte que muchas veces se aleja de la gente, pero a mí me encanta que vaya mucha gente, que se llene, que se hagan filas. Encuentro bonito que las personas quieran vivir esa experiencia.

Fuente: The Clinic

País
Autor

Sobre nosotros

Chile Informado es un diario libre donde publicamos noticias de ultimo momento

Ver más